Frente a la desigualdad y explotación global: apuntes de cara al 8M

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Por Admin marzo 3, 2019 00:20

Frente a la desigualdad y explotación global: apuntes de cara al 8M

Una trabajadora de plataforma digital es golpeada por reclamar sus derechos en Argentina. Jornaleras marroquíes que trabajan a destajo son amenazadas por denunciar violencia y abusos en el sur de España. Costureras de Bangladesh son despedidas luego de sostener una huelga con ocupaciones y corte de rutas. La plataforma para denunciar abusos y violencia laboral que padecen mujeres, lesbianas, bisexuales y trans en las fábricas chinas es bloqueada. Trabajadoras de casas particulares del country son bajadas de los transportes de pasajerxs porque “transpiran mucho” y tienen “mal olor”. Camareras de hotel se organizan como “las que limpian” frente a la explotación de las cadenas de hoteles de Europa y denuncian que el 70% consume fármacos por enfermedades profesionales.

Por Flora Partenio
Activista lesbiana y feminista, socia AAIHMEG
docente UNAJ/La Bolten
florencia.partenio@gmail.com

Estas son algunas postales del mundo del trabajo en los últimos meses. Postales que recorren circuitos migratorios, cadenas globales de cuidados, nuevas formas de colonialidad y relaciones comerciales Norte-Sur.

Si hacemos una inversión del cuadro, y enfocamos en lo que está del otro lado de la cámara estenopeica, lo que aparece -en ese mismo orden- es: Rappi, Uber, Pedidos Ya, Glovo, Mercado Libre, Fivver, Airbnb, Zolvers, Doñana 1998, H&M, Primark, Walmart, Benetton, Mango, Inditex, Zara, Alibaba, Foxconn, Belkin, Iphone, MaryGo, NH, Iberostar y Marriott ¿Qué tiene en común esta secuencia de marcas y empresas?

Un primer punto que las aglutina es que todas detentan o están vinculadas al poder corporativo, ya sea en el moderno mercado de la economía digital, las cadenas de valor en la producción textil, el agronegocio y la economía extractiva, o bien, por la gentrificación y turistificación de las ciudades.
Un segundo punto de confluencia es que para rearticular su salida a la crisis multidimensional necesitan -tal como lo expresa la economista feminista Amaia Pérez Orozco- “asediar nuestras vidas y los límites del planeta”. Frente a este asedio, nos preguntamos cómo podemos nutrir nuestra comprensión de las transformaciones en el mundo laboral, en el marco de las discusiones y recetas sobre el “futuro del trabajo”, del avance de las reformas laborales en la región y en los países del Norte, y de la nueva oleada de tratados comerciales. Nos preguntamos por los aprendizajes que se registran en las luchas que están protagonizando las mujeres, lesbianas, maricas, trans, travestis y no binaries en el mundo del trabajo.

Paro Internacional de Mujeres, Buenos AiresDesde los feminismos se vienen tejiendo tres paros internacionales y cuestionando la misma concepción del trabajo, incluyendo los trabajos de cuidados, entre otras demandas. Este artículo se pregunta por los desafíos que representa para los feminismos, la profundización de la precarización -en particular de les jóvenes- y la desregulación del mundo laboral que camina hacia la llamada cuarta revolución industrial. Para seguir este itinerario, se retoma la secuencia de postales en clave Norte-Sur.

De Huelva a Nordelta

Es un clásico encontrar en la salida de la crisis del sistema el refuerzo de la división social-sexual-racial-colonial del trabajo, en sus principios ordenadores de separación y jerarquía. Así encontramos “la campaña de la fresa” de Huelva, que va de febrero a junio en Andalucía, donde se contratan –a través del convenio entre Estados- temporeras marroquíes que trabajan a destajo en la cosecha masiva de monocultivo de frutos rojos. Se diseña un perfil que contrata a cerca de 19.000 mujeres, entre 18 y 45 años, con experiencia en el sector rural, casadas o viudas, con hijes a cargo para garantizar que al finalizar la campaña regresen a su país de origen. El perfil de contratación paso de requerir trabajadores africanos a trabajadoras de Europa el Este y Marruecos.
A mediados del 2018 las temporeras denunciaron abusos sexuales y violencia ejercida por parte de sus empleadores y capataces. Mientras esperaban el avance de la causa un grupo fue deportado a Marruecos. Las denuncias pusieron en evidencia las condiciones precarias en las que trabajan y viven -aisladas físicamente en fincas- bajo un régimen de trabajo con amenazas y en un idioma que desconocen. Sus voces buscaban alertar a otras compañeras que esto no se trata de un sueño en España sino de “una pesadilla”.

Como reflejaba Yayo Herrero en su artículo, el conflicto de las temporeras de la fresa es la muestra del “sistema en estado puro”, el resultado sobre territorios y vidas cotidianas de un modelo productivo insostenible, capitalista, racista y heteropatriarcal.

Cuando en diciembre se archiva la causa, colectivos antirracistas y feministas de España se movilizan expresando su repudio. Rumbo al 8M, las organizaciones feministas de Andalucía -que desde Enero se encuentran movilizadas por el ascenso de la extrema derecha de VOX- se proponen el desafío de transversalizar mirada antirracista y anticolonial en la jornada, demandando por el cierre definitivo de los Centros de Internamiento de Extranjeros, la derogación de la Ley de Extranjería y solidaridad con las temporeras.

En una situación de precariedad también están las trabajadoras de casas particulares en la Argentina, a pesar de contar con una ley. Hay un millón y medio de trabajadoras, pero solo el 20% están registradas. Lxs empleadorxs cuentan con el beneficio de la deducción de impuesto a las ganancias, pero la mayoría de las inspecciones de la AFIP, detectaron que de las 1051 empleadas que trabajan en countries y torres de lujo, el 46% no están registradas. Pero las que trabajan en el country del Partido de Tigre -Nordelta- tienen complejidades adicionales porque no pueden viajar en el mismo micro que traslada a sus empleadorxs. Si bien son acusadas de “tener mal olor”, “hablar mucho” y “transpirar”, quedan a cargo de la limpieza, la preparación de alimentos y el cuidado de les niñes del country. Una vez más, se muestra la necesidad estructural de estos trabajos de cuidados para el funcionamiento del sistema, trabajos “carentes de derechos” que no constituyen ciudadanía económica ni civil (Pérez Orozco, 2018) dado que no gozan de protección social, registración, reconocimiento y -como muestra el caso de Nordelta- son segregadas espacialmente en las vías de acceso al mundo privado-doméstico en el cual realizan su trabajo remunerado.
Ya sea para salvaguardar las economías “competitivas” y la renta o bien para seguir acumulando prestigio y poder, esta división social-sexual-racial del trabajo se profundiza y también nos habla de una rearticulación del heteropatriarcado. Desde Huelva a Nordelta, las trabajadoras se resisten al asedio.

De Bangladesh a Pigüé

A más cinco años de la catástrofe del edificio que se desplomó, donde murieron 1.134 costurerxs y miles más resultaron heridxs, la presidenta de la Federación Sindical Independiente de Trabajadores de la Confección de Bangladesh (BIGUF) afirma que el gobierno y las empresas “han olvidado las lecciones de Rana Plaza”, porque aún existen riesgos en las condiciones y medio ambiente de trabajo.

Nuevamente en la ciudad de Dhaka y los suburbios, lxs trabajadorxs –masivamente mujeres- iniciaron una huelga masiva, movilización y ocupación callejera desde fines de 2018 y continuaron en enero en reclamo del aumento salarial y condiciones seguras de trabajo. El saldo fue que 200 trabajadorxs perdieron su empleo y un fuerte ataque a la libertad sindical.

Las coordenadas de acumulación en el caso de esta industria de mano de obra intensiva involucra a más de 3.500.000 trabajadorxs -en su mayoría mujeres- y el 80% de la producción tiene como destino la exportación. Para posicionarse en el mercado como el segundo mayor exportador de prendas, Bangladesh compite con China, Bangladesh Camboya, India y Vietnam, manteniendo salarios bajos y escasa inversión en materia de prevención de riesgos del trabajo.
En el otro extremo del globo, la lucha de lxs trabajadorxs textiles se conecta con la resistencia que están llevando adelante lxs trabadorxs de las cooperativas frente a la apertura de importaciones, aumento de tarifas y contracción del mercado interno que vive Argentina desde fines de 2015. Desde los espacios productivos impulsados por la economía popular y la recuperación de empresas en crisis, se han construido alternativas de producción y también modos de autogestionar el 8M, una de ellas es la Cooperativa Textiles Pigüé.

Quince años de “ocupar, resistir y producir” en una empresa recuperada, que sostuvo todos los puestos de trabajo y que hoy se prepara para el 8M con una jornada de lucha y talleres organizada por las trabajadoras de la cooperativa en la plaza. Rumbo al paro, ellas convocan diciendo: “queremos abrazarlas a todas las trabajadoras en su día, es nuestro deseo que seamos capaces de despertar más conciencias y construir colectivamente alternativas solidarias que enfrenten el neoliberalismo y defiendan nuestros derechos, que juntes podamos vencer nuestro miedos, confiando en el valor y el poder de la palabra y nuestras acciones”.

Hay en este llamado otro de los desafíos a seguir tramando puentes que conectan las luchas de la economía popular –desde experiencias campesinas, migrantes, empresas recuperadas, cooperativas de colectivos trans- con las agendas feministas, por ejemplo desde las herramientas de la economía feminista.

Apuntes de cara al 8M y después

En la secuencia de escenas del mundo del trabajo, signadas por la precariedad y el “asedio directo de la vida”, nosotras, nosotres, resistimos, nos rebelamos, ¡decimos basta!

«¿Cómo seguir tramando  puentes que conectan las luchas de la economía popular – experiencias campesinas, migrantes, empresas recuperadas, cooperativas de colectivos trans – con las agendas feministas?»

Aun así, podríamos apuntar algunas coordenadas que no se sinteticen solo en el 8M sino que nos permitan volver sobre las herramientas de la lucha política. Sobre esta base de problemas comunes -que nos encuentra en posiciones diferentes, de género y raza, por ejemplo, el trabajo estaría precisamente en tejer y articular esas luchas diversas. Y a partir de allí algunas preguntas se anudan al tejido. Si lo que se acumula en este sistema es capital, renta, poder y prestigio ¿cómo enfrentamos desde los feminismos esas dinámicas de acumulación?, ¿es posible registrar esas dinámicas dentro de las mismas lógicas de organización? Cuando nos encontramos siendo parte de los activismos en espacios sindicales, ¿en qué molde cae la resistencia cuando luchamos en el terreno sindical –tan heteropatriarcal-? y… ¿cuál es el costo de que nuestra agenda –feminista, antirracista, migrante, lésbica, trans, no binarie, marica- se incorpore al pliego de demandas? Frente a la llamada virtualización del accionar sindical, ¿qué respuestas están construyendo los feminismos? Y más precisamente pensando en la coyuntura argentina ¿cómo sostenemos la lucha contra la destrucción del sistema previsional y el avance de la reforma laboral que, por ejemplo, extiende las licencias parentales para pocxs, esquiva mirar al cuidado como un derecho y precariza la vida de muchxs?

Referencias Bibliográficas:
Herrero, Yayo (2018) «La fresa en Huelva: 46 calorías por
cada 100 gramos», en: https://www.eldiario.es/zonacritica/fresa-Huelva-calorias-gramos_6_784681555.html
Pérez Orozco, Amaia (2018) “Prólogo”, en Gonzálo Fernández. Mercado o democracia. Los tratados comerciales en el capitalismo del siglo XXI, Icaria, Madrid.
Scasserra, Sofía (2018) “Las plataformas web (y que demandar desde el sindicalismo latinoamericano)”,
IMT, UNTREF, Buenos Aires

 

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