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El contexto nos convoca a abordar este tema que seguramente nos encontrará teorizando en más de una columna.

Por Mónica Vaccaro*

La conmemoración del día internacional del trabajo inició la semana con las redes inundadas de cordiales saludos, el orden establecido impone el «feliz día» como saludo casi «obligado» ante la conmemoración del día de…de los días de…en esos días de, nos interpelo a la reflexión y a convocar la historia, ya que detrás de cada fecha hay caminos transitados con huellas de luchas por conquistas y reivindicación de derechos.

En esos senderos las mujeres continuamos escribiendo historias en el camino de la deconstrucción, historias de mujeres trabajadoras, historias de mujeres invisibilizadas, historias de mujeres que tejen tramas para sostener a otras mujeres, para acompañar y alojar la otredad, historias de mujeres sin pausa, historias de mujeres con mochilas cargadas de tristezas y algunas alegrías, historias de ahora y de antes, historias de mujeres haciendo historia, historias que impactan en las subjetividades y de lo que poco se habla.

Historias de mujeres a cargo de las tareas de cuidado, se pueden abrir varias preguntas si problematizamos este eje, se me ocurre una transversal al escenario que traemos hoy y cuya respuesta apela al compromiso social y dar una batalla más a la cultura patriarcal vigente ¿Son cuidadas estas mujeres, existen garantías en el abordaje de su salud integral, de su salud mental en particular? 

¿Cuándo hablamos de trabajo incluimos las tareas de cuidado?

¿Cuándo hablamos de ampliación de derechos laborales se incluye a todas las personas que realizan tareas de cuidados?

¿Cómo afectó la sobrecarga de tareas en el contexto de pandemia a las mujeres? ¿Qué sabemos de las trabajadoras de salud y el impacto en sus subjetividades?

¿Qué mirada tenemos las mujeres en relación a otras mujeres desde ciertos lugares de privilegios?

¿En quienes se piensa en primer lugar como posibles cuidadoras ante dolencias de las niñeces, de personas mayores, de acompañamientos en diversos espacios, lugares y tiempos?

Habilitar la escucha con formación en perspectiva de géneros y diversidad es condición ética insoslayable  para acompañar estas subjetividades y sus malestares epocales, seguir abriendo interrogantes despojados de mandatos y prejuicios propiciando que estas voces circulen, sean escuchadas parando la maquinaria del «producir» impulsada por el mundo capitalista. Quizá un buen ejercicio sería enumerar la multiplicidad de tareas que se nos imponen, que asumimos, que no se cuestionan, que se romantizan, nombrar esos excesos de «responsabilidades» visibilizar e identificarlos, convocar a las masculinidades a establecer modos NO hegemónicos de distribución de tareas ya sea dentro de los hogares o en los espacios laborales en general.

En los inicios del evento disruptivo que nos puso en pausa como humanidad ( la pandemia), nos esperanzamos que ese «pausar» pudiera ser una posibilidad de relectura del «andar» en el mundo sin demasiados cuidados o con tantos «descuidos», con el impacto que esto conlleva en la salud integral. Los relatos en la clínica cotidiana y en los territorios dan cuenta que no ocurrió así, por lo que es necesario seguir apelando a poner en valor la Salud Mental siempre y en especial la de las mujeres y diversidades en el contexto que venimos describiendo.

Tareas de cuidado y Salud mental
Tareas de cuidado y Salud mental

Retomando algunas consideraciones, sobre trabajo, tareas de cuidado, reconocimiento (o no), mandatos y autonomía, es oportuno reafirmar la consideración que «eso que llaman amor es trabajo no pago», dar entidad a estas luchas y retomarlas como banderas. «El reconocimiento puede transformar el sufrimiento en placer. Es el reconocimiento lo que da al trabajo un sentido subjetivo». [1]

Sin dudas veíamos solo la punta del iceberg hasta que afloraron a la superficie las desigualdades en su máxima expresión entre otros pesares y carencias de esta humanidad que alza un grito de auxilio URGENTE instando  a que la única posibilidad de salida es colectiva y en comunidad.

Que circulen las voces y se propicien encuentros  en este mundo desconfigurado, con el acecho permanente del patriarcado que cambia sus ropajes, aparecen como una posibilidad las amorosas construcciones sororas y colectivas que nos posibilitan seguir entramando tramas de sostén y cuidados, tejiendo vínculos libres de violencias, recuperando alegrías y esperanza de la mano de las utopías en el camino hacia el horizonte que siempre se corre un poquito más.

(*) Trabajadora de la Salud Mental y activista de Derechos Humanos.

[1] Christophe Dejours. Trabajo Vivo. Tomo II. Trabajo y Emancipación. Ed Topia.

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