A raíz del caso de Johnny Depp y Amber Heard, surgieron numerosas publicaciones en redes sociales sobre que la violencia no tiene géneros y que no solo las mujeres la padecen. Nada más errado que ello.
Por Pablo Barbirotto*

Debe quedar claro que los hombres no podemos ser víctimas de Violencia de Género.
Conforme un artículo publicado en eldiario.es las cifras oficiales no dejan nunca ninguna duda sobre quiénes son las víctimas y quiénes los verdugos.( En Argentina un femicidio cada 30 hs.)
Aunque estuviéramos en un caso de una mujer que mata a su marido sin que él la haya agredido previamente, no se dan las condiciones en esta sociedad para que su motivación pueda ser la del sexo de él.
Hay una confusión generalizada en cuanto al significado efectivo de “Violencia de Género”. Mucha gente sigue creyendo que se le llama así a cualquier agresión dentro de la pareja. Otros saben que solo se consideran como Violencia de Género las agresiones hacia las mujeres dentro de una relación sentimental, pero no saben por qué y les parece discriminatorio hacia los hombres.
Pero es fácil entender por qué solo las mujeres pueden ser víctimas de violencia de género si se tiene toda la información y se contextualiza dentro del marco actual y de las cifras oficiales que no dejan nunca ninguna duda sobre quiénes son las víctimas y quiénes los verdugos.
Nuestra sociedad es patriarcal: esto no significa otra cosa que vivimos en país donde el hombre tiene poder sobre la mujer en todos los ámbitos posibles. Por ejemplo: el económico. El hombre es el que muchas veces sustenta a la familia por los roles establecidos, aún hoy tristemente actuales, donde él provee y ella cuida de los hijos y la casa.
Esto establece una relación de dependencia económica de la mujer hacia el hombre, imposibilitándole la toma de decisiones que atañen a su propia vida. O, por ejemplo, en el ámbito laboral, donde el hombre cobra más por ser hombre, además de tener absoluta libertad de horarios mientras que la mujer, en la actualidad, ocupa muchos más puestos en trabajos de tiempo parcial debido a que tiene otras labores que atender, “propias de su sexo”, como se les llamaba hasta hace relativamente poco.
Cuando se establecen relaciones de poder de unos sobre otras y, además, se fortalecen desde medios, cine, literatura y publicidad, los estereotipos que perpetúan esta relación de privilegiado-oprimida, el siguiente paso es el del sometimiento, la creencia de que la mujer pertenece al hombre, la posesión y la violencia. Esta violencia no tiene por qué ser en forma de golpes, hemos interiorizado que es así, pero hay muchas formas de violencia invisible, como los gritos, las humillaciones o el acoso, entre muchas otras.
Cuando vemos que muere una mujer cada 30 hs. En manos de sus pareja , no es difícil entender que estas relaciones de poder tienen como víctima a un género, el femenino, y no al otro.
Si incluyeramos a los hombres en las leyes de violencia de género, básicamente estaríamos negando que el género es el motivo de este tipo de delitos. Y en vez de poner de relieve ante la sociedad que tenemos un problema de machismo estructural, lo invisibilizaríamos. Además de que meteríamos en el mismo saco (y juzgaríamos) estos delitos como si unos y otras hubieran delinquido por el mismo motivo. Las mujeres no maltratan o matan a hombres por ser hombres (muchas de ellas, de hecho, lo hacen en defensa propia) pero aunque estuviéramos en un caso de una mujer que mata a su marido sin que él la haya agredido previamente, no se dan las condiciones en esta sociedad para que su motivación pueda ser la del sexo de él.
No hay establecidas relaciones de poder de la mujer sobre el hombre por lo que no se les puede aplicar la Ley de Violencia de Género. Si el motivo no es el género, ¿por qué incluir a los hombres en esta ley? La Ley está hecha ad hoc para proteger a las víctimas del patriarcado y no al que recibe los privilegios de vivir en él. En los casos (mínimos) en los que un hombre sea maltratado por una mujer, hay que sacar el género de la ecuación y juzgar cada caso con su contexto y sus motivaciones propias, que serán diferentes en cada caso.
En resumen y citando el artículo publicado en eldiario.es de España que reproduce un posteo del Ministerio de Sanidad y Servicios Sociales e Igualdad de ese país. Si “se pone de manifiesto que cada vez más mujeres acaban con relaciones que las dañan y anulan por el simple hecho de ser mujer” y, a su vez, el hombre no sufre este tipo de violencia por ser simplemente hombre, ¿con qué motivo tendría que aplicarse esta Ley a ellos? No hay ningún motivo y, de hecho, la ley perdería completamente su sentido.
En un articulo de Florencia Strasorier publicado para la La Tinta, explicaiclaramente que no existe la dimensión sistemática de violencia de género hacia los hombres. Aquellos casos en donde un varón es violentado por una mujer (pareja, e x pareja o familiar) existe violencia doméstica; no de género. Estas situaciones son excepcionales, contadas con los dedos de las manos; no existen periódicamente.
Pueden los varones sufrir violencia urbana, estructural, doméstica, pero no de género. Insisito: porque no los discriminan, disciplinan o violentan por su género. Además, no existe ni una ley ni un convenio ni una encuesta que revela que los hombres sufren agresiones de manera tal que instale el tema como flagelo social o global. Un femicidio sucede cuando un varón mata a una mujer por el hecho de considerarla de su propiedad. La frase “si no sos mía, no sos de nadie” se basa en una relación romántica de posesión y de un ejercicio desigual del poder: el hombre decide por ella. La figura jurídica de femicidio aparece en Argentina en el año 2012 como un agravante en la pena. Las estadísticas oficiales reflejan que las mujeres son asesinadas cada 30 horas.
Las matan por el hecho de ser mujeres y porque, históricamente, se naturalizó un género como fuerte y autoritario, y otro como débil y sumiso. Los hombres también son asesinados, pero el análisis de los datos arroja que son asesinados por otros hombres y con armas de fuego. En cambio, las mujeres son asesinadas por varones, con armas de fuego, armas blancas, quemadas, descuartizadas, apuñaladas. Esto revela una dimensión de crueldad y de brutalidad que sigue posicionando a los cuerpos féminos como un botín de guerra. Hay un odio hacia ellas. Ese odio, que también se manifiesta en frases como “por qué se vestía así, era mala madre, le gustaba tomar, no iba a la escuela, qué hacía sola de noche” y muchas otras, se conoce como MISOGINA.
(*) Juez. Paraná, Entre Ríos.
Fuente para DDF: Pablo Barbirotto
Publicado en La Voz