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    Mucho podemos hablar sobre resignificar la violencia, discutir cómo, con qué estrategias. Convertir los espacios de amenaza en frentes de resistencia y en lugares seguros, abrazadores. WEYE es una de esas apuestas. Previo a él, era un espacio que pertenecía a la Comisaría de Atención a la Niñez, Adolescencia y Familia (CANAF), que funciona bajo la órbita del Ministerio de Seguridad. Allí, en esa casa que hoy recibe a personas relegadas a la intemperie, existían calabozos, en los que se violentaba a cualquiera que se atreviera a incumplir la norma. Compañeras trans que hoy trabajan incansablemente en este espacio estuvieron detenidas en ese ayer, en esa comisaría. La casa en la que funciona, entonces, está cargada de significados; al lado, sigue funcionando la comisaría actual de la Niñez y adolescencia. 

     Maia López, Pablo Ramírez y Agustina Domínguez recibieron amorosamente a Diario Digital Femenino para contar sobre este proyecto concreto y esperanzador. 

WEYE, resistencia y abrazo
WEYE, resistencia y abrazo.  Mural colectivo en el espacio.

     WEYE se inauguró un 15 de julio, tres años atrás, en conmemoración de la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario. En su nombre, en lo simbólico, pero también en las acciones concretas que la casa lleva adelante para garantizar un mundo más justo, está la esencia de un colectivo que lucha con convicción y persistencia por su identidad y bienestar. Allí donde las compañeras pasaron noches eternas en un calabozo, hoy funciona una casa que reivindica sus derechos. 

     Esta casa, con la intervención de la ministra Ayelén Mazzina, se transforma. Perteneciente, luego de cederla la comisaría, a la Secretaría de la Mujer, se integra a las diversidades, a los colectivos LGBT. Después de mucho trabajo y reuniones, se solicita un espacio para trabajar con la decisión de que la gestión del lugar sea estatal. La militancia y lucha de estas organizaciones, por lo general, se mantiene a flote por el esfuerzo desmedido de sus integrantes, porque no cuentan con apoyo de ningún tipo. Que el Estado se haga cargo de las desigualdades y asegure, por lo menos, un espacio para poder combatirlas es un precedente histórico, casi una suerte de reparación. 

     Un lugar de encuentro: ese fue el objetivo que se perseguía cuando surgió WEYE. No limitarse a una línea de sentido, no limitar el intercambio ni sectorizar, sino abrir el espacio a quien lo requiera: para realizar talleres, actividades, charlas, propuestas. “El acceso al Estado no tiene que verse tan lejano”, dice Pablo Ramírez. 

     Cuentan Maia López y Pablo Ramírez que WEYE connota muchas cosas, es un término con historia ancestral. Es una palabra mapuche, que representa lo que no tenía nombre o el tercer género, que designaba a las comunidades que eran homosexuales o tenían una expresión de género andrógina; por lo general, eran quienes hacían los rituales, chamanes. Lo interesante es que el ser Weye no era cuestionado, sino que se vivía con una naturalidad inimaginable para los tiempos que corren. En ese sentido, desde su propio nombre, también cuestionan cómo se transitan las vivencias que deben ser explicadas todo el tiempo, que viven en tela de juicio. 

WEYE, resistencia y abrazo
WEYE, resistencia y abrazo

    Uno de los principales objetivos de esta comunidad es poder moverse del lugar de oficina que recepciona problemas, que saben que incluso les desbordan por su cantidad y gravedad, y, además de brindar apoyo y contención en ese sentido, también ofrecen la posibilidad de desarrollarse culturalmente, encontrarse con los y las otras e incluso actividades de dispersión, minorizadas por nuestra cultura; un lugar que aloje y (re)construya historias.

Históricos e históricas

    La provincia de San Luis tiene una política de gobierno ejemplar a nivel país en cuanto a derechos refiere. Actualmente, 68 travestis y trans cuentan con un trabajo registrado y un contrato correspondiente en el sector público, iniciativa que comenzó hace dos años. Sin embargo, para poder gestionar desde ese lugar, fue necesario realizar un estudio que arroje datos certeros: “nosotras, como personas travesti/trans pertenecientes y habiendo transitado todas las necesidades sociales y estructurales que tenemos, no sabíamos obviamente lo que necesitábamos como colectivo y las respuestas concretas que necesitábamos, pero lo que necesitábamos eran números oficiales que nos dijesen justamente para dónde avanzar, para que las respuestas no sean, digamos, lo que nos parece, entonces hicimos la primera encuesta travesti/trans intersexo en la provincia”. Esta encuesta a la que hacen alusión arrojó que más del 67 % de la población travesti/trans de la provincia no habían completado la educación formal obligatoria, primer lugar donde era urgente una respuesta desde el Estado. Así, fueron construyendo por bloques: de vivienda, de educación, de salud, hasta lo que atañe a cambios registrales para que estas personas puedan acceder a un derecho tan básico como el de su identidad, que puedan contar con un DNI que refleje quiénes son.

     Garantizar derechos es una ardua tarea que debe abarcar transversalmente a todos los ámbitos en los que se desempeña una persona. WEYE realizó un convenio con la Universidad de La Punta, lugar que cuenta con educación digital para personas adultas, y generaron un convenio para poder desarrollar en sus espacios la Escuela “Transformar”. Allí, cuentan con una docente que acompaña el proceso de las compañeras para terminar la secundaria; además, cuentan con computadoras y acceso a internet. Lunes, martes y miércoles de 18 a 22 h; en este momento, se encuentran próximas a un egreso. Poder acceder a un estudio serio y detallado de parte del Estado permite conocer las necesidades concretas de su comunidad y, de esta forma, garantizar las respuestas necesarias al colectivo.

WEYE, resistencia y abrazo
WEYE, resistencia y abrazo. Biblioteca «Carlos Jáuregui» en construcción

     El acceso a las oportunidades que como sociedad nos hemos encargado de quitarles es la gran apuesta de esta casa. Además, en el Instagram de la casa (@weye.diversidad), se encuentra el Formulario de primer contacto, al que se ingresa a través del linktr.ee que está en la biografía. Quienes estén interesados e interesadas, pueden completarlo y solicitar los diferentes recursos y servicios que ofrece el espacio. Uno de ellos, por ejemplo, es el acompañamiento psicológico, posible gracias a un convenio realizado entre la Secretaría de La Mujer y la Universidad Nacional, con la Facultad de Psicología. Si bien no tiene la forma convencional de una terapia, sí es un contacto informativo, un espacio de contención.

      Estos recursos que con tanto esmero lograron brindar están destinados a personas adultas, pero también a las niñeces y adolescencias, sumadas las familias. Relatan que cada vez que tenían una reunión informativa para explicar los servicios con los que contaban, veían una angustia en las adolescencias, desprendida directamente de la normalización por parte de la sociedad de los cuerpos en un binarismo, en apariencia, inalterable. Una sociedad que impone qué es ser mujer y ser varón. “Entonces, si son masculinidades trans, con esto de que necesito hacerme una masculinización de tórax, necesito que me cambie la voz, que me crezca pelo, etc. Y genera muchísima angustia justamente si no estás en una terapia hormonal o si ves muy lejano el poder acceder a la salud, genera mucha angustia no encontrarse en el espejo. Hay que empezar de alguna manera a que las personas dejen de estar tan condicionadas, es su construcción, tan presionadas para ser reconocidas en la mirada del otro o de la otra”, explica Pablo Ramírez. Deconstruir lo cristalizado y poder elegir sin someter el deseo propio a lo que “debiera ser”. 

      “Que empiecen a construir lo que realmente quieran, que si querés una intervención quirúrgica, adecuar tu cuerpo, acceder a una terapia hormonal, sea realmente porque lo sentís necesario para tu construcción y no justamente para ser aceptado o reconocido como masculinidad o femineidad”, continúa Pablo, contando sus anhelos colectivos en voz alta. Conociendo la realidad conflictuada de las infancias y adolescencias es que WEYE acerca el acceso, junto a la Secretaría de la Mujer, Diversidad e Igualdad y el Ministerio de Salud, al consultorio “Azul Montoro”, donde trabajan médicas todas las mañanas con la salud de todos y todas ellas. 

     En este punto, nos parece interesante recordar que la Ley de Identidad de Género sancionada en Argentina es la primera en no requerir ningún tipo de intervención o tratamiento para que la identidad se respete como tal, incluso cuando se desea acceder al DNI actualizado. En la casa WEYE, se puede solicitar información legal para el cambio registral, habilitado por la Ley de Identidad de Género N° 26.743, sancionada en 2012. Allí, entonces, se vuelve posible contar con la información necesaria de forma previa al trámite de rectificación: “Nosotras nos ponemos en contacto con la familia, con el niñe, el adolescente, y conversamos acerca de toda la normativa que acompaña esta posibilidad. Les entregamos una copia de la ley, para que la tengan, que nos parece sumamente importante porque esto implica el conocer los derechos”, argumenta con convicción Agustina Domínguez. 

     La voz de Pablo sintetiza magistralmente todo lo contado: “La garantía de la escucha justamente de esa adolescencia o niñez y también una de las cosas que nos pareció importante, en el abordaje, es que habemos personas travesti/trans, que estamos ahí presentes con esa niñez y adolescencia, y las familias también, para romper esos prejuicios. Porque tenemos muchísimos medios de comunicación o películas o series que todavía nos siguen mostrando una negación, como una infelicidad el reconocerse, como si realmente el destino de una persona que se autopercibe, se reconoce, fuera el terminar asesinado o el terminar discriminado o el terminar en prostitución y también eso, el vernos en estos espacios que construyen, que llevan otra perspectiva, que hablamos de políticas públicas que tienen una voz travesti/trans, les cambia muchísimo la mirada. Y lo hemos visto también con los chicos, las chicas, chiques, que, de repente, les cambia la participación en esa reunión cuando saben que hay una persona travesti/trans enfrente acompañándoles, se identifican muchísimo y los padres, madres y abuelas que acompañan también ven otro futuro”.

     La preocupación por nuestros jóvenes, que, lejos de ser el futuro, son nuestro presente, a quienes hay que cuidar, también se visualiza en el protocolo de abordaje que trabajaron en conjunto con el Ministerio de Educación, materializado a través de un decreto, para todas las escuelas de la provincia, donde se acerca como herramienta la Ley de Identidad de Género. Sin embargo, por desgracia, conocemos que también es necesario garantizar el transitar, la permanencia, y no solo el acceso. Por ello, también esta articulación de WEYE persigue las buenas prácticas en las instituciones educativas: “Porque si tenemos más de un 67 % de personas que fueron excluidas del sistema de educación, en este momento, también puede estar pasando lo mismo si no resguardamos esos derechos, esa escucha activa y el transitar la educación, que no tengamos que irnos del sistema educativo para poder ser o muchísimo menos que no podamos proyectar una profesión simplemente por ser travesti o trans”, y la voz de Pablo suena como un despertar.

Diario Digital Femenino: @diariodigitalfemenino_

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