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Si bien la acción de inhalar y exhalar es imprescindible para la vida, inhalar consiste en incorporar oxígeno para vivir y, al exhalar, expulsamos dióxido de carbono. Este es un proceso automático: las personas no piensan para llevarlo a cabo, sino que lo hacen involuntariamente. Sin embargo, es posible realizar una respiración consciente con determinados fines: para relajarse, en el marco de una meditación, para superar un momento determinado o soportar una situación.

Por Lenny Cáceres*

En ese sentido, al tratarse de un proceso automático, involuntario, no siempre podemos decidir qué respiramos, qué ingresa a nuestro organismo, cómo afecta y en qué se transforma.

Escucha este artículo en la voz de Marina Colado

Muchas veces, casi siempre (siempre), las personas, y muy especialmente las mujeres, no decidimos respirar patriarcado, y la posibilidad de exhalar feminismo depende de cuán incorporada tengamos la perspectiva de género para transformar ese aire en feminismo y generar el cambio, la oxigenación. El punto es que, como nos pasa a nosotras, le sucede a todas las personas y es necesaria una transformación colectiva, puesto que respiramos automáticamente, o mejor dicho, involuntariamente, algo que puede ser dañino para la vida –lo mismo sucede con los aerosoles, los gases, los nitritos y los disolventes volátiles–.

¿Todo es violencia? En gran parte, sí. Lo seguro es que todas son desigualdades. Hay diversas formas de violencia que todas… y todos conocemos: física, sexual, laboral, económica, institucional (de la que nadie o casi nadie habla) y otras más sutiles, apenas imperceptibles, como la que ejercen los denominados pasivo-agresivos.

Es necesario que las personas que nos encontramos dentro de un parámetro, aunque sea mínimo, de privilegios –clase, raza, educación, trabajo, heterosexualidad– asumamos el compromiso de observar no solo la violencia que respiramos, sino también la que sucede a diario en familias, amistades, vínculos laborales e interpersonales, informarnos y recurrir a los recursos sociales que existen para revertir este flagelo.

Inhalo patriarcado, exhalo feminismo
Inhalo patriarcado, exhalo feminismo

En los párrafos siguientes, abordaremos diferentes problemáticas donde creemos vital reconocer, identificar y trabajar el ejercicio de “depuración”, si se quiere, de lo que recibimos constantemente.

Masculinidades

¿Cuál es el proceso que hacen los varones? ¿Respiramos lo mismo? El aire viciado de patriarcado, para la mayoría de ellos, está bien, los oxigena y alimenta. Hay otros que se han propuesto tomar la decisión de cambiar esa lógica y comenzar a incorporar el enfoque de género en todas sus acciones. ¿Esto es algo que incomoda? No a quien toma la decisión de ir por otro lado, achicar la brecha de las desigualdades, cambiar el rumbo en tono acorde a los paradigmas actuales; sí para quienes lo ven casi como una traición al género. Algo que debemos resaltar es que los varones también sufren el patriarcado, basta con tener una conversación con alguno de ellos que, durante años, han padecido el ocultamiento de su deseo y ser, debiendo llevar una vida en función de los mandatos sociales y culturales. De todas maneras, no es un tema que abordaremos en esta nota; hay columnistas que saben y escriben específicamente del tema en DDF y hay varones trabajando las masculinidades entre pares.

Diversidad

Para las personas que integran el colectivo travesti-transexual-transgénero –las TTT de la sigla LGBTTTIQ+, esta situación se presenta con mayor crudeza. El machismo las hostiga, persigue, agobia y violenta. La violencia institucional es una de las mayores manifestaciones que padecen, sin esquivar a las otras, siendo la laboral también una de las predominantes formas de desigualdad y discriminación. No solo no pueden elegir qué respirar, en ocasiones ni siquiera logran hacerlo natural y automáticamente. Deben apelar a la respiración consciente para sobrellevar determinadas acciones de terceros, para sobrevivir, para seguir. Lo natural no se les está dado y se normaliza el rechazo a su identidad, forma de ser, de vestir, de intentar obtener sustento para alimentarse. Eso es violencia.

Abolicionismo

Y siguiendo esta lógica o asociación, se me vino a la cabeza la explotación sexual de las mujeres, diversidades, niñas, niños y adolescentes… ¿Es un acto voluntario o involuntario? ¿Es consciente? Entra lo “bueno” y sale lo “malo”. O es como en el caso de los aerosoles, gases, etc.

¿Qué sucede cuando nos hacen inhalar explotación haciéndonos creer que vamos a exhalar libertad? Con los ejemplos anteriores, queda claro que no sucede así. Lo que es dañino para el cuerpo es dañino para la vida y, en ocasiones, ese prejuicio es irreversible.

Invito a que practiquemos una respiración colectiva consciente, a reflexionar sobre cómo transformar eso que recibimos para lograr una concientización y revertir esos procesos tan automáticos y naturalizados.

(*) Periodista feminista, abolicionista del sistema prostituyente

Imagen de Portada: Relatoras

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