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Cristina Lobaiza es escritora, artista plástica, psicóloga, feminista y activista por los derechos humanos; desde hace un tiempo realiza diversas intervenciones y capacitaciones en las redes digitales, especialmente en Instagram.

Cada publicación es recepcionada y comentada por un número importante de personas. Amorosamente accedió a una charla con Diario Digital Femenino, permitiéndonos realizarle todas las preguntas relacionadas con su activismo, los porqués y la dimensión de esas intervenciones.

Hablemos de ¿Activismo digital?

-Sí.
Muchas gracias por esta oportunidad de compartir con ustedes, admiro mucho el trabajo que realizan y si me permiten, solo un comentario respecto de mi activación en Instagram, que es una cuenta de activación de consciencia feminista. Sin descalificar el territorio de “lo opinable”, a mí me sucede que no expreso mis opiniones públicamente, pues no estoy interesada en lo que opino acerca de ninguna cosa.

Lo que hago en Instagram es poner a circular un campo de articulación de conocimientos propios, capacidades de simbolizar el mundo, recorridos, preguntas, dificultades y saberes; poniéndolas a hablar de una manera nueva que permita dar cuenta y estar a la altura de los desafíos que plantea nuestro tiempo, en los términos que le interesan al feminismo, es decir, en los términos del poder. Esto es: de qué la va el mundo, y cómo lo logran.

¿Por qué eligió las redes digitales como medio de divulgación de conocimientos?
-Tuvo que ver con circunstancias inesperadas, con la pandemia y con las interminables cuarentenas en Argentina como telón de fondo. Con el desastre —que observaba desde mi formación como agente de salud mental de una comunidad— de la comunicación del aparato de Estado, inflamando lógicas de control sobre lógicas de cuidado, usando palabras como “aislamiento” o “confinamiento”, que vienen de la epidemiología pero no aplican al campo de las relaciones interpersonales, salvo para  movilizar fuerzas, memorias y ruteos que refuerzan representaciones como la soledad y el abandono. Se sumó como factor de mucha preocupación el agite, realizado desde el poder en todas sus dimensiones— de la fórmula “la violencia contra las mujeres es una pandemia mundial”. Un acercamiento a la violencia contra las mujeres en tiempos de “quédate en casa” (el 54% de los feminicidios ocurren en la casa, el 63% son cometidos por parejas y ex parejas) tremendamente regresivo y peligroso; pues ubica al feminicida como enfermo y a la violencia contra las mujeres como una enfermedad infecto contagiosa que como vino ya se nos va a pasar. Y lo que me resultó más preocupante, esta ocurrencia nos ligaba a los siguientes tags: aléjate, tapate la boca y lávate las manos. A partir de allí me pareció que debía empezar a decir públicamente lo que pensaba, lo que sabía, lo que podía, y como podía.

Cristina Lobaiza: “las mejores cosas suceden con otros, por otros, ante otros, debido a otros”
Cristina Lobaiza: “las mejores cosas suceden con otros, por otros, ante otros, debido a otros”

Cómo nace concretamente ¿Recordás tu primera publicación?
-Más allá de publicaciones sueltas, más o menos erráticas, más o menos desafortunadas; comencé con una Campaña en Redes “La violencia contra las mujeres NO es una pandemia mundial”, con la que tristemente no pasó nada en términos de ser escuchada o registrada. Pero lo que fue marcando el ritmo de la activación en ese tiempo fueron los vivos a los que me iban invitando algunas personas jóvenes con cuentas muy bien llevadas y muchos seguidores. Podría decir que fueron ellas y ellos los que fueron habilitando el campo de la activación. En esos intercambios, muy fin del mundo, muy pandemia, iba pasando algo que fue sorprendente en relación con los efectos que producía; posiblemente debido a las extraordinarias posibilidades que ofrecía la dificultad para desplazarse por el territorio y de encontrarnos, digamos, más analógicamente, cuerpos con cuerpos.

¿A quiénes están dirigidas tus publicaciones?
-A nadie en particular desde mi intención de comunicar, pues lo que hago es lo que puedo hacer y lo que puedo hacer podría no interesarle a nadie; y daría igual. Quiero decir, esta activación no surge como proyecto de comunicación que define a quién se dirige. Surge de otro costal: estoy segura que tengo algo para decir, porque entiendo que es valioso, que es imprescindible y que es urgente. Ahora bien, las estadísticas existen y nos cuentan cosas. Como es de esperar, el 94% de las seguidoras de la cuenta son mujeres. Pero sorprendentemente, el 80% de las personas que siguen la activación tienen entre 25 y 45 años; y esto me resulta asombroso porque yo tengo 64 años y podría esperarse que lo que tengo para decir fuese poco interesante para ese rango etario. Solo el 1% de las personas que me siguen tienen mi edad, o más.

¿Qué análisis hacés de las expresiones negativas o directamente agresivas?
-Hay muy, muy pocas expresiones negativas en mi red, tanto en el feed como en mensajes privados. Diría que en el presente, ninguna. Por suerte me quieren mucho y yo lo agradezco porque cada expresión de cariño es de un apuntalamiento enorme, no se imaginan cuánto. Cuando aparecen expresiones o comentarios que implican descalificaciones y violencias trato de mostrar por qué no es mi cuenta el lugar para hacerlo; y de estimular a sus autoras o autores para que se animen, confíen en sus potencias y se vayan a hacer caca a sus patios. Esto los desanima. Y por fuera de las piñas, que no son tolerables; siempre agradezco mucho las resonancias en disidencia porque entiendo que son oportunidades únicas para saber dónde estamos paradas, para entender cómo lo está pensando ese lugar “otro” con el cual tendremos que acordar líneas de consensos mínimos si queremos transformar este mundo que nos hacemos.

¿El balance es positivo?
-Sí. Muchísimas personas me escriben en todos los circuitos habilitados por la cuenta, mails, mensajes privados, feed; contándome cómo y cuánto siguen las publicaciones, me escuchan con los auriculares mientras hacen cosas, se encontrarnos acompañadas, se sintieron escuchadas y amadas, pudieron resolver situaciones, entendieron algo de otro modo. Me pasa seguido que me cruzo con mujeres por la calle que me hacen un guiño y me gritan algunos de los hitazos de la activación “Mucho menos”, “Lo hacen porque pueden”, “Se acabó lo que se daba”, “Es la hora de las Nadies”… O me cuentan cómo me conocieron, que estaban haciendo, cómo cambió la vida. Así. Pero sin duda la más transformada fui yo, y estoy tan agradecida. Las mejores cosas suceden con otros, por otros, ante otros, debido a otros. Esta no es la excepción, aunque el trabajo sea duro, no facture y llore bastante, porque quienes no perdonan y atacan bastante no son, justamente, las seguidoras.

¿Hay un punto de encuentro entre las redes digitales y las redes personales de interacción directa?
-Sí. Yo organizo todo el tiempo situaciones de encuentro con personas con quienes el encuentro digital fue quedando corto. De hecho, muchos viajes de activación, formación de equipos de trabajo sobre temas específicos (en este momento Encuentro Nacional de Mujeres, Falso SAP), un grupo de activación (Las Nadies); Encuentros con ex integrantes de las 7 Ediciones de los Talleres Para Enojarte Mejor, que este año mutó y se llama El enojo de las mujeres. Nos materializamos con frecuencia y cada vez más y nos gusta mucho esa vieja costumbre de estar siendo un cuerpo y que se note.

Hablar con Cristina siempre es un placer y desde Diario Digital Femenino estamos atentas a sus publicaciones, intervenciones y vivos. Nos propone otra mirada, nos interpela e incentiva a la reflexión. Les invitamos a seguirla en Instagram: Cristina Lobaiza

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