Marilina Bertoldi y la revolución feminista en el rock nacional

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Por Admin marzo 24, 2020 09:51

Marilina Bertoldi y la revolución feminista en el rock nacional

Marilina Bertoldi

Una aproximación al conflicto de géneros en materia musical.

Por Nadia Maribel Muñoz

Está demostrado estadísticamente que el rock nacional es uno de los géneros que más se resiste a la participación de artistas femeninas. En esta nota, analizaremos brevemente por qué y cuál es la lucha que más de 700 músicas llevaron a cabo para poder contar con una Ley de cupo femenino en festivales. Es inevitable recordar en qué contexto se inserta este reclamo, pensando en los masivos movimientos de protesta y denuncia social como Ni una menos o la Marea Verde, que suceden en simultáneo. Para ello, recuperaremos antecedentes en este camino de revolución feminista (en palabras de Luciana Peker) que se está desarrollando. Además, cuál es el papel que cumple Marilina Bertoldi en toda esta reivindicación femenina, artista cuya trascendencia no deja de aumentar.

La desigualdad de género: la transversalidad de las prácticas

El sistema patriarcal ha marginado a las mujeres y a cualquier otra identidad que no sea la varonil cisheterosexual de todos los ámbitos de la sociedad. Sin embargo, los avances de la teoría feminista permitieron el comienzo de una revolución. De esta manera, el reclamo feminista se ha ido infiltrando en todos los ámbitos de la sociedad, obligando a repensar los discursos que la organizan, desde la presencia femenina en los deportes, por ejemplo (pensando en la lucha por la profesionalización del fútbol femenino, por citar un caso), hasta el campo de la ciencia y sus desigualdades de género. Creemos que la masividad adquirida en la última década es la que permitió la visibilidad de cada reclamo feminista, puesto que la equidad no es algo por lo que se luche desde comienzos del 2000, sino que actualmente se cuenta con los medios y espacios para que estos discursos puedan ser escuchados y tenidos en cuenta.

Lo mismo sucede con el rock. En 2012, la revista Dale publicó una nota (1), escrita por Diego Gassi (director periodístico de rock.com.ar), titulada “Crónica de una muerte anunciada” donde se pregunta por el futuro el rock, a causa de la pérdida del compromiso social en el género, las letras cada vez más vacías, la falta de nuevos referentes y diversas críticas. Allí, cita el libro Apasionados por el rock, de Miguel Grinberg y Hoby De Fino, para afirmar que ya no hay “protagonistas de rigor” como Fito Páez, Calamaro, Charly García o bandas que sean referentes como Patricio rey y sus redonditos de ricota, La Renga, Serú Girán, etc. Es decir, ya no hay varones que dominen la escena musical, sino que quedan los vestigios de aquellos grandes ídolos. Por lo tanto, se discutía que el rock había “muerto”. Marilina Bertoldi, en 2018, luego de que su último disco Prender un fuego haya sido seleccionado como mejor disco argentino del año en el Suplemento No de Página 12, se refirió a esta disputa por la “vida” del rock:

Cuando incluso ustedes se empezaron a cansar de su propio discurso de siempre, de las mismas cosas, del mismo sonido, de las mismas caras, empezaron a decir: “el rock se murió, la música no tiene nada nuevo por inventar”. No, loco, son muy injustos, en ese momento se tendrían que haber dado cuenta que hay otra gente que tiene algo para decir, pero ustedes nunca pueden dar el lugar sin que alguien se los exija. (2)

Bertoldi viene a disputar los sentidos del rock como campo cerrado, discute la idea de que ya no hay innovación en el género, y plantea que se da porque son los mismos artistas masculinos los que solo piensan en sus producciones y en las de sus pares. Esto, en términos de teoría de género, es la complicidad machista que excluye y delimita los espacios de determinada manera. Es decir, el codeo entre pares que se legitiman constantemente reproduce la estructura de un sistema patriarcal que termina por invisibilizar el arte femenino. Estas reflexiones cobran relevancia al notar que Marilina Bertoldi fue la primera mujer en ganar el reconocimiento del Suplemento No, que se venía desarrollando desde más de treinta años.

Mercedes Liska, etnomusicóloga e investigadora argentina del Conicet, pensando la exclusión de artistas mujeres con relación a las problemáticas de género, plantea que la música fue tramando su propia historia en o con el movimiento feminista. Desde allí, emergieron colectividades que lucharon y consiguieron la visibilización de los diferentes modos de discriminación de género que organizaban la actividad musical en Argentina (3). Pensando en acciones concretas que aportaban a la reivindicación de la música hecha por mujeres, encontramos la consolidación de sellos discográficos como Goza Records, creado por Futurock y Barbi Recanati, cuya fundamentación reza:

El sello desarrolla una maratón de grabación y edición musical: 12 Discos/Eps por año con una consigna inclusiva. Este año, mujeres al frente. Hay una nueva potencia creadora en la escena musical y Goza Records es una herramienta para que ese arte llegue al público. (4)

Además, el gestionamiento de festivales como el Grl Pwr que, en Córdoba, tuvo una duración de dos días y presentó una grilla 100% femenina. Su lema es: “No faltan bandas de chicas, faltan festivales Grl Pwr”. En él, se dieron simultáneas manifestaciones feministas, (actividades, cursos, talleres), y también fuertes discursos de parte de las músicas. Patricia Pietrafesa, cantante de She Devils, comenzó su show diciendo: “Hoy, se van a poder emborrachar tranquilas”, mientras compartía diversas anécdotas de violencia machista que sufrió a lo largo de su carrera en la industria musical, refiriéndose a la inseguridad que las mujeres sufren en eventos masivos.

La contradicción rockera

Mercedes Liska, intelectual que nombrábamos anteriormente, explica que al realizar un relevamiento de los 46 festivales más importantes del país los resultados arrojaron que el rock era el género que tenía el porcentaje más bajo en cuanto a participación femenina. Tanto así que, según los estudios de Ruidosa, en 2018, por ejemplo, Cosquín Rock tuvo un porcentaje del 2,2% de mujeres solistas. Frente al reclamo por más músicas mujeres en los escenarios, el productor del festival, José Palazzo, aseguró que no había mujeres con el talento suficiente como para llenar un cupo del 30% que comenzaba a reclamarse por músicas de todo el país y de todos los géneros musicales. Mientras el mánager y empresario afirmaba esto convencido, Eruca Sativa, banda cordobesa, tocaba en el escenario de Santa María de Punilla y reclamaba por el aborto legal, seguro y gratuito y por el cupo femenino, e invitaba a tres artistas mujeres a compartir sus 40 minutos de show. Es decir, se trata de una verdadera disputa donde se dan, simultáneamente, posturas sobre la problemática de género que comienza a desnaturalizarse. Estos diferentes discursos llevaron a la efectiva creación del proyecto de ley que establecía un cupo femenino en festivales, lo que tuvo respuestas negativas de músicos icónicos en el rock nacional, como Andrés Calamaro. En una entrevista para el sitio Zenda, Calamaro aseguró: “La agresividad de ciertos cambios culturales, o comunicacionales, supera mi imaginación. Un nuevo proyecto de ley propone igualdad estadística de géneros para celebrar eventos musicales, y no me consta que las prostitutas califiquen para este 50/50…” (5). Es decir, para músicos como Calamaro, exponentes del rock nacional, las mujeres ni siquiera califican como tal, sino que directamente son “prostitutas”, acompañantes, sombras que solo cobran relevancia en la compañía de un varón. En este imaginario, mucho menos las mujeres pueden ser lo suficientemente talentosas como para competir artísticamente en géneros como el rock, entendiendo que se asocia a la masculinidad, la rudeza y, en el imaginario social, a la intelectualidad, la revolución, el reclamo por la justicia social. Sin duda, se trata de lógicas muy comunes en el siglo pasado, evidenciadas por ejemplo en el debate sobre el sufragio femenino. Es decir, prevalece la imagen de la mujer como perteneciente al ámbito privado, que no tiene el potencial o el talento para aportar, de ninguna forma, en la sociedad. Y, si lo hacen, son tildadas de “prostitutas”, con todo lo que conlleva la connotación negativa de las trabajadoras sexuales. Las declaraciones de diferentes artistas parecerían demostrar que el rock es un género de hombres, porque son quienes tienen los medios y las herramientas para realizar la denuncia. Las mujeres, no. Además, nos resulta sumamente importante recordar que, a finales de 2018, luego de que Thelma Fardín hiciera pública su denuncia por abuso sexual contra Juan Darthés, surgieron numerosos testimonios, “escraches”, contra rockeros argentinos en diferentes redes sociales. Incluso, se creó una página donde se colgaron (http://tuidoloesunforro.com.ar/). Esta oleada de testimonios tuvo lugar principal en Twitter. No es nuestro interés condenar artistas, ya que en muchos casos no hay denuncias penales de por medio, pero nos parece un dato relevante para pensar el contexto al que nos referimos, pensando en la gravedad de las declaraciones de muchas fanáticas que revelaban situaciones de abuso que habrían sufrido por parte de sus ídolos rockeros.

Frente a este tipo de discursos, las músicas argentinas comenzaron a infiltrarse y hacerse espacio en la escena, en el campo musical del rock, de diferentes maneras. A través de encuentros autogestionados, reclamos junto al movimiento feminista de los últimos cinco años, festivales de mujeres y disidencias, etc. fue que las artistas comenzaron un quiebre en estas lógicas de exclusión. Puesto que el rock en Argentina nació con un fuerte componente de denuncia y reclamo social, la demanda femenina, necesariamente, llevaba a una revisión del género musical en su totalidad, ya que desestabilizaba sus bases.

Recuperamos estos hechos como parte del proceso que la escena musical está atravesando. Proceso de revisión y deconstrucción. Mientras sucedían los encuentros autogestionados y se daba la unión de las músicas en un colectivo que reclamaba por lo mismo, la equidad para que su arte pueda ser valorado, se debatía el proyecto de ley de cupo femenino, claramente impulsado por todas estas manifestaciones. En este contexto, se encuentra el reconocimiento y la consecuente polémica de Prender un fuego, el disco de Marilina Bertoldi que ganó un Gardel de Oro.

Prender un fuego

Con este disco, Marilina ganó un Gardel de Oro el 15 de mayo de 2019 (segunda vez en la historia que una mujer tiene este reconocimiento, la primera fue Mercedes Sosa). Además, el premio a Mejor artista femenina de rock. Al finalizar la ceremonia, comenzó el debate en diferentes redes sociales ya que muchos artistas, espectadores, etc. juraban desconocer a Marilina y no entendían por qué había sido galardonada una extraña, frente a otros nominados como Calamaro o Los auténticos decadentes, con largas y reconocidas trayectorias. Podemos ver muestras de esto en las notas que diferentes medios de comunicación editaron, como por ejemplo La Nación, titulada: “Quién es Marilina Bertoldi, la ganadora del Gardel de Oro” y El Doce: “Quién es Marilina Bertoldi y por qué ganó el Gardel de Oro”. Es decir, faltaban artículos que aclaren quién era la música premiada por el mejor álbum del año, quien ya contaba con tres discos solitas y cinco años de trayectoria en la banda Connor Questa. Creemos que es claro el rechazo cultural a la mujer en géneros como el rock, y se puede ver en diferentes espacios, como en las ceremonias de premiación.

En la producción del disco (que estaba a su cargo), Marilina, además, realizó: guitarras, bajos, sintetizadores y teclados. Ella escribió y compuso todas las canciones. Es decir, se trata de un disco que demuestra, desde sus melodías hasta su formato, los saberes musicales de una mujer, de una lesbiana con ocho años de trayectoria que llegaba para acaparar la escena de uno de los géneros más machistas de Argentina. Bertoldi presentaba su disco con vestuarios andróginos y se apropiaba de los gestos y de la actitud “rockera” que todos los artistas varones detentaban, gesto no menor, puesto que si una mujer ponía en práctica estas costumbres inmediatamente se la masculinizaba, se la corría de lo femenino. Lucy Green, teórica inglesa, en su libro Música, género y educación (2001) plantea la existencia de un patriarcado musical, que distribuye de manera desigual las habilidades artísticas. En los comienzos del rock nacional, vemos que las mujeres únicamente son cantantes y/o letristas, porque la voz y la palabra eran los instrumentos naturales que poseían. Las tecnologías musicales y cualquier instrumento estaban reservados a los varones, que eran los poseedores de los saberes. Podían estudiar música, conocían las teorías y podían generar contenidos más o menos productivos. Las mujeres, de nuevo, no. Entonces, pensemos en los efectos que pueden llegar a provocar que una artista pueda manejar todos estos saberes con versatilidad y, además, se posicione como referente en el rock.

Un antecedente importante que nos interesa recuperar es Patricia Sosa, una de las primeras mujeres que se consagró líder de un grupo de rock. Fue pionera en la revolución musical femenina, por su voz potente y su estilo con jeans ajustados a comienzo de los 80. Sin embargo, esta digresión tuvo sus costos: la cantante relató, en la presentación de la ley de cupo en el Congreso de la Nación, que en su debut con La Torre, el personal de seguridad la bajó del escenario creyendo que era la novia de alguno de los músicos, y tuvo que trepar desde la fosa para poder cantar. Teniendo en cuenta este tipo de hechos discriminatorios en materia de género, lo que analizamos son gestos que renuevan la imagen de la mujer en el rock, que discuten la performatividad del género. Marilina Bertoldi abrió sus puertas hacia una personalidad que era exclusiva de los varones, con el agregado de una clara postura política: su lesbianismo. Si ser mujer ya era condición suficiente para ser suprimida de la historia del rock, la sexualidad disidente terminaba por condenarla. Por supuesto, también atravesó momentos incómodos: en 2015, para Clarín, Eduardo Slusarczuk le realizó una entrevista (6). Allí, se le preguntó si sus métodos al componer la limitaban, si ponía en juego su sexualidad al hablar de líbido e, incluso, si ser “tan abierta” en un ambiente como el rock no la estigmatizaba. Creemos que esto sucede por la falta de capacitación en materia de género en el periodismo, lo que solo lleva a reforzar los prejuicios y la discriminación hacia la mujer puesto que, si el entrevistado hubiese sido varón, seguramente, no se hubieran formulado esos cuestionamientos hacia el artista.

El rock es de las pibas

Nos resulta innegable que el rock argentino está transitando un proceso de mutación, de deconstrucción necesaria, donde la figura de Marilina Bertoldi ha estallado como una de las representaciones más fuertes. Sin embargo, no hubiera sido posible su popularidad y aceptación sin el trabajo de artistas de todo el país que se encuentran operando en las relaciones de y con el género, de diversas formas. Además, la lucha en los escenarios es inseparable de la pugna que están desarrollando los espectadores de este género, puesto que difícilmente sería posible reconocimiento alguno sin un público que apoye los espacios y las identidades nuevas en este campo musical. Prender un fuego es una muestra del talento y de las innovaciones que sigue desarrollando el rock argentino, que está lejos de “morir”. En los recitales de Marilina, ya es costumbre un canto entre el público que asegura: “El rock es de las pibas”. Por supuesto, no se trata de rupturas radicales con los íconos masculinos, sino lo contrario, ya que fueron la guía obligatoria para las músicas y se continúan muchas de sus influencias. Bertoldi recupera a Cerati y a Spinetta, por nombrar dos ejemplos, a la vez que nombra a Fabiana Cantilo y María Gabriela Epumer. El reclamo está centrado en la recuperación de aquellas que tuvieron igual peso que las figuras masculinas, y no en nuevas supresiones.

Marilina Bertoldi y la revolución feminista en el rock nacional

Marilina Bertoldi en el Festival Futurock, el 28 de septiembre de 2019.

 

  1. http://revistadale.com.ar/pdf/dale05.pdf
  2. El discurso que transmitió Bertoldi por Instagram puede consultarse aquí: https://www.youtube.com/watch?v=2Iiz8-63HoY
  3. Liska, Mercedes. (2020). La exclusión de artistas mujeres en los festivales: políticas de género y relevamientos cuantitativos en el ámbito musical profesional de la Argentina (2017-2019).
  4. Recuperado de: https://futurock.fm/goza/
  5. Úbeda, Jesús Fernández. (2018). Calamaro: «La agresividad de ciertos cambios culturales supera mi imaginación». Recuperado de: https://www.zendalibros.com/calamaro-la-agresividad-de-ciertos-cambios-culturales-supera-mi-imaginacion/?fbclid=IwAR3VOqb2zwLyZjQ7iCbuQdc94kbR4aM3UVBlBM7qawo7rilAWcR4kqjBO_w
  6. https://www.clarin.com/musica/marilina_bertoldi-rock-la_presencia_de_las_personas_que_se_van-connor_questa-eruca_sativa_0_B17cfxtD7e.html

 

Diario Digital Femenino

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