Lo personal es político, Internet también

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Por Admin junio 24, 2019 21:24

Lo personal es político, Internet también

Lo personal es político, Internet también

 

Les feministas sabemos que «el reclamo es político y la lucha: cultural».

 Entonces podemos comprender cómo el BACKLASH, esa reacción violenta de los sectores conservadores, nos abofetea a diario en todos los espacios de nuestra vida y también con gran virulencia en «las redes».

      ¿Qué tan claras son las normas y políticas de las distintas plataformas?

      ¿Quiénes leyeron en su totalidad ese choclo de «información» antes de apretar «acepto las bases y condiciones»?

No sé si en algún momento me va a tocar timbre un recolector de almas para avisarme que viene por la mía porque accedí a entregarla el veintipico de julio de 1999 cuando empecé a usar el MSN (Messenger).

       ¿Quiénes  definen esas normas, los parámetros de control y censura?
       ¿Qué algoritmos, desde qué formación y perspectiva?
       «Las guerras» ya no son sólo en territorio, cuerpo a cuerpo o bombardeando ciudades enteras. Hay otro bombardeo igual o más efectivo para la acumulación de poder, el silenciamiento de las voces opositoras, la legitimación y el sostén de discursos hegemónicos: y se da a través de INTERNET.

       Al servicio de las leyes del mercado, la construcción de fuerzas partidarias, la consolidación de políticas y el odio en sus diversas formas; la tecnología, las redes y plataformas, nos controlan, definen, ubican y «engañan» (por ejemplo, con la idea de la existencia de la «libre expresión»). Se adueñan de nuestros datos personales, los venden y controlan. Datos que entregamos felices a cambio de ser parte de la interconexión mundial. Les facilitamos la identificación facial gracias a nuestras «etiquetas y menciones» y tienen un registro de nuestros consumos, preferencias e intereses… LES PERTENECEMOS.

      Mientras utilicemos internet  sin ninguna precaución y tengamos prácticamente toda nuestra vida volcada en los celulares, tablets, etc; les pertenecemos. Desde el desconocimiento o la inocencia, nos hemos entregado bajo la ilusión de libertad.

     Quienes saben (no es mi caso) sobre seguridad cibernética, toman tantas precauciones en los que nunca me habría puesto a pensar, si no hubiese caído yo misma bajo estos ataques dirigidos varias veces: la vulnerabilidad, lo que cedemos sin darnos cuenta y hasta aquellos intrusos que observan, leen y escuchan.

      Al desarrollo de tecnologías avanzadas para espionaje se suman las «FAKE NEWS» (noticias falsas con un direccionamiento político específico), el «SPAM» (mensajes repetitivos, en masa, publicaciones excesivas de textos, imágenes o enlaces, e incluso la solicitud de «amistad» a personas desconocidas) y el «ASTROTURFING», la construcción de discursos que parezcan populares y espontáneos para acercar votantes a tal o cual partido.  Esta última, es una herramienta de marketing trasladada al servicio de las «Cyber Troops», grupos pagos o que militan en organizaciones/Partidos Políticos, que también producen SPAM, FAKE NEWS o atacan de manera dirigida a opositores y activistas de DDHH.

    ¿Para qué? Para concentrar y sostener poder, apagar voces disidentes, correr el foco de atención cuando exista alguna noticia incómoda o comprometedora, desvalorizar la tarea o terminar con la carrera política de determinada persona, moralizar, criminalizar, humillar, instalar conceptos falaces como si fueran una verdad absoluta, manipular la opinión pública y generar odio, disfrazándolo de «buenas costumbres, moral, honestidad y lucha contra la corrupción».

     Pienso desde la GEOPOLÍTICA, y plataformas creadas por «hombres blancos del Norte»; y entonces, ¿desde dónde, quiénes, con qué finalidad se plantean las normas de «convivencia»? ¿A quiénes interpelan verdaderamente? ¿Se cumplen para todes igual?

    Dominar no sólo territorios sino a quiénes en él habitan, con formas más sutiles de control, sin la ferocidad de las bombas, atacando el «sentido común», silenciando al periodismo crítico, dando información masticada, estudiada para ser recibida de buen agrado, manipulando la opinión pública.

      Parece que «la base» para definir el límite de lo censurable es el famoso «discurso de odio» y qué cuerpos pueden mostrarse o no, de qué manera y bajo qué circunstancias ¿TODO ESTO ESTÁ CLARO? NO. Hemos comprobado muchísimas veces que la doble vara patriarcal, capitalista y clerical también funciona en internet ¿Cómo no iba a hacerlo si la estructura cultural, política, económica y religiosa define a todo el planeta, con variantes claro, pero casi como un calco?

      Y si el discurso de odio «es la expresión agresiva, inflamatoria o insistente», ¿existe alguno de todos esos «genios cibernéticos-controladores» que pueda diferenciar la violencia que nace desde el opresor y la de quien está resistiendo tal opresión? ¿Considerarán en el mismo nivel a los que tienen el poder y los medios para subyugar, aniquilar socialmente (o literalmente), acallar voces, dirigir ataques y manipular información, y quienes pelean contra el sistema defendiendo la equidad de acceso a todos los Derechos Humanos, para terminar con las diferentes violencias: machista, de género, económica, institucional, psicológica, política, religiosa, física, racial, étnica, cultural, de clase, capacitista, el odio hacia la comunidad LGBTIQ+, la hegemonía blanca, el colonialismo, el adultocentrismo, la romantización de todas las violencias y explotaciones, el maltrato animal.

     El discurso de odio real, el que nace de los sectores conservadores, antiderechos, tiene una finalidad concreta: incitar a la violencia o acciones perjudiciales contra una persona o grupo, intimidar, desacreditar,amordazar o difamar ¿Pará qué? Para sostener privilegios y poder. Porque si hay equidad, no hay privilegios y las relaciones de poder también cambiarían. Todos esos «abanderados de las buenas costumbres y la moral» no tienen ni la más ínfima intención de generar igualdad ¡MIRÁ SI VAN A PERDER SUS LUGARCITOS DE PODER! En general no tienen argumentos que puedan sostenerse ante nuestra mirada crítica y por ello recurren a la violencia. Detestan que utilicemos nuestras voces, que accionemos para modificar absolutamente todo, porque ven que se les empieza a mover el piso, bah, porque pretenden seguir parados sobre nuestras cabezas, consumiendo y utilizando nuestros cuerpos, porque no pueden vernos más que como cosas funcionales a sus necesidades, algo de su propiedad y de un status inferior al de persona. A las mujeres, lesbianas, bi, travestis, trans y no binaries, negras, campesinas, aborígenes, compas con discapacidad, nos atacan por nuestra apariencia, por el envase y/o por cómo vivimos la sexualidad, no por nuestras ideas.

   En las redes sociales digitales, el discurso de odio no es una excepción sino la regla. Esto es lo que define la doble vara con la que definen qué se censura o no, al igualar las violencias, también aseguran su abuso de poder para justificar eliminar a las voces que cuestionan y enfrentan la hegemonía.

  ¿Qué tan libre es la expresión?

   ¿Qué sucede con la desnudez de un cuerpo leído como «femenino», un cuerpo «disidente» atacado desde la gordofobia naturalizada, un cuerpo «disidente» de la heteronorma y la binaridad biologicista, un cuerpo de niñe o adolescente… y un cuerpo leído como «masculino», representante de la hegemonía patriarcal? No se perciben de la misma manera, no valen lo mismo.

   ¿Por qué el torso desnudo de un deportista no se censura y el de una deportista sí?
   ¿Qué pasa cuando quienes muestran TETAS lo hacen como manifestación de la desigualdad, como un posicionamiento político en contra de la lectura machista sobre los cuerpos?
   ¿Cuándo son para consumo masculino se permiten pero si lo que evidencian es la erotización, la cosificación de «lo femenino» está mal?
   ¿Cuando deciden no cubrir las caras ni los cuerpo maltratados y vejados de víctimas de femicidio, travesticidio o transfemicidio, qué significan esos cuerpos, qué mensajes dan?

    ¿Alcanza con el cartelito que avisa que «las imágenes pueden herir la sensibilidad»? Va más allá, nuestros cuerpos SIGUEN SIENDO TERRITORIOS DE CONQUISTA, A TOMAR Y COLONIZAR. ¿No es ese mismo aviso el que aparece resguardando imágenes pornográficas o de animales mutilados o violencia explícita contra nuestros cuerpos, despojados de lo humano que nos habita?
  Los posteos de supremacistas blancos como Trump, los discursos LGBTIQ odiantes , misóginos ¿NO INFRINGEN LAS NORMAS DE CONVIVENCIA? ¿ Entonces qué lo hace?

  ¿Qué sucede con los informes de transparencia?
  ¿Las plataformas reconocen su responsabilidad institucional sobre la difusión de contenidos que reproducen violencia simbólica continuamente?
    Todo es político, lo que se decide mostrar y lo que se oculta, lo que se masifica y viraliza y lo que se silencia o censura también.
   Hay una falta de estándares claros, que permiten concentrar el poder, con un efecto global.
    Si quienes supervisan, regulan o moderan contenidos dicen que «no todas las personas perciben la violencia igual» ¿qué nos queda? Eso es ignorancia deliberada, es poner a todas las violencias en una misma bolsa y creer que puede ser subjetivo.
     ¿Quién o quiénes deben estar a cargo de estos análisis? ¿Esta «confusión» o doble vara, a quiénes avala, cubre, protege o legitima?

     Las compañeras de Dominemos lasTIC (@dominemoslasTIC) nos explican qué hacer cuando alguien está sufriendo un ataque en Internet:

      Si politizamos todos los espacios de nuestras vidas, internet entra en la disputa política por el poder, la equidad y la libertad. Las activistas por la seguridad cibernética vienen diciendo que ya es momento de generar espacios propios, de generar un contra-discurso feminista, con reglas acordes a la perspectiva de género, anti-colonialista, anti-racista, anti-clasista, anti-capacitista. Debemos crear contenidos estratégicos, reforzar las redes reales y las virtuales, para desafiar estas normas que habilitan la violencia en todas sus formas. Necesitamos autocuidado, urgente.
   INTERNET SERÁ FEMINISTA.
   EL UNIVERSO TAMBIÉN
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*Ilustradora feminista
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