La violencia simbólica consiste en mensajes estereotipados que suceden de manera cotidiana e indican qué se espera de las personas en base a su género, edad, orientación sexual, entre otros. De todas las formas de violencia, es la más sutil, frecuente y naturalizada.
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Se replica en las familias, la escuela, los espacios de socialización y en los trabajos. En el ámbito laboral, estos mensajes sostienen y legitiman otras violencias, con graves consecuencias sobre quienes la sufren. Esto afecta el trabajo en equipo, genera ausentismo, aumenta la rotación; impactando en la productividad y el desempeño de las organizaciones.
Desde Grow – género y trabajo decidimos llevar adelante una campaña anual para invitar a la reflexión sobre la importancia de la violencia simbólica y realizamos una encuesta para conocer su impacto en el mundo del trabajo.
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La violencia simbólica en ámbitos laborales
El 60% de las personas encuestadas manifiesta que tuvo alguna experiencia de violencia simbólica en sus espacios de trabajo, proporción que asciende al 66% entre las mujeres cis, desciende al 61% entre las personas de identidades no cisnormativas y baja abruptamente al 29% entre los varones cis. Estos resultados contribuyen a visibilizar que las mujeres cis y las personas no cisnormativas están expuestas en mayor medida de aquellos discursos que promueven estereotipos y violencias.

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Situaciones vividas
Si bien el 81% de quienes participaron de la encuesta experimentó alguna situación de violencia simbólica, ninguna de las situaciones relevadas fue vivida por más del 50% del total de las personas participantes. Nuevamente, encontramos que la violencia simbólica es menos reconocida como una experiencia propia y más señalada como algo que pasa frecuentemente a “otras” personas.
A su vez, el 52% de las mujeres cis encuestadas reconoce que se les han asignado roles que están fuera de sus responsabilidades por su condición de género (por ejemplo, servir café, tomar notas, colgar el abrigo de mi jefe/a, limpieza, decoración de espacios, etc.). Esto le sucedió sólo al 11% de los varones cis y al 39% de las personas de otras identidades de género. Aquí también podemos observar el sexismo presente en la distribución de tareas. Ciertos roles y ciertas acciones, vinculadas al cuidado y la asistencia, suelen ser asignadas en mayor medida a mujeres cis.
Por otra parte, las bromas o comentarios inadecuados sobre la apariencia física y/o cuerpo (que son las más frecuentes en el total) fueron vividas por el 67% de las personas de identidades no cisnormativas, por el 49% de las mujeres cis y tan solo por el 28% de los varones cis. La única situación que reconocieron haber experimentado en mayor medida los varones cis son los comentarios estereotipados, bromas, chistes, burlas y/o apodos sobre la orientación sexo-afectiva (22% vs 16% de las mujeres cis y 11% de otras identidades). Todas las demás situaciones son más frecuentes entre las mujeres cis y personas de otras identidades, con brechas que van desde los 41 puntos porcentuales (pp) en la desigual asignación de tareas a los 4 puntos porcentuales (pp) en comentarios inadecuados por la nacionalidad, raza, etnia u origen… Seguir leyendo AQUÍ
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