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Entrevista a Ro Ferrer.

Por Lenny Cáceres

No recordaba cuánto tiempo había pasado pero sí el disparador de la primera entrevista a la ilustradora Ro Ferrer: “Llamó la atención un dibujo, fue fuerte, era todo lo que muchas deseábamos expresar, en cuatro frases, y ahí la firma: Ro Ferrer”.

Solo cuatro años separan aquel momento con el presente, y mucho ha ocurrido desde entonces. En una intensa charla virtual, la ilustradora repasó su experiencia personal, el intercambio en las redes sociales y no esquivó el debate sobre la prostitución. 

– Revisé la fecha: 9 de junio de 2017 ¿Hace tanto tiempo? O tan poco para lo mucho que hemos vivido, transitado, compartido. ¿Sos otra mujer hoy?

– ¿2017? ¡Parece que hubiera pasado muchísimo más tiempo! ¡Cuántas cosas hemos vivido en estos años y con qué intensidad! Pensar que en ese primer contacto, te hice llamar al Episcopado por error y pensaste que te estaba tomando el pelo ¡Cuánto hemos recorrido Lenny! Vos sos “mi Romay”, te lo digo desde esa primera entrevista, después todo se dio muy rápido. 

¿Si soy otra mujer? ¿Cómo no serlo después del “feminacimiento”? Me di cuenta en algún momento que no todo era como me lo habían enseñado, que yo tenía una percepción de la realidad pero eso no significaba que fuera la realidad. Y entendí que hay tanta diversidad como personas en el mundo, que somos parte de una misma “cosa” en distintos envases y subjetividades ¿Cómo no creer que se me deben estar escapando más cosas aún hoy? ¿Cómo no voy a estar todo el tiempo en “modo aprendiz” si cada vez tengo más preguntas? 

Ro Ferrer: Si los feminismos no van contra toda forma de desigualdad, ¿Por qué estamos luchando?
Ro Ferrer: Si los feminismos no van contra toda forma de desigualdad, ¿Por qué estamos luchando?

No creo que nadie sepa todo ni deba dar respuestas constantemente, me siento más honesta abriendo interrogantes, cuestionando, permitiendo las contradicciones que me habitan, que poniéndome en un lugar de relatar “la posta”. Me da risa cuando hablan de “la verdad”, “la realidad”. Todos los días me convenzo más de que cada quien tiene su versión, su perspectiva, viviendo con las herramientas que tiene, como puede. Me preocupa que necesitemos volver a llenarnos de otros “deber ser”. Ahora para “estar bien” tenés que “empoderarte”, “ser feliz”, “disfrutar”, “soltar”… La mayoría del tiempo hacemos lo que podemos, ni siquiera lo que queremos, y seguimos poniendo piedras en la mochila, inventando nuevos mandatos, nuevas categorías y etiquetas.

Volví a dibujar después de un tiempo de desconexión conmigo, y fue desde una necesidad de hacer catarsis, de ponerle nombre a todos esos ruidos que venía sintiendo y no percibía como formas de violencia. Pero hubo un momento que dejó de ser algo individual y pasó a ser colectivo, y ahí comprendí la responsabilidad y el compromiso que debía tener, la necesidad de profundizar y analizar continuamente desde una mirada interseccional, de derechos humanos, con perspectiva de género y conciencia de clase. Cuestiono, re-pienso absolutamente todo y tengo diez mil contradicciones, muchos menos miedos y ya casi nada de culpa por ser quien quiero ser o por el modo que elijo vivir (aunque el patriarcado caló profundo y suele colarse siempre por algún lado).

Claramente no soy la misma. Pude transformar todos esos momentos durísimos que me tocó transitar a través de las ilustraciones… Sanar desde lo colectivo todo lo que percibía como individual, entendiendo que se trataba de construcciones culturales y que por lo tanto cada desigualdad, forma de discriminación y violencia, eran estructurales, sistemáticas. No me pasaba sólo a mí. 

Hubo un momento específico en el que me prometí no tolerar ningún tipo de violencia más, viniera de quien viniera, y en eso ando. 

 – La sensación de que crecimos es fuerte, o la vida nos encuentra en otro momento. En la acción militante siempre apelamos a la memoria, también para no olvidar de dónde venimos ¿Seguís siendo divertida y a la par cruel y exigente con vos misma? ¿Quién sos hoy?    

– El año pasado, durante el primer año de pandemia, me metí un poco más hacia adentro, conecté con la ternura, con partes de mí que estaban adormecidas. Ahí hubo un cambio de estética, apareció la luz, los ojos abiertos y coloridos como mandalas. Sentí que no era momento para ir al choque, que debía buscar otro modo de decir, intentar llegar a quienes aún no tienen acercamiento al feminismo, y también necesité implementar el auto-cuidado porque el cuerpo empezó a pasar factura después de semejante vorágine.

Sigo riéndome mucho de todo, especialmente de mí (de hecho dibujo y suelto carcajadas por las pavadas que se me van ocurriendo). Juego. Y sí, sigo siendo cruel conmigo, quizá un poco menos. Hace cuatro años, estaba absolutamente atravesada por situaciones personales muy dolorosas y las heridas aún estaban a flor de piel. Hoy estoy donde quiero estar, cada vez hago menos cosas porque «las tengo que hacer”, escucho las tripas cuando me avisan que estoy por meter la pata o cuando percibo que estoy yendo contra aquello que creo. No soporto “desalinearme”, lo percibo físicamente. 

Por primera vez siento una libertad absoluta y estoy convencida que viene del equilibrio que busco continuamente entre lo que pienso, digo y cómo manejo mi accionar. 

Estoy feliz, me reconozco. Ando por la calle bailando, me emociono mucho, todo el tiempo ¡Disfruto sin vergüenza, sin preocuparme por lo que piensen los demás! Me harté de ser para otros, de tener que encajar, adaptarme… si algo no va, me voy de ahí.

Es fundamental apelar a la memoria para reconocer trayectorias, procesos, enseñanzas, aprendizaje, de dónde venimos, comprender que todo eso que hoy vivimos como “derechos” y nos parece “normal”, se obtuvo gracias a que otras dejaron todo para mejorar la calidad de vida de quienes vinieran después. 

Duele cuando “todo es lo mismo”. ¡Basta! No todo es lo mismo, no todas, todos, todes tenemos el mismo nivel de exposición, recorrido, conocimiento. Si bien a todas las personas nos atraviesan violencias, desigualdades y discriminaciones, no necesariamente son las mismas ni se dan de la misma manera. Me cansa la competencia de opresiones. Rompamos todo, desarmemos todo el sistema, no solo la parte que me afecta… Aprender a cuidar a las otras personas es parte de la misma deconstrucción patriarcal. 

Memoria feminista, para mí, implica darle importancia a nuestras ancestras y también a las que tenemos al lado. Lo hemos conversado infinidad de veces preocupadas por cómo la masificación que se dio en estos últimos años también vino con un desconocimiento de estas trayectorias y procesos que suele terminar en “cancelación” u otras formas de violencia disfrazadas. Por ejemplo, hace tiempo me hace ruido el uso de dos términos que se fueron deformando: sororidad y empoderamiento. La utilización ha derivado en la imposición de modos de ser específicos, y detecto en ello nuevas formas de disciplinamiento, opresión, esto de tener que ser “buena feminista” ¿Quién da el carnet?

Siempre es más sencillo corregir y completar la idea de una compañera que se la juega y expone lo que piensa; escrachar en las redes, burlarse, desestimar las ideas que difieren de la propia, que armar un posteo propio, “original”, desde cero. No hay costo para quienes tienen esas actitudes, mientras que para quienes se animan a hablar, sí. Con Diario Digital Femenino sucede continuamente, lo vi también hacia una gran cantidad de compañeras que generan contenido constantemente ¿Sólo valemos mientras pensamos igual? ¿Realmente tenemos que pensar del mismo modo sobre todos los temas? 

– ¿Cuál es tu faro? 

El faro es un nuevo modo de relacionarnos, no hablo sólo de vínculos sexo-afectivos ¿eh? Todas las relaciones de nuestras vidas deberían ser replanteadas desde otra lógica humanizante, desde la diversidad en todo su espectro, con ternura… Soltar el ego, entender que somos una fracción ínfima dentro del Universo, que somos lo mismo pero nos han hecho creer que hay personas con mayor valía que otras, que el poder es la solución, tener, llenarse de cosas para tapar huecos.

Mi faro es proyectar un paradigma en el que las niñeces y adolescencias crezcan y se desarrollen en libertad, sin violencias de ningún tipo. Que tengamos conciencia de género, clase y ecológica para derrumbar el viejo sistema.

 Me aterra que volvamos a encajonarnos, adaptarnos, recortarnos. Hoy necesitamos nombrar todo para visibilizar lo interseccional (pienso que así vamos a estar durante un tiempo largo). Pero me gusta imaginar un mundo sin etiquetas. Sin embargo, desde que nacemos en esta cultura patriarcal, machista, nos enseñan a estereotipar, estigmatizar y conectar desde el enfrentamiento.

Mi faro es continuar funcionando como canal de comunicación, aprendiendo muchísimo más, con humildad, sabiendo que puedo pifiar en cualquier momento, porque el patriarcado se nos cuela por todos lados. Busco desarmar todo eso que me hace ser cruel conmigo. Cada tanto aparece el Síndrome de la Impostora, siento que me falta un montón.

¡Fucking patriarcado! nos entrena para que dudemos de nuestras capacidades, que debamos demostrar cuánto valemos, siempre desde la mirada de los demás… Y pareciera que nunca somos suficiente.

Las redes y el intercambio.

– ¿Cómo te llevas con la devolución de usuarias y usuarios de redes sociales?, es tu ámbito de difusión y trabajo. 

Muy bien, en general son mensajes amorosos, de apoyo, incluso con mucha complicidad, especialmente cuando posteo historias de “mala madre”. Me divierto mucho con los idas y vueltas de los comentarios. Por ejemplo, me cuentan cómo y dónde se esconden a comer la última golosina para no compartirla con hijes. A veces son posteos desopilantes.

No suelo recibir ataques salvo cuando critico algo sobre fútbol jajaja… Bueno, en los momento álgidos del debate sobre la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), sentí fuerte el backlash, esa respuesta violenta de los sectores conservadores frente a nuestro avance en cuanto a derechos, oportunidades y libertades. 

Ro Ferrer: Si los feminismos no van contra toda forma de desigualdad, ¿Por qué estamos luchando?
Ro Ferrer: Si los feminismos no van contra toda forma de desigualdad, ¿Por qué estamos luchando?

Me hackearon y cerraron Twitter en 2018, continuamente denunciaban mi Instagram “por pornografía”, para intentar hacer que anularan la cuenta. Quizá parezca una pavada, pero tomamos las redes como modos de expresarnos y visibilizar nuestras realidades y exigencias. Tenemos claro que el reclamo es político y la lucha es cultural, y animarse a publicar sabiendo que te iban a llover amenazas, agresiones, bueno es el costo que no tememos tener a cambio de nuestra liberación. Es esta época que nos toca, una en la que los espacios virtuales también construyen sentido, mueven información, definen votaciones.

Claro que también soy consciente de que es un “microclima”, que hay miles de personas que ni se enteran de todo esto, que no tienen acceso a la conectividad ni a las redes sociales.

Antes tomaba muy personal los insultos de haters y anti-derechos. Ya no, entendí que es estructural, que no importa quién sea, qué haga o diga, no es por mí. Es hacia todas, todes, todos lo que se corren de ese lugar que define el deber ser, lo esperado. Ya no me enojo, sin embargo, la violencia que recibimos desde las redes, se siente en el cuerpo. Y si viene de quienes se supone, son de tu mismo palo… se siente diez veces más.

– En la primera charla hacías una apuesta fuerte a la sororidad como la herramienta más potente contra el Patriarcado. En ese sentido ¿Cuál es tu cosecha? 

– Hemos armado redes, que muchas veces dieron respuesta donde el Estado no lograba llegar. Empecé a notar que el término «sororidad» desde la práctica se iba alejando de su concepción. Dejó de ser un acompañamiento de los procesos colectivos e individuales para transformarse en un modo de disciplinamiento. Si no coincidís, sí no accedés a alguna demanda «tan sorora no sos”. Dejé de utilizarlo. Cada vez me cuesta más nombrar, porque empiezo a percibir todo como una encerrona. Hacia adentro del movimiento detecto una pelea de egos enorme, veo cómo el patriarcado se disfraza y cuela en una competencia de opresiones, como si el fin no debiera ser el desarme absoluto de todas las opresiones, desigualdades y violencias. 

Y en cuanto a la cosecha personal, me he rodeado de personas maravillosas de las que aprendo continuamente, de fierro. Las que sostienen cuando vienen momentos fuleros, las que empujan a seguir incluso sintiendo un dolor profundo por ver cómo se ha fragmentado algo que durante la lucha por la IVE parecía haber encontrado una cierta unidad incluso desde las diferencias.

Prostitución y Trata de Personas.

Del tránsito de los últimos años podemos mencionar esos logros, Aborto legal, Cupo laboral Travesti-Trans, entre otros. Existe una deuda pesada y cruel asociada a la Prostitución, la Trata de personas con fines de  explotación sexual y la lucha abolicionista para vencer al sistema prostituyente… ¿Dónde te encuentra esa mirada?  

– Si los derechos no son para todas las personas, entonces no son derechos sino privilegios. Una lucha que sólo busca solucionar las demandas de un grupo en detrimento de los derechos de tantas personas, para mí no es feminismo, no es pelear por los derechos humanos.

El ejercicio de la prostitución no es ilegal en nuestro país. Desde1965 es libre y no sujeto a forma alguna de reglamentación.

Es cierto que durante la pandemia, quienes no tienen otro modo de subsistir y están en situación de prostitución, han sufrido aún más la feminización de la pobreza, el hecho de no poder salir a la calle les recortó su fuente de ingresos. Y ahí también empieza a verse la desigualdad dentro de todas las personas que son prostituidas, un sistema que analizo como una de las patas que sostienen el patriarcado capitalista, teñido de doble moral religiosa.

En mis inicios feministas, viniendo de situaciones de violencia por motivos de género, lo primero que necesitaba era libertad, poder hacer y ser lo que quisiera. Entonces, lógicamente, al no haber profundizado en el tema, y viéndolo desde el ángulo de mi individualidad, de mi vivencia, compré el relato que el reglamentarismo utiliza como bandera, y que resignificó desde la lucha por el aborto, por el derecho a decidir: “Con mi cuerpo hago lo que quiero”. No había ido más allá de esa mirada individualista, y claro, cada persona debería ser libre de hacer con su cuerpo y su vida lo que quiera. Pero acá no hablamos de individualidades sino de realidades diversas, de algo colectivo.

Al conectar con sobrevivientes y otras compañeras en situación de prostitución, incluso con trabajadoras sexuales; entendí que no significaba lo mismo esa frase en el contexto de la IVE, que realmente es un derecho para todas las personas con capacidad de gestar y que en definitiva se trataba de salir realmente de la clandestinidad y llevar equidad en el acceso a un derecho tan básico como la salud sexual, reproductiva y no reproductiva de cada persona.

¿Cuál es la enorme diferencia cuando se usa para hablar de las personas en situación de prostitución? Que es una falacia. La prostitución autónoma en Argentina no es ilegal, lo ilegal es la Trata de Personas con fines de explotación sexual (Ley 26.364). Claro, incluso con los edictos que anularon la persecución policial hacia las compañeras, siguen siendo amenazadas, perseguidas, coimeadas por efectivos de esa Fuerza. También porque se han encargado de hacer creer que quienes están siendo prostituidas están ejerciendo un delito. 

No todas estás en una situación similar. Aclaro, siempre es con las compañeras, nunca en contra, se definan cómo se definan. Estas discusiones que solemos tener, afectan directamente a muchas personas. La mayoría ni se entera, obvio, y les importa un comino todo lo que discutamos cuando lo que precisan son soluciones, cuando su realidad diaria es tener que poner el cuerpo para que veinte tipos distintos hagan lo que quieran, como quieran…olores, sabores, violencias, cosificación, separarse del propio cuerpo para no sentir. Aunque ni vos ni yo lo hemos vivido, prestamos el espacio para amplificar las voces de las sobrevivientes, de las más vulneradas dentro de un grupo con derechos vulnerados. Ese es nuestro compromiso en definitiva.

– Hay tres posturas. Dos extremos definidos como prohibiciónismo y reglamentarismo, y una tercera postura intermedia, el abolicionismo.

– El Estado argentino es abolicionista. El abolicionismo no es homogéneo hacia el interior del movimiento, diferimos en ciertas posturas y modos de analizar la diversidad de realidades. Hay personas de las que me siento muy alejada en algunas cuestiones. 

No consideramos a la prostitución como un “trabajo” porque lo vemos una pata fundamental dentro del sistema patriarcal, capitalista, religioso, como generador de desigualdad, opresión, deshumanización y violencia machista y de género. Algunas compañeras no aceptan la autodeterminación de quienes se definen como “trabajadoras sexuales”; otras (me incluyo) comprendemos que en este entramado cultural, social, político,  económico y clerical, la interseccionalidad es feroz y que cada quién debe poder recorrer su camino como mejor lo crea. Quiénes somos para decirle a otres qué hacer o no con su vida. 

Aprendí a cuestionar todas las elecciones, pensándolo en este entramado que nos setea desde la niñez desde los roles, estereotipos y mandatos de género, que nos ubica, define, controla incluso a nuestros deseos. Qué deseamos, desde dónde, entre qué opciones. No somos libres ni siquiera para soñar lo que solemos soñar.

Desde el abolicionismo se busca desarmar el sistema prostituyente como normalizador de la desigualdad y violencia machista y de género estructurales. Hoy en día hay presentado un “Programa Integral de Protección y Asistencia a Personas en Situación de Prostitución”, presentado por la diputada nacional Mónica Macha y la organización Furia Trava. Desde la postura abolicionista no se busca prohibir el ejercicio de la prostitución, como dice Florecía Guimaraes García (que se considera sobreviviente): «Todos los derechos para todas las personas», y mientras existan compañeras que se mueren de hambre, en la zona roja, en las esquinas, en las rutas ¿de qué elección nos hablan, la de quiénes?

El prohibicionismo, basado en la doble moral católica, considera la prostitución un delito y persigue a las personas en situación de prostitución (no a los puteros, consumidores, “clientes”).  

El reglamentarismo busca la categoría de “trabajadora sexual” reglamentando la prostitución a través de un monotributo específico y Libreta Sanitaria. Hoy en día, muchas son autónomas y algunas tienen monotributo. De reglamentarse, esas condiciones serían obligatorias, entonces quienes no pudieran cumplir con ellas quedarían por fuera de la legalidad. Es decir, algo que hoy no es ilegal empezaría a serlo. 

Hay un intento por instalar la categoría de “trabajadoras sexuales”, como si fuera la única realidad existente dentro del espectro del sistema prostituyente, y no todas se definen de esa manera ni piensan que la prostitución sea un trabajo, sino un medio para sobrevivir cuando no hay otras opciones. La opción de entrar al sistema prostituyente existe porque hay una demanda masculina hace siglos. Desde la mirada reglamentarista, en general se niega que trata y prostitución sean dos caras de la misma moneda. Claro que no son lo mismo, y que no todas están allí en situación de trata, pero la gran mayoría es prostituida porque no tiene otras opciones y todas las que eligen y las que no, están en esa situación porque desde hace siglos que el patriarcado capitalista y clerical instauró la idea de que nuestros cuerpo son mercancía, objetos para consumo masculino y hablamos de violencias y desigualdad estructurales, por motivos de género, clase, étnico-racial, lugar de origen, situación económico-habitacional… Lo somos y no sólo en lo referido a este tema, hemos sido incubadoras, electrodomésticos con patas… Lo que un varón necesitara para tener todos sus deseos y necesidades cubiertos. 

Siempre quienes podamos “elegir”, tener opciones, estamos en una situación privilegiada. Que no se mal entienda, yo hablo de privilegios cuando otra persona no puede acceder a cualquier derecho por el que se pelee, y poder decidir. Es un privilegio si hay miles de personas que no pueden. Pensándolo desde el tema del que hablamos, si no entran en este sistema no comen, no alimentan a sus hijes, no tienen donde vivir. Es un privilegio poder elegir con quién, dónde, cuándo. A veces siento que se habla de interseccionalidad de manera selectiva.   

– ¿De qué modo un derecho para un grupo específico puede significar que empeore aún más la situación de una inmensa mayoría? 

– Me parece lógico el planteo si todas las personas pudieran alimentarse todos los días, tener vivienda segura, acceso a la salud, la educación, un trabajo elegido. Y de nuevo, no todas eligen ser prostituidas. Eso es lo que no entiendo, cómo se puede defender la reglamentación cuando enviará al muere a tantas personas…

Necesitamos buscar soluciones reales sin dejar afuera a nadie. A esta altura siento que las definiciones sólo sirven como excusa o impedimento para resolver efectivamente lo estructural. Hay demasiados intereses políticos, económicos y culturales para no desterrar esta práctica. Sin demanda no habría Trata.

Si los feminismos no van contra toda forma de desigualdad, violencia, explotación, silenciamiento, invisibilización, discriminación y deshumanización ¿Por qué estamos luchando? Frente a frases como “todas vendemos nuestro cuerpo al sistema”, es que hay que analizar con detenimiento y mirada crítica. En un sistema capitalista de hiper-productividad, reconociendo la división sexual del trabajo, la desigualdad por motivos de género. 

¿Cómo no ver al sistema prostituyente como una pata del entramado patriarcal? ¿Por qué siempre se pone el foco en quienes son prostituidas/es y no sobre los proxenetas y quienes consumen cuerpos como si fueran un pedazo de carne, agujeros, a cambio de dinero? Consumidores que ni se cuestionan si esa “cosa” que tiene delante está ahí por decisión propia, si es víctima de trata, si está cagada de hambre y no le queda otra… 

Ese discurso reglamentarista, de “con mi cuerpo hago lo que quiero”, está negando la realidad de muchísimas personas que no están pudiendo hacer una mierda lo que quieren. Es simplificador, negacionista y funcional al lobby proxeneta que mueve millones. Digo, en situaciones de equidad en el acceso a todos los derechos, que cada quien haga lo que se le cante, ¡cómo que no!  Siempre. Pero no a costa del cuerpo de otra, otre, otro… No en detrimento de los derechos humanos de otras, otres, otros. Para mí, ser abolicionista es ir contra el sistema patriarcal, es pensar de manera colectiva y analizando todas las realidades, para que nadie quede afuera.

 

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