Privatización y globalización: derechos humanos de las mujeres
Blanca Pedroza*

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Introducción
La globalización representa la exclusión de una inmensa mayoría de seres humanos. Con la globalización los derechos humanos de la gran mayoría de las mujeres se han visto eliminados ante el proceso de privatización por parte de las grandes corporaciones. No sólo la privatización se ha dado en el sector financiero y productivo sino que ha acompañado los servicios como el agua y la educación. La globalización ha sido posible gracias a la mundialización de los medios de comunicaciones y la tecnología informática, vehículo ideal para el capitalismo de tipo neoliberal cuyo sustento teórico es la ley del libre mercado. En el presente trabajo, nos interesa demostrar cómo la privatización en el marco de la globalización ha incidido en el menoscabo de los derechos humanos desde una visión androcéntrica. El neoliberalismo y la exclusión de las mujeres del derecho a la equidad y la justicia han venido a establecerse sin importar el trabajo de las Naciones Unidas en relación a los derechos humanos económicos y sociales.
Neoliberalismo androcéntrico: privatización de derechos humanos
El producto más evidente de la globalización es la exclusión de una inmensa mayoría de seres humanos. Tal como ya hemos expresado, la globalización ha sido posible gracias a la mundialización de los medios de comunicaciones y la tecnología informática, vehículo ideal para el capitalismo neoliberal cuyo sustento teórico es la ley del libre mercado.
El principal mecanismo de transferencia de riqueza es la especulación financiera, cuyo objetivo principal es la acumulación del capital, que se sitúa por encima de cualquier norma ética, política pública o ideal ecológico, acentuándose así la brecha entre los pocos multimillonarios del planeta y la escandalosa mayoría de pobres, siendo América Latina la región con mayor disparidad en la distribución de la riqueza. De entre los habitantes más pobres del planeta, el 70% son mujeres (incluyendo a las niñas) quienes, junto con los niños, conforman el sector más marginado en un mundo de relaciones dominadas por hombres.
Por lo que respecta a la participación de las mujeres en los grandes puestos de toma de decisiones, y que en buena medida conducen el orden mundial vigente, su presencia es casi accidental: las mujeres ocupan apenas el 5% de los puestos de mayor jerarquía en las grandes corporaciones y se encuentran prácticamente excluidas de las instancias internacionales de decisión en materia económica.
Por ejemplo, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio nunca han sido presididos por una mujer, y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico nunca ha tenido una secretaria general. Sólo un ínfimo porcentaje de mujeres ocupa puestos intermedios en estos organismos, incluyendo a los representantes de los Estados, frente a la aplastante mayoría masculina. Muy contados son los países que tienen como primera mandataria a una mujer, y por cierto no se trata de los paí- ses más poderosos que rigen el orden económico mundial. Situación semejante se observa en la Organización de las Naciones Unidas y en los organismos de defensa de los derechos humanos, sin ser América Latina una excepción.
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* Socióloga por la Universidad Autónoma de Aguascalientes con estudios de Maestría en Estudios Latinoamericanos en la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente se desempeña como visitadora adjunta en la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal en México.