Feminismo latinoamericano: imperativo ético para la emancipación
Alba Carosio*

La ética, para nosotras, antecede a la política y la redefine.
Marcela Lagarde

El grado de la emancipación femenina constituye la medida natural de la
emancipación general.
Karl Marx

 

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El “capitalismo en su fase globalizada” pretende hacer del planeta un espacio único y sin fronteras para el dinero, las mercancías y los servicios; se propone el imperio de lo económico por encima de consideraciones éticas y políticas. En el centro de esta concepción está la idea de que el crecimiento económico es un fin en sí mismo y el mercado con sus principios se presenta como natural e ineludible, siendo el gran regulador de la vida humana. Se postula que bajo la gran mano del mercado se lograrán para la humanidad el progreso y la felicidad completa; el mercado se presenta como la garantía de la realización humana que se cumple a través del consumo soberano.
La globalización capitalista fue acompañada y favorecida por la difusión del modelo de sociedad de consumo y, en consecuencia, la mayoría de la población mundial no sólo ambiciona la posibilidad de escoger entre distintas ofertas demercancías y participar en el estilo de vida de los países industrializados, sino que considera esta posibilidad como contenido esencial de la libertad individual y la autorrealización. Como parte de este proceso, América Latina fue golpeada durante los noventa de modo brutal por un neoliberalismo primitivo impuesto sobre estructuras de desigualdad y miseria, que promovía un modelo de consumo hedonista de pequeñas capas de la población.
La globalización fue avanzando, impulsándose con la racionalidad neoliberal que concibe al mercado no sólo como la institución social que asigna eficientemente los recursos, sino como regulador de decisiones sociales, como guía de políticas y, todavía más, como valorador de seres humanos y distribuidor de felicidades. Las sociedades latinoamericanas fueron arropadas por una globalización capitalista que –con el trasfondo de la decepción de la política como vía para la construcción de utopías– aparecía como única alternativa posible. Bajo el peso de la desocupación y la flexibilización de los mercados de trabajo, la vida cotidiana se fragmentó y se concentró en las actividades y capacidades individuales para el goce o la “sobrevivencia”. Tuvieron lugar una serie de transformaciones que fueron presentadas como una “revolución silenciosa” en América Latina, que iba modificando las formas de vida cotidiana porque el mercado pasó sobre los mapas y arrasó con las diferencias geográficas. La vida cosmopolita se presentaba en Latinoamérica como la única vida deseable y posible para todos y todas…
 
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* Doctora en Ciencias Sociales. Directora del Centro de Estudios de la Mujer, Universidad Central de Venezuela. Participa en iniciativas sociales y proyectos de investigación feministas desde 1978.
 

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