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Reconocimiento y justicia son las dos palabras que las trabajadoras de la Línea 144 bonaerense le ponen a la lucha que culminó con la reestatización de sus empleos a partir del 1 de julio de este año, incorporando como empleadas del Estado a 80 operadoras y 8 coordinadoras. Estela Díaz, titular del Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual, lo había anunciado el pasado 8 de marzo: “No eran trabajadoras del Estado porque estaban tercerizadas. Y eso es lo que vinimos a reconstruir”.

Por Alejandra Benaglia*

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La línea de atención telefónica a mujeres en situación de violencia fue creada en el 2007 en el marco del programa AVM (Atención Violencia Mujer) respondiendo a la ley de violencia familiar de la provincia. En el 2013 se crea a nivel nacional la línea 144 y en el 2016 se hace un convenio mediante el cual AVM cambia de nombre y se terceriza: la línea que era estatal empieza a ser operada por Provincia Net y la compañeras que ingresaban lo hacían, algunas como empleadas de comercio y otras como monotributistas quedando precarizadas, sin la seguridad en la continuación de sus tareas y sin derechos laborales.

Muchos fueron los reclamos, las luchas, los despidos y las situaciones de violencia –laboral, psicológica, económica-  que, paradójicamente, tuvieron que atravesar quienes debían atender los llamados para brindar atención y contención. La llegada del gobierno de Mauricio Macri y la gobernación de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires en el 2015, convirtió una línea de ayuda fundamental en un call-center donde el “resultadismo” como método evaluativo del trabajo de las operadoras tomaba en cuenta el tiempo que «perdían» con cada comunicación y no la vida que salvaban con cada contención. Un paradigma de recepción telefónica que instalaba la dinámica de atender, derivar, hacer la denuncia y cerrar la llamada muy rápidamente. Tiempo y  cantidad y en lugar de servicio y calidad.

“Cuando se crea el Ministerio, la prioridad era la estatización de la Línea 144, declaró la subsecretaria de Políticas contra las Violencias por Razones de Género Flavia Delmas. Nos encontramos con situaciones aún peores de las que imaginábamos respecto al funcionamiento y las condiciones de trabajo. Hubo que reformular todo, en un año de pandemia y en un servicio que por su función fue considerado como esencial.”

Para Malena Maturano, ex delegada y actual supervisora interna de la línea, la creación del ministerio trajo muchos cambios. “Quienes atienden los llamados tienen hoy, además de la supervisión externa, una supervisión interna: un rol de cuidado recomendado en la bibliografía que habla de violencia de género. Se creó un equipo de psicólogas para contener a operadoras y coordinadoras. Se cumplió el cupo laboral travesti-trans por lo que actualmente en la línea no trabajan solo mujeres y lesbianas, sino que también compañeras no binarias, varones trans y compañeras travestis. También recibimos una capacitación durante todo el año pasado coordinada con la Facultad de Psicología que, además de ser un proceso obligatorio para quienes trabajamos en el Estado, es un mecanismo de cuidado porque nos da más herramientas para enfrentar la atención, genera menos estrés, previene el síndrome de burnout (cronificación del estrés laboral) y por ende, mejora la calidad de nuestro trabajo.

La estatización no sólo modifica la condición laboral de las y los operadores, sino que permite también desarrollar plena y estructuralmente a la Línea como un servicio de atención primaria para mujeres y personas LGTBI+ como parte de las políticas públicas de prevención y erradicación de las violencias. Desde el Ministerio ya no se habla de “violencia contra las mujeres”, ni de “violencia de género” sino de “violencia por razones de género”. Una ampliación conceptual que repercute en la definición de cuál es la población destinataria de la línea, atendiendo también las violencias que se relacionan con lo heteronormativo, ya sea por su identidad de género, por su orientación sexual o por su expresión de género.

 “La incorporación de la perspectiva de la diversidad sexual explica Maturano- nos obliga a repensar las herramientas legales con las que trabajamos, por ejemplo, la Ley Nacional de Protección Integral a las mujeres no es un recurso en aquellos casos en los que atendemos a varones gays y trans, pero sí podemos usar la Ley Provincial de Violencia Familiar. Este es un cambio que no solo atraviesa a quienes trabajamos en la línea, sino que es un debate que el ministerio en su totalidad está teniendo y que las instituciones que trabajan con violencia están estudiando en las áreas de género municipales. Implica un cambio porque hay toda una línea teórica que plantea que la violencia tiene que ver con el solo hecho de ser mujer o con la desigualdad de poder entre varones y mujeres y para pensar la violencia en parejas homosexuales o hacia el colectivo LGTB debemos incorporar otras nociones como la de heteronormatividad.  La construcción binaria de identidades de género es absolutamente central al patriarcado y no sólo la asignación desigual de poder a esos géneros, sino la construcción misma que ejerce violencia hacia todas aquellas personas que se corran de ese binarismo. Personas trans, travestis, transgénero, no binarias.”

La pandemia, el aislamiento y el distanciamiento social, preventivo y obligatorio llevaron a la línea a ampliar su capacidad de recepción incorporando el WhatsApp y el Telegram.  Se pensó en quienes no podían comunicarse de forma verbal, pero sí lo podía hacer de forma escrita; en  personas con problemas auditivos o en el habla y beneficio al colectivo LGTB que se ha sentido más cómodo consultando inicialmente a través de estos medios.

 “Estos cambios tan importantes – afirma Maturano- se plasmaron en un documento que es la nueva guía de atención. Esta gestión piensa a las trabajadoras como equipos altamente capacitados que pueden generar intervenciones creativas y singulares. Por ejemplo, antes no se hacían registros de casos de las consultas que fueran realizadas por personas que no fueran mujeres o mujeres auto percibidas o mujeres cis. Pero ahora hemos comenzado a registrar las consultas de varones gays y de varones trans también, siempre y cuando sufran violencia por razones de género. Lo que antes era un equipo de seguimiento, ahora es una dirección provincial que se fue diversificando y creciendo en su campo de intervención.  También hay un equipo de femicidios, otro que hace el control de los dispositivos duales y un tercero que trabaja con situaciones de trata.

La reestatización de la Línea 144 y el pase a planta permanente de sus trabajadoras no es más que la reivindicación de un derecho y el reconocimiento de la violencia laboral que han sufrido, paradójicamente, quienes deben poner su oreja a personas que atraviesan una situación de violencia por razones de género. Mucho más que la simple atención de un llamado: una respuesta que salva vidas.

(*) Periodista feminista. Delegada sindical. Columnista de Diario Digital Femenino
Mujeres Sindicalistas
alebenaglia@hotmail.com

Guía Línea 144: Presentación y PDF

https://www.youtube.com/watch?v=TzFzyF-D2EA&ab_channel=MinMujeresPBA
https://ministeriodelasmujeres.gba.gob.ar/drive/archivos/guialinea144.pdf

 

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