Hotel Gondolín, la casa de las travestis y trans
En Villa Crespo hay un hotel que se convirtió en la cuna de las travestis y trans, no es una construcción destinada a la explotación comercial. Es un espacio que actualmente hospeda a más de 40 travestis y trans que llegan de distintos puntos del país, obligadas a dejar sus ciudades natales para esquivar la violencia policial y expulsión social.
Fuimos a conocer sus historias, que son de lucha y resistencia pero también de mucho rechazo, muertes de amigas y dolor. Conocimos el lugar que las abraza y las hospeda, el territorio de abrigo y contención cada día. Las mariposas se acomodan, sacuden sus alas, multicolor, las más coquetas ya están listas hace rato. Bajan las escaleras riendo.

Despiden a su amiga Luz, ella no puede marchar, ni siquiera salir del hotel. Está bajo prisión domiciliaria acusada injustamente de un crimen que no cometió. La Justicia, esa institución que apesta por ser tan patriarcal, la condenó sin pruebas. Fuimos juntas en el 168 hasta Congreso. Juntas, cuidando una de la otra, soñando con una vida sin violencia machista.
Para mí las chicas de este lugar son mi familia

Algunas venían del interior, donde no podían ejercer el trabajo sexual, acá arreglábamos con la policía, podíamos trabajar pero si no les pagábamos nos detenían. Una vez en los 90 terminé en el hospital Fiorito por una paliza que me dio un policía y cuando me dieron el alta a la salida estaba el patrullero esperándome”, narró Zoe, mientras recuerda como zafaban de la policía con su amiga, la peruana, que le abrió las puertas del Gondolín y con quien empezó a militar por sus derechos en los calabozos.
Desde hace casi 30 años este lugar brinda mucho más que una cama donde dormir. El Hotel Gondolín es un territorio de abrigo y contención. Para muchas chicas trans que pasaron por allí fue el envión para capacitarse, estudiar e insertarse en el mundo laboral y para que el trabajo sexual deje de ser la única opción. Una pensión de tres pisos y 20 habitaciones, de paredes de un azul cielo despejado, donde muchas encontraron el sol en medio de la tormenta de sus vidas atravesadas por la marginalidad. Totalmente autogestionado y administrado por travestis y trans desde hace 15 años.

La vereda del Gondolín se llena de divas de melenas infinitas, lacias, doradas, de rulos negros fornidos, boquitas sensuales, labios de rubí. En la parada del colectivo “la gente” mantiene distancia de las mariposas. ¿Acaso no les abruma su hermosura? Parafraseando a Lemebel, las caras de quienes las ven pasar parecen esbozar “son travestis pero son buena onda”. Ellas aceptan el mundo sin pedirle esa buena onda y ríen olvidando sus cicatrices.
En las provincias se está retrocediendo, hay chicas que ni pueden acceder a un hospital

Esa violencia que las travestis y trans sufrían después de la vuelta a la democracia está volviendo, Zoe dice: “Estos últimos años se retrocedió un montón, la policía vuelve a ejercer la misma violencia que en los 90. Por ejemplo, en Salta las chicas vienen escapándose de sus provincias por la persecución policial, porque no las dejan ni caminar, esto no puede volver a pasar, en las provincias se está retrocediendo, hay chicas que ni pueden acceder a un hospital”.

Macarena viene de esos pagos, tiene 32 años, es oriunda de Oran, Salta y peluquera de profesión. Viajó a Buenos Aires en busca de trabajo, que no encontró en su provincia natal. “Sufrí violencia en mi vida como algo cotidiano. Siempre hago esta comparación: a lo largo de su vida, la gente recibe más amor que odio. A nosotras nos brindan más odio que amor. La violencia y la discriminación en las ciudades de las provincias del Norte es una constante, es una realidad que las chicas siguen padeciendo, día a día y también el rechazo de parte la familia”, se lamenta.

La calle las espera, ellas la conocen bien, a falta de otras oportunidades o por elección propia, la mayoría de las mariposas del Gondolin han tenido que trabajarla. Esta vez pisan suelo porteño para exclamar que al calabozo no vuelven más, sacan sus carteles de letras con el puño izquierdo en alto y forman la frase “Ni una trans menos”. Marchan a paso audaz, dignas, orgullosas de exhibir sus alas, sus cuerpos, sus identidades, juntas.
Fuente: Revista Critica