
por Dafne Sabanes Plou*
La militancia feminista ya se apropió de los espacios digitales, redes sociales, aplicaciones y otras herramientas para irrumpir con su discurso y creatividad, reformulando también la posibilidad de tener voz, imagen y movimiento sin fronteras y sorteando censuras. Si en algún momento nos alegrábamos porque encontrábamos en línea los debates y la literatura feministas y podíamos leer, escuchar y ver a las principales teóricas del movimiento con sus ponencias y participaciones en congresos, clases, charlas TED y entrevistas de todo tipo, ahora no damos abasto para explorar y conocer todos los nuevos aportes que las jóvenes generaciones de mujeres están haciendo al activismo en línea.
Los nuevos espacios de participación que ofrece internet no podían quedar desocupados ni tampoco las redes sociales podían continuar sosteniendo un virtualismo donde todos son “me gusta”, no hay conflictos ni cuestionamientos y se aceptan reglas de juego creadas por plataformas privadas que poco toman en cuenta los derechos a la comunicación de millones de usuarias. Ellas, tan diversas y tan expectantes, no están dispuestas a dejar pasar la posibilidad de lograr canales para la libertad de expresión de un feminismo que ya no acepta postergaciones.
Las mujeres no sólo discuten en línea temas que antes parecían tabú, como ocurrió con #MiPrimerAcoso, espacio en el que decenas de mujeres lograron sacar a luz situaciones vividas con vergüenza y en soledad, sino que también crean aplicaciones para usar en sus computadoras, tabletas y celulares para responder a necesidades inmediatas, como denunciar situaciones de violencia machista, monitorear los períodos menstruales, o compartir imágenes íntimas sin sobresaltos, en momentos en que la expresión de la sexualidad en internet adquiere dimensiones novedosas, rompiendo con esquemas tradicionales relacionados con la intimidad y cierta “pasividad” en la expresión sexual de las mujeres.
Así como la red social Facebook abrió la posibilidad para que miles de organizaciones y grupos de mujeres crearan su propio sitio para informar sobre sus actividades y compartir proyectos y discusiones, Twitter ofreció una herramienta rápida para convocar, organizarse y denunciar, manifestar apoyo o rechazo a medidas gubernamentales y a declaraciones de funcionarios o de personajes públicos y figuras mediáticas relacionadas con la discriminación hacia las mujeres y la desigualdad social que conlleva. Cambiar la mirada social, contrarrestar con opiniones diversas, crear nuevos consensos fue una meta relevante.
Uno de los hitos a reconocer en materia de organización e incidencia social y política, ha sido el uso de esta red social para la campaña y las marchas #NiUnaMenos que denunciaron los femicidios y lograron adhesión masiva en línea y en las calles, primero en Argentina y luego en países vecinos como Perú y Bolivia. La repercusión también fue importante en otros países latinoamericanos donde se organizaron protestas y movidas similares con los hashtags #Notecalles, #Vivaslasqueremos o #Nosqueremosvivas, entre otros.
Del silenciamiento en el ámbito privado a pantallas superactivas que impulsan acciones contundentes, ruidosas y de mucha exposición pública, es relevante la ruptura con aquellas “expectativas de rol” tan discutidas, referidas a lo que se espera o no de las mujeres en el desempeño de sus roles sociales. Expectativas ampliamente superadas por la convicción de que sólo haciendo públicos los problemas y llamando a la responsabilidad social y a respuestas políticas del Estado lograrán eliminarse las violencias y desigualdades que las mujeres soportan a diario.
¿Qué nos espera en 2017? Seguramente mucho más activismo en línea con repercusiones en las calles y con la exigencia de medidas concretas, que apunten a la justicia de género. De nada vale el activismo de escritorio, detrás de las pantallas, si no es acompañado con creatividad y entusiasmo de otras muchas maneras, con cuerpos, voz e imágenes en movimiento. Hay que tener en claro que la vigilancia electrónica y el monitoreo en línea de los movimientos sociales y ciudadanos por parte de los gobiernos, empresas y terceras fuerzas es un hecho. Por lo que las mujeres tendrán que hacer un uso estratégico e inteligente de internet, de las redes y las aplicaciones. Para ejercer una autonomía real no querrán tener a ningún troll oculto ni hacker espía ni algoritmos planificados que pretendan controlar y/o coartar sus libertades. Las reglas de juego en el entorno digital pueden ser tan abusivas como el propio patriarcado, de modo que ¡a ocupar Internet con decisión y sin ingenuidades!
*Programa Derechos de las mujeres, Asociación para el Progreso de las Comunicaciones