¿Qué implica feminizar la política en 2019?

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Por Admin febrero 16, 2019 18:11

¿Qué implica feminizar la política en 2019?

Tenemos la tarea de dar un salto del diagnóstico de la crisis civilizatoria a la que nos han llevado unos pocos, a la construcción de las propuestas materiales que necesitamos para volver a enamorar de la política a las mayorías.

¿Estamos preparades para derrotar al neoliberalismo? Esta pregunta no viene desde afuera a señalarnos un interrogante existencial, sino que por el contrario es un emergente que se viene procesando colectivamente entre quienes nos enmarcamos en el feminismo popular dentro de esta cuarta ola, que construye desde fuera de las experiencias de gestión gubernamental y de los partidos tradicionales. ¿Cómo vamos a hacer para echar por tierra esta oleada neoliberal a la que tantos cuerpos de resistencias venimos aportando? Porque derrotar la ofensiva neoliberal y repatriarcalizante es la tarea.

La historia ha dado sobradas muestras de que no hay posibilidad de un feminismo ganador ni hegemónico en sociedades donde se agudizan las desigualdades. Estamos frente a una etapa política que demanda que los feminismos tomen cada vez mayor volumen en la lucha contra el neoliberalismo. Reconociendo la potencia que desplegamos en las calles con cada paro feminista y movilización por el aborto legal y revalorizando la democracia feminista ejercida desde abajo. Creemos que justamente es ese acumulado el que nos obliga a disputar en todas las contiendas a un neoliberalismo que ya no satisface ninguna necesidad popular: alejarse de toda zona de confort y de seguridad ideológica y abordar de lleno la política electoral en este 2019. Es tiempo de echar a andar toda la maquinaria en la construcción de política feminista para el 99% de nuestro pueblo.

Entendemos que la democracia está en peligro cada vez que el actual gobierno nacional avanza con sus políticas espantosas y que para defenderla hay que aportar a la construcción de un Frente Patriótico, en nuestro caso desde nuestra herramienta en construcción: el Frente Patria Grande. La posibilidad de un nuevo gobierno popular tiene en la figura de CFK a su mejor candidata para esta disputa y las feministas populares estamos listas para aportar en la confección de un plan de gobierno que vaya más lejos que los anteriores y tenga nuestras experiencias vitales en un lugar central.

Durante el año que concluyó fuimos muchas las que dijimos que la unidad que se construya debe ser con nosotras por la delantera. Que siendo parte de nuestra tarea generacional el “feminizar la política”, fuimos siendo cada vez más conscientes del poder feminista para aportar a la construcción de una nueva mayoría que sea gobierno. Es nuestro tiempo: feminizar la política para construir un feminismo ganador, como posibilidad y condición de que la próxima oleada llegue más lejos.

Ser estratégicas y echar a andar nuestras potencias

Cuando decimos que hay que disputar con el neoliberalismo un proyecto de país y una idea de futuro, no es sólo discutir la situación económica crítica a la que nos llevaron. En el Foro de Clacso realizado en Ferro, la misma CKF dijo que: “el neoliberalismo no es economía, es una construcción política del capitalismo”. Entonces, es momento de que nosotras como fuerza feminista que vinimos a discutirlo todo nos pongamos a traducirlo en propuestas que prefiguren otra forma de hacer a la estatalidad y que apuntale a las instituciones que necesitamos construir. Por eso, cuando hablamos de que es momento de ponerle freno a esta nueva oleada neoliberal con las mejores armas, entendemos que hoy el feminismo como proyecto es sentido del momento histórico. Es el movimiento que nos brinda novedosas y efectivas coordenadas para construir una nueva mayoría que sea nacional, popular, democrática y feminista.

Porque los feminismos populares distan mucho de determinados lugares cliché de las izquierdas intelectualizadas, como tan bien detalló Monedero al señalar que “hay una izquierda que se cree más inteligente cuanto más oscuro y apocalíptico es su discurso, la gente que no abre vía de esperanzas está trabajando para el conservadurismo”. La cuarta ola feminista está disputando el sentido de habitabilidad de una forma radical frente al rebrote fascista en nuestra región, donde el amor como motor de cambio es la respuesta frente al odio desplegado desde el discurso oficial. A nivel internacional venimos edificando nuevas formas de construir sentidos y acciones políticas como los paros internacionales del 8M, como respuesta frente a las fronteras xenófobas, las políticas de endeudamiento o los golpes encubiertos que nos imponen desde el Imperio. Frente a la desesperanza como signo de época, somos parte de un movimiento internacional que en lo cotidiano viene dando el ejemplo democratizando las relaciones sociales. Es momento que nuestra potencia callejera se exprese en una nueva mayoría que construya nuevas formas de gobernabilidad, de democracia real y que ponga a la vida y la soberanía en el centro de las prioridades. Solo así lograremos una nueva oleada popular y progresista en la región que llegue más lejos que la anterior y que, parafraseando a García Linera, “pueda ensamblarse con una oleada mundial” que dé por finalizado este “neoliberalismo zoombie” que tanta angustia nos genera.

¿Cómo vamos a hacerlo?

Tenemos la posibilidad, en el marco de una nueva edición de un paro internacional feminista el próximo 8M, de seguir visibilizando nuestras demandas. Al mismo tiempo, también de ir esbozando algunas líneas sobre qué implica feminizar la política en este 2019. Entendiendo que esto no se traduce (únicamente) en cómo hacemos para que mujeres e identidades feminizadas ocupemos lugares importantes en las listas. Sino que nos pongamos a pensar cómo reinventamos un Estado que desde sus orígenes se sostiene sobre las desigualdades constitutivas del heteropatriarcado.

En su intervención en Clacso la ex presidenta insistió en que “se requiere de nuevas arquitecturas institucionales para preservar a la democracia, que permitan la participación institucional y la regulación de las nuevas estructuras de poder, de esos nuevos actores que no están representados en la Constitución, ni en ninguna ley”. Lo decía en referencia a las multinacionales, a los organismos internacionales de crédito y los medios de comunicación. Lo que funciona por fuera de cualquier legalidad, funciona de manera arbitraria e injusta. Tal vez sea tiempo, también, de repensar las viejas arquitecturas institucionales y transformarlas. Tenemos la tarea de exigir que el próximo gobierno popular entienda que las políticas públicas no pueden ser sin nosotres, que tengan como carácter transversal a un feminismo accesible para todes. Es decir, avancemos en cómo discutimos los presupuestos desde una perspectiva de género transversal y no desde la emergencia, cómo democratizamos la gestión de lo común para reconfigurar los recursos desde una lógica distinta a la mercantilización de los cuerpos, cómo haremos para ganar una agenda gubernamental que priorice saldar las deudas pendientes e impostergables como el aborto legal, pero sobre todo cómo avanzamos en la democratización de las instituciones y sus órganos de decisión. Poner el “cómo” en el centro de la cuestión. Solo así combatiremos la profundización de la feminización de la pobreza que ha generado el gobierno de Cambiemos y la ofensiva antiderechos que busca volvernos a los closets del medioevo. Porque la salida es para adelante, con los esfuerzos puestos en la elaboración de un Plan de Gobierno Feminista que recoja las mejores propuestas del movimiento de mujeres, las disidencias y los feminismos populares.

Pero construyamos ese Plan desde la integralidad y no desde lo específico, o no llegaremos muy lejos. Por ejemplo, de legalizarse el aborto en un contexto como el actual, ¿cómo es posible garantizar las interrupciones de embarazos sin Ministerio de Salud, ni presupuesto suficiente? Desde la agenda de los movimientos sociales sostenemos como prioridad la urbanización de los más de 4 mil barrios populares censados en nuestro país. Nosotras entendemos que eso es fundamental lograrlo con perspectiva feminista: poniendo en cuestión la idea clásica de esas familias, organizando de otra manera los cuidados y la reproducción de la vida. Problematizamos bastante a la justicia patriarcal que tenemos, pero muy pocas veces empalmamos ese diagnóstico con el del avance punitivo en las políticas públicas de seguridad y el “consenso represivo” que reproducen cotidianamente los medios de comunicación. Bueno, menuda tarea tenemos por delante prefigurando la justicia feminista que supere los lugares comunes de la pena como única reparación y apostando a un periodismo feminista y crítico que entendemos como posible de efectivizar si se avanza sobre el monopolio de los medios. Estas son algunas de las tareas, es momento de reinventarlo todo.

Si efectivamente es “siempre la calle el escenario de la política y de las grandes transformaciones del país”, es momento de que la nueva oleada progresista entienda que el escenario de la marea feminista y popular hoy ocupa un papel protagónico de la disputa de sentidos. Porque nos lo ganamos. Mientras la ofensiva reaccionaria y conservadora que se desarrolla a escala internacional pretende volvernos al pasado, son los feminismos quienes proponen un proyecto civilizatorio -también a escala internacional- que nos promete ir a un futuro lleno de vida y esperanza. Aquí nadie se rinde, porque el tiempo de nuestra revolución es ahora. Este año les feministas tenemos la posibilidad de sacar a Macri del gobierno.

 

Foto: Pedro Palacios.

Fuente: Oleada

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