Políticas públicas de comunicación y género en América Latina: Entre andares y retrocesos

Admin
Por Admin noviembre 4, 2016 22:15

Políticas públicas de comunicación y género en América Latina: Entre andares y retrocesos

Todavía las palabras nos arrastran de los pelos
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Políticas públicas de comunicación y género en América Latina: Entre andares y retrocesos

Políticas públicas de comunicación y género en América Latina: Entre andares y retrocesos


Un diccionario puede ser una máquina del tiempo. Entrar en él es como aterrizar en el pasado. En pleno siglo XXI, basta con leer el sitio web de la Real Academia Española para volver a la caverna. Todavía las palabras nos arrastran de los pelos: mujer significa “la que tiene las cualidades consideradas femeninas por excelencia”. Si es “mujer de punto” es “prostituta”, si es “mujer de gobierno” es la “criada que tenía a su cargo el gobierno económico de la casa”, no vaya a ser que pensemos en una mujer Presidenta o que gobierna alguna provincia. No vaya a ser que la mujer se signifique por su propias acciones y no por el condicionamiento estereotípico externo, que dice tener consenso sobre las “cualidades consideradas femeninas por excelencia”; cualidades que, además, determinan qué significa ser mujer y qué no. No vaya a ser que pensemos en una definición que nos vincule con los plenos sujetos de derechos que somos y deje de perpetuar el significado de una “mujer de punto” como “prostituta”, cuando el mismo diccionario, para un “hombre de punto” no pone “prostituto”, sino “el que es puntilloso”.
Aún en pleno 2016, como decía, a los hombres se les reservan posibilidades que a las mujeres se nos quitan: “ser muy hombre” es ser “valiente y esforzado”; “ser mucho hombre” se trata de “ser persona de gran talento e instrucción o de gran habilidad”. ¿Y qué es ser mucha mujer? Ni siquiera se lo preguntan. A las mujeres nos cabe la posibilidad de “ser mujer fatal”: “aquella cuyo poder de atracción amorosa acarrea fin desgraciado a sí misma o a quienes atrae”. Es decir que, mientras que ellos pueden ser “puntillosos”, “valientes”, “esforzados”, “de gran talento e instrucción o gran habilidad”, sólo por el hecho de haber nacido hombres; a nosotras nos queda ser “prostitutas” y “fatales”, pudiendo “acarrear fin desgraciado” para nosotras mismas o lo que es peor, para “quienes atraemos”: es decir, sólo por el hecho de haber nacido mujeres ya no sólo somos un peligro para nosotras, sino incluso para la humanidad; siempre y cuando, claro, logremos atraerla. Estas palabras, nos siguen arrastrando de los pelos.
En el diccionario, por antonomasia, pero más allá de esas fronteras etimológicas también; las palabras nos definen, nos identifican, nos construyen. Con la palabra se nombra y se da existencia. Sin embargo, el simple ejercicio de repasar esa etimología demuestra que, aún en las latitudes de habla hispana, si por el diccionario de la Real Academia se tratara, la palabra no está al servicio de la humanidad, sino del poder patriarcal.
Algo similar ocurre en los medios de comunicación audiovisual, de acuerdo con los enriquecedores seis capítulos que integran este libro. En muchos países de América Latina la imagen de la mujer es “presentada de forma incompleta o sesgada”, como asegura Rachel Moreno, de Brasil; “o estereotipada y discriminatoria”, según Luisa Kislinger, de Venezuela; en ámbitos informativos, pero también “en la ficción o el entretenimiento, en los que la violencia mediática y la estereotipación pueden ser a veces más sutiles, pero no menos penetrantes”, como apunta Verónica Rocha Fuentes, de Bolivia; y “existe una insuficiente e inadecuada implementación de políticas de género”, como señala Aimée Vega Montiel, de México. Todo ello a la vez que los varones también son estereotipados como “dominantes, seguros, competitivos” y ante “la evidencia de la emocionalidad, cualquier atisbo de vulnerabilidad, son desechados”, mientras que a las “personas con identidades de género diversa, los medios suelen relegarlas al lugar de lo raro, marginal y, cuando se puede, las hacen rozar la delincuencia; casi nunca evidenciando la trama social y cultural de discriminación y rechazo hacia estos colectivos”, como argumenta Sandra Chaher, de Argentina…

Cynthia Ottaviano
Defensora del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual de Argentina

 
 

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