Noor Jimenez Abraham: ¿Qué se modifica en las relaciones interpersonales luego de cada 8 de marzo?

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Por Admin marzo 22, 2015 20:36

Por Noor Jimenez Abraham[1]

Noor Jimenez Abraham

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En los últimos años se ha naturalizado la conmemoración del Día Internacional de la Mujer aunque esta circunstancia no implique un mayor conocimiento de la raíz social que aún sigue motivando la fecha, dado que todavía persisten frases como que no es igualitaria porque no existe una celebración igual para los hombres o se dedica una parafernalia de publicidad a los regalos que resultarían pertinentes.
Y aunque una y otra vez se cuente sobre los reclamos de las mujeres por dignas condiciones de trabajo desde comienzos de siglo XX, aparecerán quienes digan que son privilegiadas porque en casos de emergencia deben ser asistidas primero, pueden usar tacos –aunque en los últimos tiempos ya no parece su exclusividad- y les obsequian flores o bombones.
Sin embargo,  los dolores e inequidades que originaron los pedidos de emancipación suenan distintos pero también similares, porque si bien ahora las mujeres votan, heredan, conducen vehículos y están habilitadas a decidir sobre muchos otros factores de su vida pública y privada, aún siguen sin poder disponer de su propio cuerpo – la Educación Sexual Integral para evitar embarazos adolescentes continúa sin implementarse en su necesaria dimensión- y el tratamiento serio sobre la cuestión del aborto resulta la gran hipocresía por la que los gobiernos permiten las muertes de las mujeres pobres que no acceden a las condiciones indispensables para terminar con gestaciones sobre las que han decidido no continuar y que las chicas ricas hacen de escondidas porque el dinero puede más que la ley.
Cuando sucede un caso de femicidio, que por esas incógnitas comunicacionales toma mayor repercusión que los otros de los que diariamente ocurren, suelen suscitarse comentarios que culpan a la situación de inseguridad del gobierno de turno y se sigue sin enfocar el hecho de que la misoginia –el desprecio por las mujeres- acontece mayormente por parte de padres, abuelos, tíos, vecinos, jefes, esposos, amantes, novios, ex parejas, sumado el hecho de que con muchos de estos vínculos algunas de las mujeres asesinadas compartían descendencia, varias de ellas, como resultado de los abusos.
Se habla de que las chicas vayan a buscar trabajo acompañadas o que las personas adultas controlen las páginas de redes sociales a las que acceden las niñas y resulta paradójico que al mismo tiempo se escuchen discursos sobre el empoderamiento de las mujeres. No es de dudar de la buena voluntad de quienes proponen restricciones al libre albedrío para contrarrestar inseguridades, pero esos métodos solo retroalimentan la rueda, porque las niñas y las mujeres deben saber descubrir los focos de alerta para ganar la independencia por la que lucharon las trabajadoras del 1900.  Para ello, son necesarias medidas que se ejecuten a nivel nacional, en las que se inviertan presupuestos y por las que se eduque a mujeres, niñas y adolescentes a descubrir que son capaces sin necesidad de miradas paternalistas que recurrentemente ordenen lo que deben hacer.
Los planes que enseñen las estrategias del propio cuidado son la asignatura pendiente, de otro modo, bajo consignas aparentemente distintas, siempre se necesitarán los 8 de marzo para que por unos días la sociedad reconozca que aún la mujeres viven bajo la inseguridad de su género.



[1] Doctora en Ciencias de la Comunicación Social
@noor_j_abraham
 
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