Los pactos de silencio también están en las escuelas

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Por Admin noviembre 2, 2020 17:39

Los pactos de silencio también están en las escuelas

Los pactos de silencio

Esta nota debió escribirse antes pero la justicia es lenta y recién el pasado 15 de octubre se conoció la condena por uno de los casos más significativos de la educación en La Pampa. Marcelo Lavallén, preceptor que había sido encontrado abusando de una estudiante del colegio Manuel Belgrano donde él trabajaba, fue encontrado culpable y condenado a 3 años de prisión efectiva; en principio, ya que ambas partes apelarán por la cantidad de años. El colegio, dos años después, sigue marcado por ese acontecimiento. La importancia del caso, que debe tener una finalización contundente, es la forma en la que interpeló y desnudó las prácticas escolares.

Los pactos de silencio también están en las escuelas. Prof. Mauro Perrone

Por Mauro Perrone*

Cuando desde colectivos docentes que aplicamos la Educación Sexual Integral (ESI) ponemos el acento en que ésta no es sólo un taller, no es un contenido curricular más, sino que es una herramienta para transformar las instituciones y prácticas escolares; hacemos referencia, entre otras cosas, a que en las escuelas, colegios y jardines terminen las prácticas de violencias que parte del personal educativo ejerce, que en los colegios es hacia adolescentes mujeres en su enorme mayoría. El caso de Pablo Lavallén no debe ser tomado como un hecho aislado, como el acto de quien tiene una psiquis diferente y no registra lo que hace. Al contrario, es apenas la punta del iceberg, como bien lo saben y lo gritaron a todas voces les estudiantes del Colegio Manuel Belgrano y de otros tantos que también manifestaron y manifiestan éstas prácticas.

Un pacto de silencio

El caso es bien conocido, hasta los últimos detalles de ese día que la policía y la justicia intervinieron (esta vez, bien) y detuvieron al preceptor. El acento que me gustaría poner es que la denuncia y todo lo que vino luego, se realizó fuera del colegio (al menos en un primer momento) y de las autoridades ministeriales. Y, por eso, y por la actuación valiente de estudiantes, el caso tomó relevancia pública y se hizo difícil de ocultar.

Entre los estudios de género de autoras como Rita Segato y Esther Pineda, y la militancia feminista insisten en el concepto de “pacto de masculinidad” o “pacto de caballeros”. Ese pacto marco a fuego por prácticas constantes desde que nacemos que educa tanto a niños como niñas es, entre otras cosas, un pacto de silencio al acto de abuso, de acoso, de violación, de violencias; un silencio protector. Siempre poniendo un manto de duda, la re-victimización de la persona violentada (mujer en abrumadora mayoría), el recurso de lo instintivo del impulso sexual como justificación (Lavallén expresó “haber ‘cedido’ a las decisiones de una adolescente de 15 años”).

Es el “mecanismo de defensa” que tenemos los varones, que nos enseñan día a día cuando nos dicen “botones” por contar que un compañerito la tiró de los pelos a una compañerita de la sala. Ese pacto es patriarcal, está impreso en la cultura machista, y no es ajeno a nadie. No excluye mujeres, trans, lesbianas, gays, etc. Y está impreso en nuestras instituciones educativas a pesar que en ellas se encuentran trabajando una población mayormente femenina. Dentro de las diferentes instancias del Ministerio de Educación y dentro de los sindicatos y colegios de profesionales de educación hay un pacto de silencio ante éstas situaciones.

Existe un número importante de denuncias y de testimonios que dan cuenta de las constantes y diversas formas de violencia que los varones ejercen dentro de las escuelas. Situaciones que se han respondido sólo con sumarios, con cambios de lugar de trabajo o (en los que ya son reiterados) con el envío a oficinas lo más escondidas posible. Nunca abriendo las investigaciones pertinentes, nunca apartándolos de la educación ni del posible contacto con estudiantes, siempre protegiendo a la víctima y exponiendo a quienes se atrevieron a denunciar.

La enseñanza de las pibas (y los pibes)

En el caso de Marcelo Lavallen, cuando desde el Ministerio se buscó una calma pronta para hacer creer que ya había pasado y enviaron de vuelta al aula a les estudiantes nunca pensaron que las pibas (y los pibes) querían decir mucho más del tema. Se manifestaron en la calle, se negaron a entrar ¿por qué? Porque adentro seguían estando los violentos.

Denunciaron con un coraje que ni el Ministerio ni los sindicatos se atrevieron, denunciaron la trama del pacto interno que le permitió a Lavallen retirar antes a un curso, irse en su horario laboral para poder llevarse a la estudiante en su auto sin que nadie dijera nada. Esa trama que las pibas y pibes denunciaron tiene rankings de las “mejores colas del colegio” hecho por preceptores, extorsión a estudiantes varones para que les pasen fotos de sus compañeras (alumnas), manoseos y toqueteos en los recreos, la computadora de trabajo llena de pornografía. Les acompañaron docentes que también denunciaron y que el Ministerio sumarió de inmediato, como si denunciar abusos fuera peor que cometerlos. Nunca se abrió una investigación sobre quienes fueron señalados por estudiantes y docentes.

Fueron las pibas y pibes quienes dieron una demostración de ESI, porque para eso está, está para ponerle voz a los hechos de violencia que nos habían enseñado a callar. Porque es necesario discutir e introducir en esa ley, entre otras problemáticas, la discusión sobre las masculinidades. ¿qué tipo de masculinidades queremos que sean nuestros pibes? ¿qué tipo de masculinidades van a estar a cargo dentro de las escuelas? Son debates que desde los colectivos de docentes que piensan y pensamos la ESI atravesamos y reclamamos en su necesaria pronta actualización.

Con decir no alcanza nunca

Hoy la ESI en nuestra provincia cuenta con el aval de ser aplicada. Pero como docentes no contamos con el apoyo de un Ministerio que tenga la decisión de aplicarla en todos sus niveles y en toda su profundidad. A pesar de las capacitaciones en Ley Micaela y en ESI lanzadas hace poco tiempo (la ley ESI tiene 14 años!!), sigue sin tener el alcance posible. No se destinan jornadas, no se destinan materiales o capacitaciones en servicio, no hay proyectos institucionales. Cuando entramos en una institución educativa que sí tiene programa institucional de ESI, que sus ejes están presentes en los materiales de forma real (no sólo en el papel de la planificación), veremos de cerca que esa situación responde a una voluntad de la dirección y de su cuerpo docente.

Es fundamental que el Ministerio que se dice defensor de esta ley deje de callar. El caso de Lavallén va a ser ejemplo, tanto por si sigue dentro de la docencia (aún con una condena de prisión efectiva) lo que significa el aval de las autoridades a estas prácticas; como si finalmente es exonerado de toda función o cargo público.

La ESI, repetimos hasta el cansancio, no es un contenido ni algo que está bien porque los tiempos así lo dicen; es una herramienta para ir transformando las escuelas en espacios de derechos, igualdad, diversidad, es un arcoíris de posibilidades para una educación más libre.

 

(*) Profesor de Historia. Docente en colegios secundarios de Santa Rosa.
Militante de Patria Grande.

Diario Digital Femenino – ESI

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Por Admin noviembre 2, 2020 17:39
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1 comentario

  1. Lara Oberst noviembre 17, 10:08

    Excelente nota, me encanto que sigan recordando cada detalle que este hijo de la mierda hizo y nosotres luchamos para sacarlo a luz. La juventud en la calle logra mover montañas.

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