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Hace 10 años, el 15 de julio del 2010 una jornada de un frío que congelaba se alumbró un cambio profundo para las parejas homosexuales, se sancionaba la ley 26.618 de matrimonio civil,  que conocemos como ley de matrimonio Igualitario, así la Argentina se convertía en el primer país de la región en reconocer la unión de personas del mismo sexo, en igualdad de derechos.  Ese frio intenso no pudo con la euforia, se aceleró el calor interno, el fuego de las luchas de las disidencias salía del closet para quedarse y ofrecer múltiples herramientas de reflexión para un mejor vivir.

A partir de ese momento, comenzó un camino de transformación  para una sociedad donde el consenso ante este tema aún se mostraba con fisuras profundas.

Recordemos  que ese día se expresaban en la Plaza de los Dos Congresos, al igual que en la marcha de unos días antes de la votación “los grupos de homofobia explicita – antiguales”, ostentando su odio conservador con frases agresivas que calan en lo profundo de la capacidad humana de respetar y amar. También se encontraban en la calle y en el recinto activista y militantes de los movimientos LGTBIQ+, siguiendo el debate minuto a minuto con un espíritu esperanzador que, finalmente el Estado podría a una década del siglo XXI dar un salto cualitativamente humano y aportar con fuerza de ley a un ejercicio libre de la igualdad, de vivir un tiempo de restitución de DDHH. Y así llego la votación 33 votos a favor y 27 en contra, colmó de alegría, lágrimas de felicidad y disfrute a todas las personas que caminaron el país sensibilizando en la potencialidad de esta ley.

Ley, que es parte de una posición política de inclusión, de un contexto de vivir los derechos sin restricciones, apostando a la libertad de elegir a quien querer, con quien vivir, ser parte de la familia de esa persona con la que vivo, maternar y paternar sin restricciones ni miedos, abandonar el ocultamiento. Esta trayectoria  que se hizo visible de manera formal hace 10 años nos aportó la posibilidad de romper con la heteronorma, la demora de esta ruptura, durante décadas se cobró el sufrimiento de la condena familiar, social y cultural. ¿Es posible romper con la heterosexualidad obligatoria? ¿Tenemos respuesta?, sí es posible, es necesario plantearse las disidencias como un eje que estructure la sociedad donde la regla, la norma pierda vigencia y con ello la heterohegemonia imperante.

Sin embargo, en una ajustada votación y donde el clima político estaba claramente tenso por las presiones eclesiásticas y de los sectores conservadores, se superó la indecisión y las dudas. En esta realidad el senado convirtió el proyecto en ley. Comenzamos así la interpelación a las sociedades patriarcales, ser disidente es un acto político, subjetivo y de valentía.

¿Alguien puede dudar que esta ley hizo historia? De acuerdo al registro de la Federación LGTB 20.244 parejas del mismo sexo se casaron en estos diez años en distintas provincias de la Argentina, en CABA se registraron 5.565 enlaces. ¿Qué dicen estas cifras? 20.000 parejas tuvieron acceso a un recurso que cambio sus vidas, celebraron y legalizaron su convivencia porque ante la ley el matrimonio tiene “los mismos requisitos y efectos, con independencia de que los contrayentes sean del mismo o de diferente sexo”.

César Cigliutti, presidente de la CHA (Comunidad Homosexual Argentina) define como una ley con “efecto social educativo”,

Acompañamos estos 10 años de vigencia de la ley, celebramos el horizonte que representó para la sociedad argentina y el mundo, celebramos el reconocimiento de los derechos poniendo en valor la dignidad universal para toda la humanidad, celebramos la fortaleza de los movimientos LGTBIQ+, el ejercicio por derribar las prácticas discriminatorias y mantener actualizada la agenda.

Instituto Interdisciplinario de Estudios de Géneros
Facultad de Ciencias Humanas – UNLPam

Las luchas al descubierto, 10 años de la Ley de matrimonio igualitario
Las luchas al descubierto, 10 años de la Ley de matrimonio igualitario

 

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