La revolución de los vínculos

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Por Admin julio 24, 2019 12:04

La revolución de los vínculos

Hace unos días, en el taller “Teoría encarnada” realizado en el Marco de la Feria Feministas Trabajando en Santa Rosa, La Pampa,  Valeria Donato introdujo la expresión “revolución de los vínculos” como una necesaria forma de transitar el feminismo y el crecimiento social.

La revolución de los vínculos

La revolución de los vínculos – Valeria Donato

La mirada puesta en la necesidad de la revolución de los vínculos es producto de la observación de Valeria sobre las formas de comunicarnos y construir, la mirada sobre el andar histórico hasta el momento actual, ella cuenta a Diario Digital Femenino de dónde nace su expresión/afirmación.

Por Lenny Cáceres

¿Cuál es el análisis que realizas para plantear esta necesidad?

Hace ya casi 20 años que vengo transitando ese camino, por un lado tan doloroso y por otro tan inmensamente renovador y curativo para todas las mujeres y las diversidades que son los feminismos. Cuando empecé no éramos tantas, no existían las redes sociales ni internet así que los debates teórico/políticos y las discusiones personales se dirimían cara a cara. Tampoco había una inmensa cantidad de grupos así que siempre existía la necesidad de resolver esos debates o por lo menos no romper con los grupos. Esa necesidad, creo yo, según mis vivencias y mi visión, que es la que nos enseñó a debatir con la intención de llegar a un acuerdo, superar la diferencia, profundizar en el conocimiento tanto del tema en cuestión como de la otra persona. Claramente siempre hubo y se desarrollaron diversos vínculos entre las feministas: amistades, amores, conocimiento o compañerismo pero la base mínima era la intención de seguir en unión gracias a las diferencias. Con esto no quiero decir que no había profundas divisiones ideológicas que forman parte de los feminismos ya a partir del nacimiento mismo del movimiento feminista y otras que fuimos descubriendo leyendo, debatiendo y compartiendo espacios con otras realidades, mismo dentro del feminismo, que pasó a ser los feminismos precisamente en reconocimiento a esas diferencias fundamentales. Hubo momentos en donde la interseccionalidad se dio con más intensidad y otros en donde hubo un retroceso, también dado por la realidad política del país. Lejos estoy de intentar una idealización de los procesos que tuvieron que darse (y se siguen dando) para lograr esa transversalidad pero entiendo que habíamos, más o menos alcanzado una cierta predisposición a la escucha y a la profundización a través de los debates, o por lo menos así lo viví yo desde el momento y lugar en el que me encontraba.

Éramos pocas…

Éramos pocas y nos conocíamos mucho, podría resumir. Hace ya unos años que el movimiento feminista se masificó, yo considero que internet primero y las redes sociales sociales aportaron mucho para que las feministas entráramos en un contacto más directo y entre muchas. Ya existían los Encuentros Nacionales de Mujeres pero también siempre existía la limitación territorial y económica para participar, así como la imposibilidad de continuar ese contacto físico y de debate constante durante el resto del año. Como cada cosa tiene sus pros y contras, la masificación también los tiene. Por un lado permitió que muchas más personas supieran, se enteraran de lo que realmente es el movimiento feminista o el feminismo, que no es lo contrario del machismo o que odiamos a los hombres o tantos otros estereotipos que los diferentes sistemas de opresión construyeron sobre una ideología y prácticas de lo más variadas. En cierta medida logramos un cambio cultural de la visión social que había sobre los feminismos pero, por otro, perdimos el espacio de entendimiento entre las personas que conformamos el movimiento. Por otra parte, si bien es cierto que el conocimiento que pasaba de boca en boca entre feministas sobre la historia, los procesos y los debates que nos precedieron que permitían, en cierta medida, no tener que volver demasiado hacia atrás para retomar la lucha colectiva, basada sobre comunes acuerdos se fue diluyendo, fue retomado en cierta medida en las redes.

En las redes no siempre es tan sano…

Personalmente pude verificar el surgimiento, en las compañeras que se iban sumando, algunos de los mismos conflictos e interrogantes por los que pasé yo cuando llegué a saber de la existencia de El Feminismo. Algunos de esos acuerdos comunes se lograron rescatar pero otros se reabrieron y, ya no como debates con la intención de avanzar o de profundizar, sino como fronteras insalvables, defendidas como si del otro lado estuviera el Patriarcado en persona. Algún tiempo después también me tocó vivir diversas situaciones de colectivos que se armaban pero que duraban muy poco y terminaban rompiéndose, habiendo pasado por varias situaciones, como mínimo, desagradables. Ahí fue que me surgió la pregunta ¿Por qué siendo tantas, no podemos mantener las construcciones colectivas, especialmente cuando tanto hablamos de interseccionalidad, sororidad y tantas otras hermosas palabras? ¿No será que algo de todo eso está fallando?

En algunos debates ¿No se cae en una lucha que se puede ver más patriarcal, que es la de tener razón, como sea?

No sólo tener razón sino también otras actitudes patriarcales como los chismes y los lleva y trae. Las luchas de poder y visibilidad.

¿Pasa en todos lados, tenés mirada de lo federal?

Hablando con varias compañeras de diferentes lugares de la Argentina me dí cuenta que expresaban esa misma incomodidad en la militancia en colectivos. Algo particular de lo personal estaba siendo nuevamente político. En el original sentido de esa frase: no puede ser casual que a todas nos pase, en lo personal, más o menos lo mismo. Si somos tantas, entonces es político (para decirlo muy escuetamente). A partir de ahí es que me concentré en estudiar la historia de la teoría y la práctica feministas. De dónde y cómo nació: la primera ola y el reclamo por los derechos políticos y civiles de las mujeres; la segunda ola con las luchas de igualdad en los aspectos de la vida cotidiana y la interseccionalidad. Siempre me había llamado la atención lo que me habían contado compañeras que la vienen peleando desde hace mucho antes que yo, de que la teoría feminista, a diferencia de las otras teorías, surgió de las bases, de las vivencias personales compartidas que después fueron retomadas por las diferentes áreas del conocimiento y fueron nombradas. Al conjunto de las opresiones, desigualdades y violencias que vivimos las mujeres por nuestra condición de “ser mujeres” se le llamó Patriarcado. A la construcción socio-cultural que se erigió, en su momento, en la diferencia biológica entre hombres y mujeres se le llamó “género” y así muchas otras categorías que les permitió ir armando el andamiaje básico sobre el cual se fueron construyendo diferentes corrientes feministas. Eso nació de los talleres de autoconsciencia o autoconscienciación. Lo que permitían estos talleres era la toma de consciencia política de las mujeres, la validación de su palabra en el grupo. Creo que en esos grupos se daba un tipo de conexión diferente al del debate sólo racional, lógico y lingüístico.

Pasé algún tiempo leyendo, debatiendo con compañeras y devanándome los sesos tratando de descubrir ese “ingrediente secreto” que nos hizo dar el salto en esa segunda ola. Llegué a un punto que creo que no se puede hacer individualmente, que no se puede crear, sino que tenemos que descubrirlo colectivamente. Revolucionamos los derechos políticos y civiles, la cotidianeidad y quizá, ahora la masividad que nos está disgregando sea un nuevo desafío, por ahí tengamos que mirarnos un poquito para adentro, revolucionar nuestros vínculos, cómo nos estamos relacionando y ¿Qué mejor manera que retomar para salir con más fuerza que rescatando los talleres de autoconciencia, para hablarnos, para comprender mejor las opresiones a las que nos sometemos entre nosotras? No sólo por las diferentes opresiones que vivimos, esa interseccionalidad que ya descubrieron en la segunda ola, sino por las que estamos recreando, eso sí, con el mismo espíritu: convertirnos políticamente conscientes. Me parece la mejor herramienta.

¿Y el método?

Sarachild escribió en 1969, «Aceptamos que nuestros sentimientos nos están diciendo algo sobre lo que podemos aprender, que nuestros sentimientos significan algo que merece la pena analizar, que nuestros sentimientos significan algo político, algo que refleja miedo a que algo malo nos va a pasar o esperanza, deseo, conocimiento de que algo bueno nos pasará. […] En nuestros grupos, compartamos nuestros sentimientos y juntémolos. Dejémonos ir y ver a donde conducen nuestros sentimientos. Nuestros sentimientos nos conducirán a ideas y luego a acciones.”

Alguna forma de escucha activa, identificación, empatía, sororidad interseccional o el nombre que decidamos ponerle, porque sé que algunas de estas denominaciones nos provocan algún tipo de alergia por los usos que se le dieron. No sería la primera vez que creemos una nueva categoría, vivimos haciéndolo. Quizá hasta se creen diferentes y con diferentes nombres. Tampoco sería la primera vez. Creo que es necesario para poder seguir adelante.

Taller en la Feria

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