La comunidad organizada, una herramienta esencial contra la pandemia y la mezquindad

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Por Admin julio 9, 2020 11:48

La comunidad organizada, una herramienta esencial contra la pandemia y la mezquindad

Es indispensable señalar algunas ideas que ya fueron pronunciadas, el tema es con qué alcance real en estos tiempos de tan difícil comunicación comunitaria y efectiva. Una de ellas aspira a que esta crisis producto del Covid-19 sea una oportunidad, una oportunidad para que el período post pandemia sea mejor en términos sociales. Otra idea es que la pandemia en sí no trajo nuevos problemas, sino que evidenció los que ya existían y estábamos obligados a solucionar desde antes. Por dar un ejemplo las condiciones de encierro o la precariedad que dificultan muchísimo preservar la salud de las personas que allí viven.

Por Laura García Vázquez*

Hay otra cuestión, más ligada a lo humano, que también se habla: nadie se salva solo. Y este pensamiento sí nos lleva al concepto de comunidad organizada. Empecemos por un lugar, los esenciales. Es relativamente fácil en un hogar determinar prioridades para todos sus convivientes y tendremos primero la comida y el agua, luego los servicios, la salud y después todo lo demás. Hay barrios enteros, abundan los testimonios, donde esto se comprende con una sabiduría envidiable, es más, agregan, frente a la realidad: cuidar a las viejitas y viejitos. El problema es cuando queremos trasladar esta organización basada en el cuidado de todos a una ciudad, a una provincia, a una nación. Ahí la comunidad empieza a desarmarse, porque entran los grandes intereses económicos y también, el individualismo y la mezquindad. Es decir, no se comprende que nadie se salva solo.

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A esta altura es innegable que nuestro gobierno y nuestro presidente Alberto han decidido fuertemente priorizar la salud y la vida de las personas. El aislamiento y distanciamiento temprano evitaron contagios y por consiguiente muertes. La cantidad de dinero destinado a asistir necesidades urgentes es inédita en la historia. Sin embargo, existen las quejas, difíciles de cuantificar, pero ahí están. Pidiendo a un gobierno cuestiones imposibles (y con esto no negamos errores ni somos defensores necios y obsecuentes) porque un gobierno no puede de la noche a la mañana transformar una comunidad. Ni reemplazarla. La responsabilidad social es compartida, como todo.

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Una de las cuestiones que nos han dividido, más allá de la fase de cuarentena en la que estemos, es ser una trabajadora o trabajador esencial, o no serlo. Porque ante esta situación inédita nadie pudo elegirlo, es decir, aunque hubiéramos tenido la suerte de elegir nuestro trabajo jamás podríamos haber elegido ser esencial o no frente al aislamiento que nos exige esta pandemia. Esta es una de las situaciones en las que aceptar la realidad y colaborar fue la actitud requerida desde la responsabilidad social. Esto trajo también la consecuencia de una serie de actividades que se han suspendido en el tiempo, en el orden de lo prohibido, pero además en la incertidumbre de no saber cuándo vuelven, cómo vuelven e incluso, si es que vuelven. Es curioso como el neoliberalismo acostumbró a la población a moverse (ya que ese movimiento aseguraba un grado importante de consumo) y de un momento a otro debimos quedarnos en casa y salir, se transformó, al menos para un sector, en una incomodidad, ya que no es la salida que elegimos sino la que constituye una obligación y  suele estar acompañada de un temor.

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Hablamos de la economía, y de la salud. Muy lejos figuraron las actividades relacionadas a los vínculos afectivos y sociales y su corte también fue abrupto. A muchos y muchas nos preocupan las consecuencias de este tiempo suspendido donde debo aislarme del otro y, como si esto fuera poco, lavarme las manos en forma permanente (con su significado metafórico a cuestas). ¿Cómo transformar estas condiciones en solidaridad comunitaria? Un gran sentimiento de impotencia ante las condiciones que la realidad nos impone y la precariedad (de todo tipo) que sufren muchas personas nos acompaña diariamente.

El gran desafío de este tiempo, salvando las necesidades básicas para todos, es pensarnos como comunidad, salir de la propia condición para ver y poder ayudar a quienes lo necesitan. Se ha dicho, también, que el aislamiento es físico, pero no debería ser social, es decir que más allá del nombre que figura en los decretos, deberíamos mantener los vínculos que nos permitan vivir como parte de lo que nos gustaría llamar comunidad organizada. Todos somos parte.

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Existe una voluntad de modificar cuestiones para una próxima ocasión, ojalá podamos valorar la cooperación, la colaboración, la solidaridad, el compartir, el partir para repartir. Una parte nuestra está esperanzada en otro tiempo y ese tiempo es el futuro donde esperamos concretar la voluntad de poder poner las prioridades entre todos, como una verdadera comunidad organizada y fraterna. Es una tarea enorme, y no sólo del gobierno contrarrestar la mezquindad anidada en cada rincón de la sociedad, no solamente en los grandes sectores de poder, sino en cada uno de nosotros y nosotras. Nadie es inmune al neoliberalismo.  Sea la pandemia y este aislamiento una ocasión de valorar con valentía lo importante, lo que no se compra ni se vende, lo que no tiene precio.

Pensemos una comunidad organizada donde a nadie la falte lo indispensable y donde la dignidad sea costumbre. Un país que en el camino hacia la democracia (en sentido pleno) y la igualdad, se desarrolle como movimiento nacional, popular democrático, feminista y, también, latinoamericanista. Soberanía política, Independencia económica y justicia social. Seguramente esa será una sociedad de libres e iguales.

 

*Laura García Vázquez nació en Mar del Plata en 1965 y vive en Bahía Blanca desde hace 33 años. Es artista plástica de trascendencia nacional y profesora de artística en nivel terciario. Realiza una constante actividad política, de derechos humanos, feminista y sindical siendo actualmente secretaria adjunta de la CTA autónoma de la provincia de Buenos Aires. Desde este lugar ha accionado en favor de la Unidad del movimiento obrero y el campo popular. Sus padres, Néstor Enrique García y María Ester Vázquez fueron secuestrados el 13 de julio de 1977 como parte del operativo de La noche de las Corbatas en la ciudad de Mar del Plata. Ha desarrollado una intensa actividad militante en torno al cuidado del medio ambiente, género, soberanía alimentaria, energética e integración latinoamericana. Ha dado charlas sobre estos temas en Bahía Blanca, Mar del Plata, La Plata, Berisso, Buenos Aires y Montevideo. Desde el año 2011 fue candidata a diversos cargos, incluso intendenta de la ciudad de Bahía Blanca. Actualmente integra el Frente de Todos y es concejala suplente en Bahía Blanca.

 

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