Esther Pineda: «creo que hay que cambiar la forma en que se produce el conocimiento feminista»

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Por Admin noviembre 30, 2019 18:46

Esther Pineda: «creo que hay que cambiar la forma en que se produce el conocimiento feminista»

 Esther Pineda: "creo que hay que cambiar la forma en que se produce el conocimiento feminista"

Esther Pineda: «creo que hay que cambiar la forma en que se produce el conocimiento feminista»

Esther Pineda G.  es Socióloga, Magíster en Estudios de la Mujer, Doctora y Postdoctora en Ciencias Sociales egresada de la Universidad Central de Venezuela.  Además es autora de «Machismo y Vindicación: La mujer en el pensamiento sociofilosófico» (2017) y «Cultura femicida. El riesgo de ser mujer en América Latina» (2019) publicados por Editorial Prometeo Libros.  En Diario Digital Femenino se la tiene como fuente permanente de consulta y en este sentido decidimos realizar esta entrevista, la primera de tantas que iremos realizando, con el objetivo de sumar otras voces para contribuir al análisis,  y visibilizar la realidad latinoamericana sobre Feminismos, Femicidios, Políticas públicas, datos y el rol de la Academia.

Por Lenny Cáceres

Por qué Feminismos, en plural ¿Cuántos hay? 

-El feminismo es uno, como corriente de pensamiento y acción que problematiza, se organiza y lucha por la obtención y garantía de los derechos de las mujeres, por la erradicación de las formas de violencia contra ellas cometidas, y por la abolición de los sistemas, discursos, prácticas y representaciones que las oprimen, que naturalizan, perpetúan y sostienen relaciones de poder y desigualdad. Este feminismo tiene diversas expresiones que responden a las múltiples experiencias diferenciadas vivenciadas por las mujeres, como es el caso de las mujeres obreras, campesinas, afrodescendientes, indígenas, lesbianas, quienes además de vivenciar la opresión sexista, se encuentran sujetas a otras formas de discriminación, violencia y desigualdad como lo son la pertenencia étnica-racial y la clase social. La necesidad de visibilizar estas experiencias diferenciadas, de denunciar las formas de discriminación y violencia que se ejercen contra las mujeres, de producir conocimiento en torno a ello, de organizarse y realizar demandas específicas en torno a su situación, es lo que dio paso a la configuración de diversas expresiones y formas organizativas del feminismo que conocemos como el feminismo negro, el feminismo indígena o el lesbofeminismo, las cuales nacen de la insatisfacción y la inconformidad ante la ausencia de visibilidad y reconocimiento en la figura genérica del feminismo, en el que pocas veces las experiencias diferenciadas y las intersecciones de las opresiones son nombradas. 

Ahora bien, estas diversas expresiones del feminismo no suponen como algunas personas señalan una competencia entre que mujeres son más oprimidas que otras, por el contrario, es la visibilización y el reconocimiento de las múltiples formas de opresión que puede experimentar una mujer, las cuales se articulan, transversalizan y terminan profundizando aún más, la ya existente -desde el nacimiento- opresión sexista.

Estas diversas expresiones si bien no generan competencia respecto a las opresiones ¿Sí divisiones? Pienso en el caso de la lucha contra el sistema prostituyente, por ejemplo

-No existe tal división porque el feminismo por naturaleza y desde su génesis es abolicionista, porque reconoce a la prostitución como una de las formas más extremas de cosificación, explotación y violencia contra la mujer; cualquier movimiento que no persiga la abolición del sistema prostituyente es otra cosa, pero no feminismo. No debemos perder de vista que la prostitución es el triunfo del capitalismo y del patriarcado, porque supone que las mujeres son cosas, a las que se les pone precio, que pueden ser vendidas, compradas, usadas y descartadas en el contexto de un sistema prostituyente esclavizador que se nutre y sostiene a partir de la precarización y pauperización de la vida de las mujeres; porque quienes son captadas por las redes de trata con fines de explotación sexual son las mujeres que se han quedado sin opciones, a quienes el Estado, la sociedad y la familia les ha dado la espalda, y a quienes los medios de comunicación y la industria pornográfica han bombardeado con la idea de que ponerle precio al cuerpo es empoderamiento. 

 ¿Cuál es la razón por la que la Academia no populariza los conocimientos y termina, indefectiblemente, llegando a unas pocas?

-Si bien en lo particular no hago vida en la academia, vengo de una formación académica, por lo cual no puedo desdeñar de la academia, sin embargo provenir de este ambiente me ha permitido constatar, que si bien el feminismo académico produce conocimiento, el problema es que se mantiene en una relación endogámica (dentro del mismo grupo), por lo cual los productos feministas que se generan en la academia son producidos para la academia y para ser consumidos por otras académicas. La mayoría de las investigadoras feministas en estos recintos publican sus investigaciones en libros y revistas editados por las mismas universidades, a las que solo tienen acceso sus estudiantes o estudiantes de otras universidades que están realizando investigaciones en ese ámbito, pero que por su naturaleza, estructura y presentación no son de acceso común y cotidiano (aunque sean de acceso gratuito en internet). Estos productos pocas veces son divulgados en espacios de consumo masivo como la televisión, libros, revistas de difusión o conversatorios fuera de los recintos académicos. A ello se suma el lenguaje empleado en estas producciones, los cuales en su mayoría poseen un lenguaje, una estructura y una presentación de las ideas muy técnica, que terminan alejando -por su complejidad o por aburrimiento- a cualquier lector y lectora que no provenga del ambiente académico.

En lo particular creo que hay que cambiar la forma en que se produce el conocimiento feminista y en cómo se divulga; esto no significa prescindir del rigor teórico y metodológico de la producción de conocimiento, significa hacerlo accesible y digerible para cualquier persona que tenga o no formación académica, porque nosotras que tenemos las herramientas debemos hacer el conocimiento más comprensible, no más complejo, si la gente no nos entiende, si no le llegamos a la gente, estamos fallando nosotras. Además es necesario divulgar estos productos a través de distintas modalidades según los niveles de acceso de la diversidad poblacional, que van desde una tesis doctoral, un artículo arbitrado, un libro que consigues en cualquier librería, una revista en un kiosko o un fanzine; pero también mostrar estos procesos de problematización y acción sobre la situación social de las mujeres en los diferentes espacios de socialización e interacción de las personas, la escuela, la comunidad, los espacios artísticos, la televisión, la radio, la librería, las redes sociales. En lo personal me interesa que mi trabajo sobre las mujeres llegue a cualquier persona que le interese, tenga o no conocimiento o experiencia en ello, para que podamos de a poco ir cambiando algo a través de la problematización, la discusión y la acción individual y colectiva. No produzco conocimiento para que sea leído en las páginas amarillas de una tesis por unos pocos doctores y doctoras en los recintos universitarios.

Cuál es tu mirada sobre el feminismo latinoamericano ¿Existe tal construcción colectiva?

-Las feministas latinoamericanas se han formado leyendo la producción feminista norteamericana y europea, pero ante la insuficiencia de esta producción para dar respuesta a las realidades y especificidades de las mujeres de nuestra región, muchas de nosotras nos hemos visto en la necesidad de producir conocimiento que explique y tribute a nuestra experiencia latinoamericana. En los últimos años se ha producido mucho contenido feminista en la región -porque además actualmente las mujeres latinoamericanas se están movilizando por sus derechos más que otras mujeres en el mundo, un ejemplo de ello es la masiva movilización contra el femicidio en países como México y Argentina que está influenciando significativamente la movilización de las mujeres contra esta problemática en Europa-, pero lamentablemente la producción de conocimiento y visibilización de experiencias feministas latinoamericanas no goza de tanta difusión, apoyo y alcance como lo que se produce en Estados Unidos y Europa. Esto tiene que ver con la prevalencia de una mirada colonialista pues, por una parte en la región se sigue considerando de mayor valor lo que se produce fuera, muchas feministas en la región siguen prefiriendo leer o ir a escuchar a una norteamericana o a una europea antes que a una Latinoamérica; y por otra parte, esta colonización del feminismo se hace manifiesta cuando las feministas norteamericanas y las europeas irrumpen en nuestros espacios, se apropian de nuestras experiencias como mujeres latinoamericanas o racializadas, y estas experiencias después nos son explicadas y vendidas por ellas con altos costos en libros, conferencias y cursos. 

Hay producción sobre las violencias, datos estadísticos de femicidios, que si bien no alcanzan para una respuesta en políticas públicas, sí para mirarnos y producir contenido propio, latinoamericano ¿Se está en ese camino?

-En América Latina desde los años 90 ante la ausencia de información y estadísticas oficiales y confiables, algunas investigadoras y organizaciones feministas han estado produciendo conocimiento sobre los femicidios, sistematizando, documentando y analizando los asesinatos sexistas y misóginos de mujeres; incluso creando observatorios para monitorear la ocurrencia de estos crímenes y exigir su prevención y sanción. Sin embargo, el Estado, en cualquier país de la región donde te ubiques siempre le han dado la espalda a la muerte de las mujeres; primero se excusaban de que no podían producir estadísticas e información porque el delito no estaba tipificado, -el primer país en tipificar estos crímenes fue Costa Rica en 2007 y la mayoría de los países comenzaron a tipificarlo después del año 2010-, pero después de que el delito fue tipificado, de que algunos países cuentan con estadísticas suficientes para caracterizar el fenómeno, realizar perfiles de las víctimas y los agresores, identificar los escenarios y las condiciones de riesgo, siguen sin diseñar políticas públicas para prevenir la ocurrencia del femicidio. Es decir, la información y las herramientas están disponibles, pero la ocurrencia del femicidio no ha podido ser prevenido y erradicado porque los Estados latinoamericanos no han tenido interés ni compromiso; la mayor evidencia de ello es que ningún país de América Latina ha reducido los femicidios, por el contrario, estos aumentan exponencialmente año tras año.

 

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