El cuerpo de las mujeres es un campo de batalla

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Por Admin mayo 30, 2019 11:42

El cuerpo de las mujeres es un campo de batalla

«El cuerpo de las mujeres es un campo de batalla»

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Cada primavera, Tokyo celebra uno de sus festivales más extraños, el Kanamara Matsuri, donde la figura de adoración es el pene. Grandes figuras del miembro masculino se pasean por la calle como las vírgenes de Semana Santa, mientras que versiones más pequeñas pueden comprarse en forma de piruleta. Es curioso, no solo por la celebración en sí misma, sino también porque sus opuestas femeninas -la vulva o la vagina- es aún un tabú en la sociedad japonesa. ¿Cómo es posible? La artista Rokudenashiko, una de las voces que reflexiona sobre los límites del cuerpo de las mujeres en el documental ‘#Placer femenino’, llegó a ser detenida por la policía porque utilizó moldes de sus partes íntimas para desarrollar su arte, desde historias de manga hasta una canoa. “Las leyes morales en Japón no han cambiado en décadas”, afirma, y es que las incoherencias sistémicas hacia su trabajo hablan por sí solas.

El cuerpo de las mujeres es un campo de batalla

La introducción de Miller es reveladora: vemos una colección de imágenes publicitarias, de esas que hemos visto mil veces en las revistas o en la televisión, donde las mujeres son meros objetos. Campañas que utilizan el imaginario de la dominación, de la hipersexualización e incluso de la violación -como este de Dolce & Gabbana- para vender productos. ¿Qué pasó para que nos hicieran esto con nuestros cuerpos? “Nos controlaron, nos cercenaron, nos mutilaron, nos golpearon, nos violaron y nos culparon después de ello. Vivimos en un mundo donde somos siempre juzgadas por cómo caminamos, cómo hablamos, por nuestra sexualidad… ¡Sólo por ser mujeres!”, se queja Leyla Hussein, víctima de la ablación en su país de origen, Somalia, y que ahora viaja por todo el mundo luchando para erradicarla. Y, sobre todo, concienciando a las mujeres que la sufren de que no deberían estar obligadas a pasar por ese proceso para no ser marginadas en su propia comunidad.

Al final, de eso va este documental y el trabajo de sus admirables mujeres protagonistas: de educar en feminismo para que nadie sea engañada por su familia, tradición o religión. “La idea de que una mujer sea sexualmente libre, y que pueda manejar su sexo por sí misma, es el mayor desafío al que nos enfrentamos en todo el mundo”, asegura Hussein. Las creencias religiosas son especialmente importantes en el discurso del filme, pues de ellas emanan las normas de conducta que oprimen a las mujeres en comunidades como la judía ortodoxa radical o, por supuesto, la católica. Uno de los testimonios corresponde a Doris Wagner, que durante su etapa como monja fue violada en repetidas ocasiones por el cura de su Iglesia. Desde el principio se le enseñó que las mujeres tenían que tapar su cuerpo para no tentar a los hombres, y, en consecuencia, si algo pasa acaba siendo culpa de la agredida. “La Biblia siempre fue utilizada para propagar la noción de que las mujeres son un peligro por ser menos valiosas y más pecadoras”, asegura, y cuenta cómo envió varias cartas sin respuesta al Papa Francisco. Y también que su agresor sigue ocupando el mismo puesto.

El cuerpo de las mujeres es un campo de batalla

La culpabilidad y la vergüenza son las principales armas con las que juega el patriarcado -«una religión universal», como la definen- para limitar los derechos sexuales de las mujeres. “Crecer como niña en la India supone ser manoseada, agrupada y acosada en cualquier momento y en cualquier lugar”, cuenta Vithika Yadav, evidenciando todas las agresiones que han de ser asumidas para no perder la cabeza en países como el suyo. “Llegué a odiarme a mí misma por ser una mujer”, continúa, y cuenta cómo rompió la cultura del silencio hablando de forma pública sobre sexo, que sigue siendo un tabú. Y es que, si no se puede hablar de sexo, ninguna mujer está protegida de los abusos de los hombres que las rodean. Que se discutan las problemáticas de las mujeres de forma abierta y colectiva es esencial para conseguir un cambio en las políticas y tradiciones. No es fácil, pero sí necesario.

‘#Placer femenino’ nos recuerda que hay problemas más allá del feminismo occidental, del “feminismo blanco”, donde los resultados del movimiento son más que palpables, aunque no perfectos. El camino hacia la igualdad, no dice el documental, pasa por la educación, la concienciación y el debate. Pasa por el aprendizaje y la sororidad, por no olvidar el pasado mientras miramos directamente a un futuro mejor. Historias como las de Hussein, Yadav o Wagner se cuentan por millones en todo el mundo, y escucharlas es el primer paso para avanzar hacia un mundo un poco más justo, un poco más generoso, un poco más igualitario. Y, definitivamente, un poco más feminista.

 

Fuente: FotoGrama

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