Por Violeta Bondarenco
AZARA, MISIONES. En la Argentina se produce el 60 por ciento del total mundial de yerba mate y el 90 por ciento de la producción nacional está concentrado en la provincia de Misiones. Alrededor de 17 mil personas participan de esa cadena en su primer eslabón que es la cosecha de las hojas de yerba. Silvia Ester Martínez es una de ellas, su trabajo se llama “tarefa” y, como todos los que realizan esa tarea, ella vive en situación de pobreza. 

Una tarefera - Silvia Ester Martínez
Una tarefera – Silvia Ester Martínez

Ester tiene 35 años, reside en Azara, una localidad rural ubicada a 90 kilómetros de Posadas. Trabaja de “tarefera”, una palabra que viene del portugués, y su labor consiste en cosechar las hojas verdes en las plantaciones de yerba mate que después se convierten en la “bebida nacional”.

Dijo que es una tarea donde le costó conseguir empleo por ser mujer, “ya que prefieren contratar a los hombres”. Contó que con ese trabajo mantiene a sus hijos hace cinco años, cuando su pareja la abandonó y dejó de aportar dinero para la crianza.

Se dedica a tarefear en el yerbal de lunes a viernes, mientras los sábados planta yerba en una chacra, donde también tiene que carpir (retirar los yuyos con una azada) y preparar la tierra para sembrar semillas.

Ester señaló que gana entre 300 y 400 pesos por semana. Con eso paga el alquiler de su casa junto con el servicio de electricidad y compra algunos alimentos básicos. A su vez explicó que destina la Asignación Universal por Hijo a útiles escolares y vestimenta.
Es madre de Leonela (15), Ángela (12), Junior (9) y Mariela (7) y hace un tiempo también se sumó a su vida Esmeralda, una nena de dos años a quien le gustaría adoptar legalmente. Contó que siente cariño y respeto por los animales y tiene tres perras (Violeta, Lola y Chispita), un perro (Terry), una gata (Elena) y un gato (Cristian).

Sabe que la educación tiene un rol significativo en el desarrollo de las personas, por eso quiere que sus hijos puedan terminar el colegio. “Yo trabajo casi todo el día, entonces Leonela y Ángela se turnan para cuidar a sus hermanos y prepararlos para ir a la escuela. Cuando una llega del colegio, sale la otra, y así nos arreglamos para que nadie deje de estudiar”, comentó.

“Es muy importante que mis hijos estudien para tener un futuro mejor que mi presente. Yo solo pude hacer hasta séptimo grado porque después tuve que trabajar en el campo. Y ahora que soy grande me gustaría ir a una escuela nocturna, pero en Azara no hay”, agregó.

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