Por Noor Jimenez Abraham *

Somos las mal cogidas, las trolas, las forras, las hijas de puta, las guarras, las brujas, las frígidas, las tortas, las putitas, las locas, las guachas, las perras, las histéricas, las zorras, las bagres, y vinimos para quedarnos. Por tantos que nos descalificaron por conducir vehículos, reír fuerte, estudiar, bailar, hablar, vestirnos, desvestirnos, aceptar, rechazar, dormir, tener sexo, elegir, cocinar, no querer cocinar, lavar y planchar y hacerlo ¿mal?, parir, decir lo que pensamos, abortar, y en todas aquellas actividades donde desarrollamos nuestras relaciones interpersonales – parafraseando parte del título de la ley 26.485 sobre las violencias hacia las mujeres.
Para los que creían que su falo era para nosotras la felicidad, que tenerlo o no iba a ser el eje de nuestra vida, pues, manifestamos, que nos importa su sensibilidad, su compañerismo, su empatía. Que nos escuchen sin decirnos constantemente qué y cómo hacer, que no nos mientan ni controlen, que nos dejen volar en nuestras vidas y nos respeten en las calles.
Y que no nos insulten ni descalifiquen, porque sus palabras nos pesan y las creemos, y entonces nos desvalorizamos, y nos cuesta vernos en nuestras capacidades, porque nos enseñaron, ancestralmente, a darles más entidad a ustedes que a nuestros pensamientos.
Para los que dicen “yo no le pego a una mujer” y se alarman de las violaciones, les contamos que además de esos delitos, las cicatrices que llevamos en el alma por sus burlas, sus alaridos y sus desprecios, tardan mucho, mucho tiempo en sanar, y esa marca se disimula pero no desaparece.
La herida no es por uno, es por varios, algunos de presencia más activa, otros con menor intensidad. Es verdad que ustedes son producto de su cultura, que les enseñaron a dominar, a mandar, pero cuando las personas se convierten en adultas tienen la obligación social de hacerse cargo de sus elecciones, sus formas, sus modos. De salvarse para salvarnos.
Y cuando piensen que somos interesadas y queremos su dinero, reflexionen, para permitirnos ganar el nuestro apropiadamente; para ello, deberán compartir las tareas de cuidado de los hijos y tantas actividades domésticas que nos quitan tiempo y energía para profesiones y oficios donde poder alcanzar el éxito monetario.
Queremos tener tarjetas de crédito propias, para que no nos culpen por gastar con de las de ustedes, deseamos decidir sobre el dinero, por tal motivo, cuando vayamos al banco, otorguen importancia a nuestra entidad como clientas para facilitarnos los créditos, las extensiones, los préstamos. Y en los trabajos, permítannos ascender, observen los antecedentes laborales antes que valorar los genitales.
Procuren tener otra mirada sobre nuestro cuerpo, porque las cirugías, las dietas, las cremas y los electrodos, no son nuestra elección, hacemos grandes sacrificios para agradarles, a veces a riesgo del bienestar; aunque el mercado pretenda convencernos de que son elecciones propias, la cera caliente quema y el tirón duele.
Algunas luchamos constantemente para escapar a estas consignas; otras, están a mitad de camino; a varias, les costó la vida.
Nosotras somos la revolución, la de Alicia Moreau de Justo, de Eva Perón, de Florentina Gómez Miranda, de Carmen Argibay, de Lola Mora, de Juana Azurduy, de Victoria Ocampo y de muchas grandes feministas, sí, feministas, por los derechos de todas y de todos.
Y somos, además, la revolución de nuestras madres y abuelas que, aunque pensaran de modo patriarcal- producto de la crianza machista que temieron rechazar y que no las ha beneficiado-, nos dejaron la impronta de lo que no queremos repetir.
Acá están las banderas de nuestros derechos, que se resumen en vivir sin ser juzgadas y teniendo las mismas posibilidades para las garantías, porque queremos elegir -sin condicionamientos, ni dobles intenciones- si deseamos ser cogidas –bien o mal. Y no digan que nos tienen miedo si nos empoderamos, crucen de este lado y aprendan a tratarnos como iguales, que de miedos, nosotras, ya tuvimos bastante.
Doctora en Ciencias de la Comunicación Social
@noor_j_abraham