Por Lenny Cáceres
 

No sé qué hacer con la Violencia
No sé qué hacer con la Violencia

La encontré en la parada del colectivo, hacía tiempo que no la veía.  Nos saludamos e intenté sentarme cerca de ella, no junto a ella, cerca. No sé porqué.
La conocí en el 2008; una noche me llamó un ex compañero de secundaria para “ayudar” a “un compañero de laburo que había golpeado a la mujer”. La paliza había sido terrible, la primera vez que padecía violencia, según ella… Como si la violencia surgiera de la nada y por motivos inexplicables.La acompañé esa noche al hospital y los días siguientes informándole cuáles eran los caminos que podía tomar, entre ellos, la posibilidad de hacer la denuncia, y la hizo.
Andrea, siempre tan simpática y verborrágica. Saludó a varias personas al subir, se sentó atrás de mí e inmediatamente comenzó a charlar con su ocasional compañera. No presté atención a como se fue dando la charla y como derivó en su historia personal, o no lo recuerdo.
“Estoy harta, ya no sé qué hacer con la violencia, para mí que no se termina nunca”. La dolorosa expresión me hizo temblar, y obviamente comencé a escuchar con atención el relato.Me impactó, entendí de qué hablaba y deseaba saber hacia dónde iba… Al instante, como si hubiera notado el aire frío que corría a lo largo de todo mi cuerpo, o algún cambio en mí, aún estando de espaldas algo me delató,  ella lo supo.  Me avergoncé.
“La señora sabe bien de qué hablo, ella fue testigo de la primera vez que Ariel me pegó” dijo señalándome con la cabeza. La primera vez…
El trayecto era largo, cruzar la ciudad casi de punta a punta, y yo seguía instalada en la frase “No sé qué hacer con la Violencia”. Contaba todos los detalles a su compañera de viaje, no deseaba escucharla, me dolía,  y a la vez necesitaba hablarlo todo con ella, a solas. Era tan fuerte el relato, tan contundente y con una mirada que no solemos tener que no podía dejarla pasar. No eran denuncias, era la realidad que la golpeaba una y otra vez, como Ariel… ‘la primera vez’
 Escuché que se bajaba en el Hospital y adelanté mi final de viaje. Bajamos  juntas y le propuse contar su relato.
–          Contar mis peripecias,  ¿Le parece?
Ahí recordé que ella siempre me interrogaba, me interpelaba.  E interpela al mundo con tanta fuerza…
–          Sí,  me parece.

 

La tarde

Nos encontramos a las 5 de la tarde en un tradicional café céntrico, lo primero que hizo fue sacarme una sonrisa. “Comamos torta… entre tanta mierda hagamos de esto algo lindo que podamos disfrutar”. Ella, con tanta entereza ante el mundo me daba lecciones en cada frase. Ella.
–          Contame… ¿cómo estás?
–          Harta,; estoy harta de cosas que no entiendo y para mí que están mal.
Se quedó mirándome, tal vez esperando que asintiera y ahí terminaba todo.  Al instante notó que yo deseaba escuchar más, que me explicara… y ella sin duda deseaba contarlo todo.
–          El infierno que vivo desde la primera denuncia es peor que la violencia misma. Y en el medio metí la pata, yo metí la pata volviendo con él y las consecuencias son terribles porque dejan de tomarte en serio. Se supone que la víctima soy yo, pero también soy la observada, la castigada – hace señas entrecomillando lo expresado- la cuestionada. Y a él no le pasa nada. Nunca le pasa nada.
Imaginate mi vida. Hice la denuncia y tengo que ir a terapia o a los grupos de autoayuda, decidí ir a las dos cosas, yo quiero curarme pero ¿de qué quiero curarme? Si no hice nada.
Ya sé, usted me dijo que si no me trato la violencia me corroe por dentro y lo peor, puedo repetir el modelo de familia porque así funciona. En la terapia también me lo dijeron, lo entiendo y no quiero que me pase pero… ¿Saben ustedes el calvario que es ser una víctima de violencia y la cantidad de obstáculos que se suman  a nuestra vida?
Cuando hice la denuncia accedí también a la restricción de acercamiento. Cada vez que la restricción se vencía y no se renovaba a tiempo él aparecía otra vez, a cualquier hora, a golpearme, abusarme o lo que quisiera hacer conmigo. Que no se renovara era mi responsabilidad y… mi culpa. A él no le pasaba nada, nadie le hacía nada. Ni una sola vez fue preso, ni siquiera por unas horas.
Las chicas de los servicios me atienden muy bien, me cuidan, me informan y ayudan mucho. Cuando no voy me llaman, arreglamos nuevas citas y me tienen mucha paciencia, son muy buenas pero no saben responderme porque a él no le pasa nada. A veces no llego porque él se entera el horario y me agarra en la calle, en cualquier parte. Me insulta, me grita, me dice que abandono a los chicos y las cosas que se le ocurren. Otras no puedo porque tengo que trabajar y eso me parece que está mal. Llevo los chicos a la escuela, pido permiso en el trabajo y no siempre están dispuestos a dármelos, la gente no entiende mucho estas cosas, le importa que vos cumplas. Todo el mundo espera que cumplas. En el trabajo, en la justicia con las restricciones ¿Por qué se vencen las restricciones, no pueden ser para siempre? , las asistentes sociales también te piden que cumplas, la psicóloga… Y también piden que haga tratar a los chicos para que no repitan el modelo. Saben lo que es sacar turnos para los tres en la Posta, poder cumplir con los turnos porque si no lo hacés te retan y tratan como a una madre descuidada o abandónica como me dijo una secretaria.
Te sigo contando. Llevo a los chicos a la escuela a escondidas, si conseguí permiso en el trabajo voy a la terapia,  al horario que ellos ponen, tengo que estar atenta al vencimiento de las restricciones… y a él ¿no le pasa nada?¿Si él me pegó, el violento es él, porque yo tengo tantas obligaciones a partir de ser una víctima y a él no le pasa nada?¿Nadie le exige tratamiento a él, nadie controla lo que hace y a mí me exigen y controlan todo?
Lo peor fue cuando volví con él. En el 2012 cuando me recibí del secundario apareció diciéndome que estaba orgulloso de mí, que le había dado una lección de vida y fortaleza, y volví. Le duró poco el orgullo, al año siguiente cuando ingresé a la universidad se puso loco otra vez. Ha llegado a arrastrarme por las escalinatas delante de todos y nadie hizo nada. A él no le pasó nada, y menos ahora que cuando voy a hacer una nueva denuncia porque me golpeó, persiguió o insultó los policías se burlan y me dicen: “bueno querida, nadie te mando a volver con él, parece que te gusta”. Esa si es mi culpa, no tendría que haber vuelto, pero lo creí. ¿Usted entiende que le creí? La gente puede cambiar ¿no?.
La escucho, le respondo alguna de sus preguntas cuando puedo… Intento explicarle que no hay culpa en volver con su esposo, que es inherente a las etapas del ciclo de la violencia… Ella sigue, y sigue hablando, contando, explicando… su calvario.
–          Quiero terminar la carrera y poder librarme de todo,  me faltan unos años todavía y no sé si no me mata antes. Cada vez es peor, a medida que pasa el tiempo está más violento, ahora no le importa pegarme o violarme aunque estén los chicos, me pega en cualquier parte. Total, el tiene todos los derechos, las libertades y sabe que yo solo tengo que cumplir.
–          No me quiero mudar, cambiarme el nombre y alejar a los chicos de todo como me aconsejan. ¿Por qué tengo que hacer eso si yo no hice nada?
–          Dígame… ¿A él nunca le va a pasar nada?
No le puedo responder, no sé responderle. Cómo le digo que es muy probable que a él nunca le pase nada…
Pasaron dos horas desde que nos encontramos. Tiene que irse a buscar a los chicos. Temblando, a escondidas… esperando que no la haya seguido y la intercepte por ahí para hacer con ella… lo que quiera.  Y pregunta:
–          ¿Qué va a contar de lo que hablamos?
Todo, quedate tranquila que voy a contar todo, o no tendría sentido.
Me dio un beso, sonrió, siempre sonreía, y desapareció entre la gente…
Se acerca el mozo, a quien conozco y dice:
–          ¡Cómo habla esa mujer!… Te debe haber limado la cabeza.
Lo miré, en otro momento lo hubiera mandado al carajo, explicándole que no entendía nada, que nada es lo que parece y… Pero no, el mozo hizo el remate perfecto a todo el relato de Andrea, lo legitimó… Esa es exactamente la percepción que socialmente, en todos los estamentos de la sociedad,  suele tenerse…
 
 

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