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Notas sobre la historia reciente de las luchas
por los derechos de las sexualidades disidentes[1]

La coyuntura de doble hélice –reclamo por los derechos humanos con la recuperación de la democracia y necesidad de sofocar el HIV/SIDA– fue audazmente empleada por la Comunidad Homosexual Argentina-CHA, a cuyo frente estaba Carlos Jáuregui. No vacilaba en solicitar a todos los homosexuales –varones y mujeres– que se mostraran, que enunciaran públicamente su preferencia sexual. Fue el organizador de la primera Marcha del Orgullo en 1992, pues entendía que los peores enemigos de los derechos de las personas homosexuales eran el ocultamiento y el sentimiento de vergüenza que solía prevalecer; y ese año la Justicia debió reconocer como organización civil a la CHA. Las Marchas del Orgullo se fueron poblando con un número cada vez mayor de participantes y no solo de quienes contrariaban la sexualidad canónica. Cada Marcha comporta hoy una multitud de manifestantes con espacio para todo el arco de las diversidades, y no puede soslayarse la renovación que suscita la participación de las personas más jóvenes. Hubo partidización de determinados colectivos, la adhesión política a fuerzas que han expresado a las mayorías populares, como lo es el peronismo – especialmente por la acentuada contribución de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner a la ampliación de derechos–, aunque en otras formaciones partidarias también se han expresado los núcleos organizados disidentes.

Por Dora Barrancos[2]

La visibilización de las mujeres lesbianas ha sido algo más dificultosa. Las denominaciones corrientes para aludir a las mujeres homosexuales fueron “tortas”, “tortilleras”, “bomberos” y no pocas veces “fiesteras”. No faltaron incluso señalamientos distintivos entre “rosas” y “celestes”; las primeras eran consideradas “pasivas” y las segundas “activas”, aludiendo a ciertas técnicas de consumación de la sexualidad, lo que en términos actuales podría asimilarse a lesbianas “buch” y “fem”.

“La militancia lesbiana surgió al inicio de la recuperación democrática argentina”

En 1986 había en Buenos Aires algunos grupos de activistas, tal el Grupo Autogestivo de Lesbianas (GAL), y circulaba una publicación del núcleo “Codo con codo”. En 1988 un grupo de manifestantes que concurrió a la Plaza del Congreso se identificó con el lesbianismo, y no puede dejar de evocarse la actitud iconoclasta de Ilse Fuscova, una figura emblemática en las luchas por el reco nocimiento a inicios de la década 1990. Han proliferado las organizaciones en todo el país, tanto como los manifiestos y los encuentros. Se puede conjeturar que una porción de las nuevas incorporaciones a los feminismos remite a mujeres que desean identificarse de acuerdo con su subjetividad, sentimientos y pulsiones sexuales homoeróticas. Es mucho más frecuente encontrar hoy a no pocas militantes lesbianas en muchos frentes de mujeres, y han aparecido numerosas iniciativas culturales impulsadas por la militancia lésbica. En suma, en esta primera década del XXI han aumentado los grupos, las organizaciones y las siglas que tienen como referencia el amor entre mujeres, tales los casos de las que integran la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FLGBT).

“Con aun mayores dificultades, las personas “trans” trajinaron la búsqueda colectiva de reconocimiento”.

Se trata de un conjunto heterogéneo, por lo que resulta gnoseológica y políticamente incorrecto conferirles una “identidad” con fuerza categorial; su urdimbre está compuesta de muy diversas manifestaciones, de alteridades de innegable disparidad. Hay un arco de identidades y debe reconocerse que las personas trans habían tenido dificultades para ser reconocidas por buena parte de las otras comunidades disidentes. Circunstancia semejante ocurrió en Estados Unidos, ya que resultan conocidas las diatribas y las dificultades de entendimiento entre la comunidad gay y la militancia “trans”, como ocurrió con las dolorosas contrariedades vividas por Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera, para señalar solo dos protagonistas de peculiar actuación. La acción colectiva de las personas trans, en especial de las travestis, comenzó probablemente a inicios de la década de 1990 –se trata del más reciente de los movimientos relacionados con los “derechos personalísimos”–, y se tornó más visible e intensa en Buenos Aires, ciudad que atraía a quienes se les hacía insoportable la discriminación y las humillaciones en sus respectivas comunidades interioranas. La nueva Constitución (1994) estableció la autonomía de la ciudad de Buenos Aires, que pasó a tener la condición institucional de un estado provincial y –por lo tanto– debía establecer su propio estatuto constitucional. La Constituyente de la Ciudad produjo una de las cartas fundamentales más progresistas de América Latina hasta entonces, gracias a una buena cantidad de representantes de ideas progresistas y de un cierto número de feministas. Se garantizaba la igualdad de género y de todos los sujetos afectados en derechos por causa de su orientación sexual. Durante los debates de la Constituyente, se movilizaron diversos grupos estigmatizados por su condición sexual, entre los que se contaban agrupaciones de prostitutas y colectivos de travestis, muchas de sus integrantes forzadas a ejercer la prostitución. Sus manifestaciones fueron de gran significado no solo porque pusieron en evidencia la discriminación, el hostigamiento, la exclusión de las prerrogativas de la ciudadanía e hicieron posible su visibilidad, sino porque ayudaron a extender la necesidad de sostener colectivos. Sus demandas para extinguir la persecución policial –se constataban toda suerte de abusos y no solamente a quienes ejercían la prostitución– fueron clave para comprender el plexo de derechos que debían plasmarse. La primera Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires derogó los edictos y sancionó de inicio un Código de Convivencia que originalmente eliminaba cualquier criminalización de quienes ejercían la prostitución, aunque lamentablemente se retrocedió en 1998.

Entre los avances más acentuados de la acción colectiva de las personas travestis se cuenta el activismo precursor de ALIT –Asociación de Lucha por la Identidad Travesti–, una de cuyas forjadoras fue la notable Lohana Berkins, singular militante que lamentablemente perdimos no hace mucho.

Notas sobre la historia reciente
Notas sobre la historia reciente

En el 2006 surgió la Federación Argentina LGTB –lesbianas, gays, bisexuales y transexuales–, que pudo reunir a numerosas núcleos en todo el país; y –más recientemente– se creó la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA), que congrega a organizaciones de activistas del país. Pero tal vez lo más destacado de la FLGTB, ha sido su empeño para la obtención de dos leyes civiles de gran significado: el matrimonio igualitario (Ley 26.618/ 2010) y la Ley de Identidad de Género (Ley 26.743/2012). La Ley de Identidad de Género les asegura a las personas el derecho a ser tratadas de acuerdo a la índole sexo genérica que manifiestan tener; lo que cuenta es la identidad autopercibida. Debe insistirse que estas transformaciones del derecho privado en nuestro país fueron posibles gracias a la acción colectiva, a las organizaciones que se empeñaron en esas conquistas. Más allá de las organizaciones formalizadas, las personas trans han podido forjar –sin duda con muchas vicisitudes– alternativas de ayuda mutua, fórmulas de acogimiento y modos protectores, teniendo en cuenta la subrayada situación de vulnerabilidad que ha caracterizado a la enorme mayoría de quienes integran la comunidad. No deja de llamar la atención que en pocos años se redujera notablemente la falta de reconocimiento por parte del orden jurídico en este país, dando lugar a la legalización de la conyugalidad igualitaria y, muy especialmente, sancionando la admisión, sin cortapisas, de las diversas identidades sexo-sociales en las prerrogativas de la ciudadanía. Sin embargo, todavía hay deudas severas porque las desigualdades persisten de hecho; son ostensibles las mayores dificultades para la integración completa de las personas trans a medios laborales; subsiste su segregación. Pero debe celebrarse el reciente Decreto 721/2020, que establece el cupo trans en los organismos estatales nacionales, lo cual es un paso notable.

Con la mudanza de signo de gobierno en diciembre del año pasado, la creación del ministerio que incorpora en su propia designación a la diversidad –Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidad, tal su nombre– y la designación de la primera persona trans en funciones equivalentes al rango de viceministra se abre un camino inédito que debería ser irrevocable en el afianzamiento de derechos. En muchos estados provinciales ha ocurrido lo mismo; esto es, la integración de personas trans en altas funciones, ya sea en ministerios destinados a los derechos de las mujeres y de la diversidad –como el de la Provincia de Buenos Aires– o en las dependencias especializadas. Finalmente, no puede dejar de enunciarse la amplitud de uso que ha conseguido el lenguaje inclusivo en numerosos segmentos sociales, al punto de que varias universidades nacionales han conferido legitimidad a su uso, tal vez un hecho precursor en la región latinoamericana. Es plausible admitir que, pese a las reservas conservadoras, se han puesto de manifiesto cambios sustanciales de mentalidad, actitud, temperamento, en la mayoría de la sociedad argentina. En fin, datos estimulantes que permiten entrever un horizonte más ecuánime para la vida comunitaria. Ojalá se esté cerca de alcanzar verdaderamente un cambio paradigmático en las mallas relacionales sociosexuales de nuestra sociedad, indispensable para una verdadera democracia.

[1] Esta nota es un fragmento del artículo “Género y sexualidades disidentes en la Argentina de la agencia por derechos a la legislación positiva”, publicado por Cuadernos Intercambio sobre Centroamérica y el Caribe.Vol. 11, N.° 2. Julio-diciembre, 2014.

[2]  Dora Beatriz Barrancos es una investigadora, socióloga, historiadora y feminista argentina. Es profesora titular de la Universidad de Buenos Aires e Investigadora Principal del CONICET, formando parte de su directorio entre 2010 y 2019.

Fuente: Barrancos, D. (2020, diciembre).  Notas sobre la historia reciente de las luchas por los derechos de las sexualidades disidentes. INCLUSIVE. Recuperado de: https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/2021/04/inadi-revista-inclusive-n2-122020.pdf

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1 Comentarios

    • Leonor luna -

    • noviembre 12, 2023 a las 17:44 pm

    No a milei…

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