Habitamos matrices heredadas, entre ellas la heterosexual.
por Emiliano Samar*
Escucha este artículo en la voz de Marina Colado
Matrix es una trilogía de películas de ciencia ficción escritas y dirigidas por las hermanas Wachowski. La historia plantea que en el futuro, tras una dura guerra, casi todos los seres humanos han sido esclavizados por las máquinas y las inteligencias artificiales creadas. Estas los tienen en suspensión y con sus mentes conectadas a una realidad virtual llamada «Matrix» que representa el final del siglo XX.

“La Matrix es un ambiente de relación entre cosas y sucesos creado y controlado artificialmente, un entorno simulado. Morfeo la define como una mentira, un engaño a los sentidos; no es real, pero lo percibimos como real”, reflexionan Gabriela Pattacini y Adriana Victorica en uno de sus análisis sobre pedagogía donde remiten a la película en cuestión.
Muchas veces nos encontramos suspendidos, abandonados al devenir de una matriz cargada de mandatos. Mandatos que han entrado en tensión con los movimientos populares y disidentes.
La película citada da cuenta de una realidad virtual del siglo XX en la que se está en suspensión. En un estado de «no pensamiento», sin posibilidad de lectura crítica, analítica sobre lo que acontece, como entregándose a lo dado de modo natural, suspendidos.
La revolución implica rebelarse a la imposición, salir de la máquina. Hackear la Matrix / matriz sería aquí, en nuestra analogía, establecer acciones contraculturales que nos acerquen a lo planteado por Judith Butler en “El género en disputa…». Ella analiza el desafío que implica abandonar y superar toda postura naturalista que signa el sexo, el género y el deseo y revisitarlos junto a los actos, prácticas, estilos, discursos y reglas que conforman el dispositivo político reproductor de géneros normativos.
Los ideales dispuestos por la heteronorma se presentan como medida de posiciones, modos, vínculos. Se presentan también las categorías de género hegemónicas: varón-mujer como lógica binaria. La heterosexualidad adquiere sentido y se impone como supuesto a priori gracias a ese conjunto de normas que dan por sentado lo natural, lógico y preeminente de la heterosexualidad. “La deconstrucción de la identidad no es la deconstrucción de la política; más bien instaura como política los términos mismos con los que se estructura la identidad” continúa Judith Butler.

¿Cómo rebelarse ante el mandato desplegado en publicidades, afiches, cuentos, leyendas, fábulas, novelas, etc? Todo se muestra unívocamente, el camino es uno, los códigos se despliegan fluorescentes mientras muchas y muchos se erigen cotidianamente perturbadores del mundo.
Incomodar lo establecido sería intervenir subversivamente la matriz, como un acto de interrupción, desplazando el sí acepto del contrato. En este sentido Romina Lerussi afirma que “es interrumpir desde el exterior, del adentro de ese lenguaje, significando, repitiendo críticamente sus conceptos al tiempo que creando nuevos. Es disputar, desde la heterogeneidad que nos constituye, el régimen de inteligibilidad que regula la heterosexualidad obligatoria».
Adrienne Rich, poeta y activista, señala que la heterosexualidad puede no ser en absoluto una preferencia, sino algo que ha tenido que ser impuesto, gestionado, organizado, propagado y mantenido a la fuerza. Describe que no ser capaces de analizar la heterosexualidad como institución sería como no ser capaces de admitir que otros sistemas se imponen… como el económico llamado capitalismo… o el de castas del racismo. Sistemas mantenidos por una serie de fuerzas, señala la autora. Y retoma luego: “para dar el paso de cuestionar la heterosexualidad como «preferencia» u «opción» se requerirá una calidad especial de valentía, pero creo que los beneficios serán grandes: una liberación del pensamiento, un explorar caminos nuevos, el desmoronarse de otro gran silencio y una claridad nueva en las relaciones personales”.
En la película Matrix la píldora roja y su opuesta, la píldora azul, representan la elección entre abrazar la incómoda verdad (roja) o la dichosa ignorancia (azul). Se le ofrece al protagonista la elección entre tomar una de las dos píldoras. Quizá, superando la posibilidad dual de las opciones de la matrix, podamos encontrar la incómoda dicha de saber y ser.
(*) Columnista de Diario Digital Femenino
@emilianosamar
emilianosamar@gmail.com
Valeria Canoni -
Excelente artículo. Me encantó el recurso del audio. Escuchar esa lectura tan pausada y sin baches ayuda muchísimo a la comprensión. Gracias como siempre, equipo de diario femenino.
Admin -
Muchas gracias a usted.
Equipo de Diario Digital Femenino.