Por Florencia Alamos[1]

Las leyes contra la violencia de género deben bajar a la sociedad y abrirse camino - Marcela Lagarde
Las leyes contra la violencia de género deben bajar a la sociedad y abrirse camino – Marcela Lagarde

Es referente en el mundo de los derechos de las mujeres. Además de ser una antropóloga activista que revolucionó términos en la Academia, Marcela Lagarde afianzó su compromiso político al legislar en México sobre derechos humanos, promover normas  e instalar conceptos relacionados a la violencia de género.
Apurada por sus varias actividades en Buenos Aires, se sienta y se dispone a contestar lo que le consultan. Sabe que no necesita mucho tiempo para responder con claridad y contundencia aquello que para el otro es quizás una duda o un asunto pendiente.
En el marco de la histórica y masiva concentración #NiUnaMenos que se realizó días atrás  frente al Congreso y en más de 80 ciudades en todo el país, y del Foro Internacional por los Derechos de las Mujeres en el cual participó como panelista destacada, Lagarde reflexiona sobre el recorrido de su labor legislativa y de los no pequeños logros;  la incorporación del delito de feminicidio (en el que se marca la responsabilidad del Estado en los crímenes contra mujeres) y la sanción de la ley que protege a la mujer de la violencia de género, y de los desafíos a futuro.
Asume que, al igual que en otros lugares de la región, una vez promulgadas las leyes, el camino más arduo es su aplicación y bajada a la sociedad. “Sancionar esas leyes fue el triunfo de la razón. Para mí fue importante porque fui una crítica de la razón hegemónica, pero también una defensora y constructora de otras razones. En el Congreso mexicano defendimos eso, y, en la coyuntura pudimos hacer las leyes. Para una ciudadana de a pie como yo, tener el derecho a legislar es una maravilla y un derecho pleno, no sólo votar ni ir a elecciones, sino el tener el derecho a legislar, ese fue uno de los placeres de mi vida”, reflexiona.
Reconoce, no obstante, que el mayor reto es que se aplique la legislación: “El arduo camino que tiene la ley es que baje a la sociedad. Ahora, es la ley que la que se filtró en esta enorme montaña que es el patriarcado, y ahí tiene que abrirse camino”.
Y es en esa línea donde Lagarde subraya que tanto en Argentina como en México, “no es inmediatamente que va a haber resultados, que va a bajar el número de feminicidios, que no va a haber violaciones”. “La ley no es mágica, debe bajar a la sociedad. Y tiene que abrirse campo en las instituciones y  son los funcionarios y autoridades las que tienen que aplicarla, no nosotros. Y tenemos que incidir ahí”, enfatiza.
Menciona es ese sentido la convocatoria a observatorios, a cursos, a seminarios que puedan dar seguimiento al cumplimiento de esas leyes en la sociedad acompañado por campañas y educación que asistan a las normas aprobadas en el recinto luego de tanto recorrido.
Es que para la antropóloga, ícono en el feminismo latinoamericano que aportó al campo académico innumerables artículos e investigaciones, es difícil disociar la ciencia de lo político. Define que van “de la mano”, que durante toda su vida estudió los textos políticamente y que siempre “salió a la calle con la ciencia y la filosofía en la cabeza”. “Mi vida académica desde lo escolar, desde la escuela secundaria estuvo ligada a la política. A mí me toco vivir el movimiento estudiantil del ‘68 que fue muy importante”, recuerda.
Las leyes sancionadas, entonces, coronan un poco ese recorrido.  “Fue importante desde el punto de vista académico y político, porque pude llevar la academia al Congreso y pude hacer política fundamentada científicamente”, resume.
Como legisladora desde el 2003 al 2006, fue presidenta de la Comisión Especial de Feminicidio para investigar el asesinato de mujeres en Ciudad Juárez y elaboró y promovió la Ley General de Acceso de las Mujeres a Una Vida Libre de Violencia. Pero también logró que el delito de feminicidio sea incorporado en el Código Penal, y desde el año pasado, que esa palabra la incorporara al diccionario la Real Academia Española.
Pero su vocación no termina en lo hecho, continúa elaborando proyectos y señala que es urgente añadir a la legislación mexicana, -primera ley en Latinoamérica que, desde la perspectiva de género y de los derechos de las mujeres desarrolla diferentes tipos de violencia- dos modalidades más no incorporadas a las 5 que define la ley, como son la violencia obstétrica y la violencia política.
Cuando se le consulta por los casos de violencia de género en México y sus semejanzas con la Argentina es categórica: “La violencia de género es violencia de género aquí o en México. Es más, hasta lo definimos de manera similar”, explica. Amplía que, por ejemplo, en España la violencia de género se refiere a la de pareja, pero en América Latina no se limita a ese ámbito, pese a que en Argentina se usa el término femicidio y en México, el feminicidio, que implica una mayor responsabilidad del estado.
Aunque entiende que “para hablar y comparar violencia de género deberíamos ver lo jurídico y analizar cómo esta esa ley y los códigos penales de cada país para ver si asemejan o no las situaciones. Yo tengo el sueño enloquecido de hacer una comparación global latinoamericana e iberoamericana para ver los significados que le damos a la violencia de género en cada lugar”, confiesa.
Al responder sobre el presente en México, los ojos se achican y parecen más húmedos. “En mi país da vergüenza, es un país enormemente violento, estamos viviendo una etapa brutal porque no hay democracia plena, la que hay no se respeta y se ha truncado un estado de derecho, estamos en una situación que Argentina no está viviendo”, señala.
Hace 15 años logramos instalar el tema del femincidio en un momento donde no había el mismo tipo de violencia que hay hoy. Hoy hay violencia de militares, paramilitares, policiales, mafiosos, de los narcos, de bandas, cuando se rompe el estado de derecho los patriarcas van generando sus procesos violentos, y todo eso está pasando en mi país, y estoy muy triste y me enoja mucho”, revela.
Pero pese a ese enojo, que se mezcla con voluntad de cambio, con fortaleza para revertir lo instalado, retoma la agenda por la que fue convocada y se esperanza con lo ocurrido en Argentina a partir del #NiUnaMenos. “Pese a tener culturas similares, Argentina debería aprovechar la paz, porque en eso si es muy diferente con el presente de mi país. En México en muchas ciudades la marina patrulla porque los otros policías se corrompieron con los narcos. En otros lugares vivimos en paz, como en el México DF gobernado por la izquierda, y no es casualidad que allí no haya tanta violencia”.
La marcha del 3 de junio  convocó a unas 200.000 personas en la Ciudad de Buenos Aires y se repicó en otras ciudades del país y de la región, como Uruguay y Chile. Lagarde prefiere no hablar de efecto contagio, porque “eso es un término de salud o enfermedad”, pero tras invitar a definir lo ocurrido en la concentración con “nombre político”, asegura el “gran impacto” que tendrá a futuro. “Va a tener mucha incidencia local, regional e internacional. Hay que sacarle jugo político”, resumió.



[1] Licenciada en Comunicación y Periodismo. Egresada de Maestría en Comunicación y Derechos Humanos, Universidad Nacional de La Plata, UNLP.
Redactora de la sección América Latina, en la agencia Télam.
Participe de capacitación en el Consejo de Derechos Humanos en la ONU, Ginebra,(presenciando el EPU de la Argentina en 2012).
Integrante de la RIPVG.
@floralamos
 
 

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