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La cultura de la cancelación (o cancel culture) es un neologismo que designa a un cierto fenómeno extendido de retirar el apoyo, ya sea moral, como financiero, digital e incluso educativo y social, a aquellas personas u organizaciones que se consideran inadmisibles, ello como consecuencia de determinados comentarios o acciones, independiente de la veracidad o falsedad de estos, o porque esas personas o instituciones transgreden ciertas expectativas que sobre ellas había. El término cancel culture o cancelling comenzó a utilizarse en 2015, ganando mayor popularidad a partir de 2018.[1]

Por Lenny Cáceres*

Esta cultura, tan de moda en los últimos tiempos y que ha generado innumerables debates, consecuentemente, tiene tantos adeptos como detractores. En ocasiones, cuando se intenta descalificar a algunas personas, se logra el efecto contrario y esta pasa a estar en la esfera social con mayor defensa e idolatría. En el caso de la ministra de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, Soledad Acuña, la aplicación de esta cultura no es inocente, responde a una intención concreta y sabe el efecto que causará. En su alocución, entre líneas, se lee: “son negros, pobres, viven en la villa, por lo tanto, son adictos y narcos”. Punto. El daño directo y concreto está realizado.

La ministra Acuña y la cultura de la cancelación
La ministra Acuña y la cultura de la cancelación

¿Por qué la ministra se refiere a estas personas en esos términos? ¿Presentó pruebas? ¿Le consta? ¿Hizo algo para evitarlo? No, nada de eso y ella tampoco corre el riesgo de ser “cancelada”, es la ministra de educación del ombligo del país, de CABA. Eso, sencillamente, no va a suceder.

Recibirá algunas críticas, se disculpará, sus pares se avergonzarán y, tal vez, por suponer, puertas adentro tenga algún llamado de atención. Las pibas y los pibes seguirán en la villa, sin ir a la escuela, sin esa oportunidad de educarse porque la responsable de que ello suceda ya miró para otro lado, se justificó descalificando, discriminando. Futbolísticamente hablando: Soledad Acuña ya tiró la pelota afuera, otra vez.

Cuentan con personas que piensan de esta manera. ¿Es clasista, racista, discriminatorio? Sí. ¿Qué vamos a hacer con eso? ¿Qué organismo u organización hará que se revierta realmente esta conducta social? Se repite una y otra vez, en demasiados espacios.

Combatiendo la cultura de la cancelación en el aula[2]

La profesora Loretta J. Ross propone combatir la cultura de la cancelación por medio de una clase en Smith College. Ella busca desafiar a sus alumnas a identificar características y límites del movimiento. “Lo que realmente me impacienta es llamar a la gente por algo que dijeron cuando eran adolescentes cuando ahora tienen 55 años. Quiero decir, todos en algún momento hicimos cosas increíblemente estúpidas cuando éramos adolescentes, ¿verdad?”, comentó en una entrevista para el New York Times.

Para ella, la solución está en llamar la atención en privado en lugar de hacerlo públicamente, “hacerlo con amor”. Si algún conocido hizo algo ofensivo, en lugar de pedir que se cancele por las redes sociales, mandarle un mensaje privado o llamarlo para discutir al respecto. Esto puede llevar a una conversación con contexto y puede convertirse en un momento educativo.

En sus clases, la profesora incluye el ejemplo de Natalie Wynn, una youtuber que elaboró una especie de taxonomía después de ser cancelada varias veces. En su video, explica cómo la cultura de cancelación toma una historia y la transforma en una situación distinta. Busca la presunción de la culpa sin hechos, como fue el caso de James Charles. Además, explica que parte del movimiento es el esencialismo que sucede cuando la crítica del error convierte a esa persona en “mala persona”, el pseudointelectualismo o la superioridad moral del que acusa y la contaminación o culpa por asociación.

¿Habían escuchado sobre la cultura de la cancelación? ¿Qué necesita hacer alguien para merecer ser cancelado? Una vez que una persona o grupo de personas es cancelada, ¿cómo se revierte o legitima su derecho a ser y desarrollarse?

La cultura de la cancelación es absolutamente dañina, una de las más crueles y solapadas formas de violencia que existen y, en este caso, violencia social. Es verdad que no podemos aceptar la forma de ser de todas las personas, ni querer a todas las personas, pero tampoco participar de la de la aniquilación de una persona o grupo social ¿Desde qué lugar? Es superioridad, honra, honor. No, es violencia.

Tenemos la opción de alejarnos y seguir con nuestra vida, remarcando qué cosas son inaceptables para una vida en igualdad de derechos y libre de violencias.

[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Cultura_de_la_cancelaci%C3%B3n

[2] https://observatorio.tec.mx/edu-news/cultura-de-la-cancelacion

(*) Periodista feminista abolicionista. Directora de Diario Digital Femenino
Titular de Lenny Cáceres, asesoramiento y capacitación. 

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