Fotos: Emmanuel Briane-La Nueva.
Por Federico Moreno / fmoreno@lanueva.com
Gabriela Iacovino es porteña, tiene 50 años, una hija de 6 y allá por los principios de la década del 90 se transformó, en una sociedad donde el hombre acaparaba aún más que hoy los puestos jerárquicos del mundo laboral, en la primera supervisora femenina de la multinacional Mc Donald’s a los pocos años de desembarcar en la Argentina.
Hoy, la licenciada es directora de Recursos Humanos de la cadena de supermercados Día y esta semana estuvo visitando nuestra ciudad para intercarmbiar experiencias con el grupo Mujeres Empresarias y Profesionales.

Consultada sobre el rol y el protagonismo de las mujeres en el trabajo actualmente, Iacovino sostuvo que “hoy tiene más presencia en el mundo laboral, y hasta cierto punto de su vida personal y profesional no encuentra problemas en las empresas”.
“Pero cuando empieza a tener hijos y comienza a tener prepoderancia la calidad de vida que les quiere dar, el tiempo que quiere estar en casa con ellos y el orden que quiere para su familia, es ahí donde muchas de las actividades corporativas se hacen cuesta arriba”, analizó.
Haciendo referencia a su propio caso, con su hija pequeña, Iacovino comentó: “Hace poco estábamos en una mesa de directores y de los 22 solo 2 éramos mujeres. Colegas se preguntaban por qué era tal la diferencia, y yo les expliqué que para estar ahí, mi compañera y yo estábamos dejando un día de semana a las 10 de la noche a nuestros hijitos, que cuando llegáramos a casa ya iban a estar dormidos. Y así siempre, con viajes, reuniones, cenas… es algo difícil de hacer”.
“Hoy las mujeres pueden llegar mucho más alto porque trabajan a la par de los hombres, pero hay algo que siempre les va a pesar y es el tiempo que le quieren dedicar a la familia. Ahí es donde la política y las leyes tienen que allanar el terreno, flexibilizando licencias, horarios, incluso dándoles más derechos a los hombres en épocas de paternidad”, analizó Iacovino.
Inclusión en el trabajo
Los tiempos cambian, las familias hoy se componen de manera diferente que hace 50 o incluso 20 años, y las nuevas necesidades requieren de nuevas respuestas, nuevas soluciones.
De algo tan trascendental como el nacimiento de un hijo y el tiempo necesario para adaptarse a ello, a lo que puede parecer un detalle pero hace al bienestar emocional de una persona, la inclusión y la apertura mental marcan el camino del progreso.
“Ensayando una entrevista laboral ficticia con una alumna, esta me preguntó si estaba casada, a lo que le dije que sí, y luego me preguntó cuál era el nombre de mi marido. ‘¿Por qué marido? Puede ser mi mujer’, le respondí y cayó en ese error que en el 2019 ya no se puede cometer. Puede parecer un detalle pero del otro lado hay una persona que no tiene por qué sentirse incómoda. Desde la docencia se debe corregir esto, pero muchas veces los docentes no se animan a hacerlo”.
Fuente: La Nueva