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Rosa Baigorria, de 74 años, vivió una pesadilla. Sufrió un intento de homicidio por parte de su pareja, José Allende, de 75. Cuando quiso ponerle fin a la relación, él buscó un revólver y le gatilló varias veces.
– Por Natalia Muñiz
Rosa Baigorria, de 74 años, vivió una pesadilla. Sufrió un intento de homicidio por parte de su pareja, José Allende, de 75. Cuando quiso ponerle fin a la relación, él buscó un revólver y le gatilló varias veces. Como las balas no salieron, comenzó a golpearla. “Me dijo que si no era de él, no era de nadie”, destaca. Tras un juicio abreviado, el agresor fue condenado a 10 años de prisión.
El hecho ocurrió el 8 de mayo de 2016, en Córdoba capital. “Fue algo terrible, nunca pensé que me iba a pasar”, remarca Rosa y manifiesta que tras animarse a contar su caso en los medios de comunicación “las veces que me han parado en la calle para decirme ‘yo pasé lo mismo’ o ‘mi mamá pasó lo mismo’”.
Rosa salía desde hacía tres años con José. Se habían conocido en un grupo de personas mayores que se reúnen los viernes. “Pensé que había encontrado un compañero para pasar los últimos años de mi vida -recuerda-. Convivíamos en una forma especial, cada uno vivía en su casa y los fines de semana estábamos juntos”.
“Estaba todo muy bien pero en enero de 2016 empezó con un problema de celos. Me hacía la vida imposible, discutíamos muchísimo y estaba pensando en separarme. Él se dio cuenta que lo iba a dejar”, destaca.

“Él lo tenía todo planeado”

“Los viernes, luego de las reuniones del grupo, siempre íbamos a su casa por la calle Vélez Sarsfield, doblábamos por Río Quinto y tomábamos la calle donde él vivía (en el barrio Comercial). En esa intersección, siempre había una señora tomando mate en la vereda. Ese fin de semana, por primera vez, no tomó ese camino, siguió de largo y agarró otra calle. Ese fin de semana no habló nada”, relata.
Rosa agrega otro detalle clave: “El domingo a la mañana, cuando estaba prácticamente cambiada para irnos a mi casa, me llama al celular la nuera de él, que vive en Santiago del Estero, para preguntarme si pasaba algo porque José había llamado al hijo diciéndole que viniera a Córdoba. Le dije que no pasaba nada. Hasta ahí no había entendido nada de lo que le pasaba por la cabeza a José. Después fui atando cabos. El lo tenía todo preparado. Cuando corté le pregunto qué pasa y me responde: ‘A esto hay que ponerle punto final’. Le digo ‘sí, discutimos mucho’, y pedí que me llamara un taxi, me quería ir a mi casa”.
Sin embargo, José buscó un revólver. “Empezó a gatillarme. Me salvó que el arma no andaba porque sino no estaba viva. Entonces me empezó a golpear y dijo que si no era de él, no era de nadie. No podía entender lo que me estaba pasando -manifiesta-. Me quiso matar. Me golpeó muchísimo. Me caigo al suelo, había perdido mucha sangre. El dijo que iba a buscar el auto y fue hasta la cochera. En ese momento, me paré como pude y salí. Fui hasta el kiosco de enfrente y dije ‘José me quiere matar’. Llamaron a la policía y a la ambulancia”.

No obstante, José fue a buscarla. “Me pidió que volvamos a la casa. Por supuesto, me negué. Me vuelve a golpear y caigo al suelo. El quiosquero lo tomó de las muñecas y frenó. Quedó todo registrado en la cámara de seguridad del local y sirvió como prueba”, describe Rosa, quien recibió un fuerte apoyo de los vecinos, del Centro de Participación Comunal Nº 1 donde dicta clases de Pintura Decorativa, del Polo de la Mujer, y de su familia.

Visibilizar

Rosa contó su caso en los medios de comunicación. “Las veces que después me han parado en la calle para decirme ‘yo pasé lo mismo’ o ‘mi madre pasó lo mismo’”, afirma.
“Todavía tengo golpes en la cabeza y no puedo viajar en ómnibus -destaca-. El oído me sangró varios días por los golpes internos. El primer mes fue terrible, tenía que dormir sentada porque no podía soportar los dolores de cabeza. Aparte revivía esos momentos. Fue un infierno”.
En tanto, indica que “en un juicio abreviado, el 21 de noviembre de 2016, a José le dieron 10 años de prisión efectiva por tentativa de homicidio agravado por el vínculo”.
“No hay que soportar malos tratos de nadie -sostiene-. Hay que ser felices, tenemos derecho a ser felices”.

 
 
 
 
Fuente: Natalia Muñiz
Publicado en Diario Popular