El alevoso mensaje que produce y reproduce estereotipos de belleza naturalizados en la comercialización de juguetes para las infancias.
Por María Paola Casariego
dra.mariapaolacasariego@gmail.com
Resulta cuánto menos alevoso el mensaje que produce y reproduce estereotipos de belleza naturalizados en la comercialización de juguetes para las infancias, que pululan en los mostradores para el consumo.
Para ello es importante conceptualizar por lo menos tres conceptos teniendo en cuenta las personas destinatarias de ese mensaje: géneros, estereotipos e infancias.
Empezando por conceptualizar el género, que emerge de la muñequita, en tanto la ambigüedad de su uso y significante ha llevado a que se la reduzca a “un concepto asociado con el estudio de las cosas relativas a las mujeres”
La perspectiva de género es una construcción simbólica que reglamenta y condiciona la conducta objetiva y subjetiva de las personas.
La constitución del género en la estructura binaria -varones y mujeres- entrama la elaboración social, de lo que es propio de cada sexo, en tanto excluye las diversidades, y omite la importancia de la construcción relacional.
Es interesante recuperar los aportes de Bourdieu (1998) que refiere a los géneros como habitus sexuados, en tanto la socialización de lo biológico y la biologización de lo social se asocian para invertir las causas y efectos para que la construcción social naturalizada sea el fundamento natural de una división arbitraria, resultado de un trabajo colectivo prolongado que genera efectos en los cuerpos y las mentes.
La muñequita– con pestañas arcoiris- es un ejemplo puntual respecto de velar la dominación, naturalizando ciertos aspectos que producen y reproducen una división arbitraria, inculcando patrones de belleza desde las infancias, en este caso a las niñas.
No puede limitarse de forma dicotómica: una cultura femenina y una cultura masculina porque existen otredades diversas invisibilizadas.
Se torna relevante visibilizar, con la muñequita de pestañitas y pintadita, la implicancia que los estereotipos patriarcales (discursos solapados sobre qué es ser mujer y qué es ser varón) reproducen una invisibilización de lo diverso mediante discursos de consumo normalizadores.
Desde lo simbólico del mensaje, se construye un orden patriarcal, cosificador y estereotipado, que determina de modo excluyente las formas: lo que es ser mujer y varón.
Las representaciones culturales influyen en las facultades cognitivas de las personas y de sus percepciones del mundo. De modo que la difusión de estereotipos contribuye a la continuidad de los “roles” que perpetúan y refuerzan las diferencias y jerarquías de géneros.

En épocas de nuevos paradigmas en torno a NNYA (Niños, Niñas y Adolescentes) resulta de vital importancia revisar el efectivo cumplimiento de la protección integral en armonía con las convenciones normativas, en particular la Convención sobre los Derechos del Niño y la Ley 26.061 para dar efectividad, respaldo y cumplimiento a los derechos consagrados en aquellas.
Con la normativa nacional se establecen palmariamente los principios de igualdad y no discriminación, el principio de efectividad y el deber de comunicar, entre otros, siendo garantes para el control de legalidad “la familia, la comunidad y el estado”.
Por ello, con sustento en los principios de protección integral, es fundamental deconstruir esos parámetros hegemónicos, adultocéntricos, clasistas patriarcales y misóginos.
Tales patrones ponen límites al desarrollo individual y gestionan solapadamente en las infancias – desde la naturalización del consumo – que actitudes se deben desarrollar para ser una muñequita bien bonita y para pertenecer.
(*) Abogada y mediadora con perspectiva de género, operadora en psicología social y docente. Miembra de EsTila.ar (Espacio de Transformación Inclusiva con Perspectiva de Género) para una sociedad más igualitaria. @paolacasariego @dracasariego @mariapaolacasariego