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Antes te dabas cuenta del cambio de año porque te pasabas al menos dos semanas metiendo la pata al poner la fecha en los documentos. Ahora, en la época digital, ya ni de eso nos tenemos que preocupar porque la tecnología nos ahorra el esfuerzo. Así que comienza un nuevo año y todo sigue igual por más que hayamos depositado nuestras esperanzas de cambio con la inauguración de un nuevo almanaque en el que ya el primer día apuntábamos el asesinato de dos mujeres por el mero hecho de ser mujeres. Mal comienzo, muy malo. Agravado además por las preocupantes declaraciones de un magistrado de la sala de lo civil del Tribunal Supremo (de la que, por cierto, no forma parte ninguna magistrada) que cuestiona la existencia de la violencia de género. Qué mal. Y con los Presupuestos Generales del Estado Español prorrogados, así que olvidémonos de las partidas presupuestarias necesarias para acometer con eficacia la erradicación de la violencia machista y la consecución de la igualdad de mujeres y hombres. No sigo porque no es un panorama muy halagüeño, precisamente, el que se perfila para este 2017.
Por Mar Esquembre Cerdá
esquembre-marAún así, y como dicen que la esperanza es lo último que se pierde, es posible vislumbrar terreno abonado para seguir sembrando y cosechando avances en la igualdad de mujeres y hombres. En este sentido, he leído una encuesta de Sigma Dos para el periódico «El Mundo» publicada hace cuatro días se sondeaba la opinión ciudadana sobre la reforma constitucional. Parece que hay consenso social para la reforma constitucional pero, curiosamente, no sobre el modelo de organización territorial del Estado, cuestión en que las opiniones están muy divididas, sino sobre el reconocimiento o ampliación de derechos en la Constitución. Son porcentajes abrumadores por el cambio constitucional respecto de otras cuestiones que se plantean y, de entre los ítems preguntados, el que mayor consenso y menor rechazo social genera es «mencionar explícitamente la igualdad de hombres y mujeres». Así lo estima el 94,8% de las personas entrevistadas, frente al rechazo explícito de un 3,4% y la indiferencia del 1,8%. En ese aspecto trabajamos desde la Red Feminista de Derecho Constitucional desde hace años. Esa inclusión explícita de la igualdad de hombres y mujeres implicaría lo que en nuestros documentos de trabajo hemos denominado desde 2015 «reforma constituyente» porque supondría la participación de las mujeres en el pacto constitucional que no pudimos definir como sujetos. Bien podría comenzar por aquí el consenso político para una inevitable y futura reforma constitucional. Con ese propósito, seguiremos trabajando en 2017 y todos los años que haga falta. Como anunció la filósofa Victoria Camps, el siglo XXI será el siglo de las mujeres. Y aunque quede mucho para acabarlo, ya llevamos un trechito recorrido.
 
 
Fuente: diarioinformación.com

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