Agustina Grasso
Agustina se ríe con soltura y, de la misma manera, se pone seria y responde con firmeza. Tiene una manera empática y al mismo tiempo práctica de ver el mundo, siempre pensando en soluciones, en búsquedas, en respuestas.
Trabaja como periodista desde los 19 años, en el año 2012 inició su medio de comunicación virtual “Escritura Crónica”, inicialmente como Blog, luego como página, Facebook e Instagram.
En diciembre del 2019 saca su primer libro “Crónicas de una Millennials” al mismo tiempo que lanza su editorial “Cascabel”.
En diciembre del 2020 estrena su primer documental “Trash, el camino de la basura”

Por Mari Blanca*
En qué momento de tu vida te reconociste como periodista ambiental?
Me considero una periodista ambiental desde hace muchos años, cuando empecé a reportear historias que tenían relación con enfermedades generadas por la contaminación en barrios marginados del Conurbano. Tratar problemáticas sociales y ambientales empezó hace como ocho años. Pero me empecé a autodenominar así hace un par de años cuando interrelacioné mirada social y ambiental porque lo hacía más por intuición que por denominación. Siempre me interesaron las temáticas relacionadas con necesidades estructurales de base y lo que tuviera que ver con lo que padecía nuestro planeta. Cuando empecé a escuchar frases como “no somos parte de la naturaleza, somos ella”, fue cuando uní estos conceptos en mí y comenzó la autopercepción como periodista ambientalista, también obviamente afectada por el crecimiento del movimiento ecofeminista.
¿Te considerás eco feminista?
Si, claro. Soy una periodista ecofeminista porque justamente formo parte de la lucha feminista de defensa de las mujeres, disidencias y de nuestra casa común que es el planeta. Dentro del sistema patriarcal capitalista en el que vivimos, tanto las mujeres, disidencias, como la naturaleza, somos arrasadas, explotadas, no se respetan nuestros derechos. Tanto en los feminismos, como en las luchas ambientales son las mujeres quienes encabezan los reclamos de defensa de nuestros cuerpos, territorios, de nuestra salud. Si hacemos un recorrido en las luchas: de las Madres de Ituzaingó contra los agrotóxicos en Córdoba, las Madres del Agua en Mendoza, la causa Matanza-Riachuelo que la encabeza una mujer, o en los 90 con las Asambleas de Nonogasta en La Rioja por las curtiembres que eran organizadas por mujeres, que eran las primeras que veían cómo la contaminación afectaba la salud de la gente, nos damos cuenta que es clave protegernos entre nosotras de la violencia domestica y del sistema. Existe un paralelismo en estas luchas. Y dentro de la comunicación ecofeminista es importante poder dar voz a estas temáticas.
¿Cuándo y cómo llegó a tu vida la información acerca de las tosqueras?
La información de las Tosqueras me llegó hace cinco años cuándo estaba investigando acerca de la basura en González Catán y llegó Ninfa que es la mamá de Lautaro, un chico que ahora cumple siete años de haber muerto en una Tosquera en Pontevedra, Merlo. Lautaro es víctima del ecocidio porque su pérdida no es una muerte accidental, sino que es una muerte consecuencia de la falta de controles de los pasivos ambientales que genera la industria de la construcción. En esa época, cuando la conocí a Ninfa, empecé a investigar el tema Tosqueras y a poder ayudar a que encuentre Justicia, denunciando su caso, que se escuche su historia.
¿Por qué crees que es un tema que no trasciende en los medios de comunicación masivos ni está en la agenda ambiental?
El tema es complejo y como hay falta de educación ambiental reina la ignorancia. Por eso, es clave que nos formemos e informemos. Las tosqueras en si tienen factores que afectan su existencia y a nivel legal son varios los entes responsables. Eso contribuye a sea un tema muy invisibilizado porque los intereses más poderosos no quieren que se conozca y los afectados directos son sectores de la sociedad con necesidades básica insatisfechas que hasta muchas veces se creen responsables individuales de esas muertes y no las denuncian.

A la vez, es importante comprender que esta temática es ambiental y para eso hay que estudiar un poco el caso. Hay relaciones directas entre muerte, pobreza, necesidades estructurales insatisfechas, faltas de controles a privados, obras públicas, y confusión frente a la legislación de pasivos ambientales que a veces hasta son previos a esas normativas. La industria de la tosca se enmarca dentro de una actividad minera y así debe ser tratado ese pasivo ambiental, pero muchas de estas piletas tienen 30 años. Igualmente creo que cada vez hay mayor conciencia e interés.
¿Hace cuantos años investigás la problemática de los residuos y que aprendiste en ese recorrido?
Hace ocho años. Quería saber qué pasaba en González Catán, La Matanza. Se decía que la gente sufría por la contaminación generada por la basura. Empecé a ir en el verano del 2012, ese momento siempre me sonó a la película Erin Brockovich porque iba y los vecinos me decían: “Sí, yo tengo cáncer, yo tengo lupus, yo tengo púrpura, yo tengo distintas enfermedades producto de la (contaminación de la) basura” y me armaba listados de personas a las que podía entrevistar. Después, comencé a ir a clases que daban las vecinas y vecinos en escuelitas para capacitar a toda la gente de la zona sobre qué pasa con los residuos y qué consecuencias tiene en la salud si no están bien tratados y gestionados. Al principio había ido con la idea de hacer una nota, pero cuando tomé dimensión de la magnitud del problema me di cuenta que no alcanzaba con eso porque es un tema que afecta a todas las personas. Dentro del ecofeminismo, a esta zona se la llama zona de sacrificio porque es la que paga las consecuencias de nuestro sistema de consumo. Lo que pasa en González Catán es necesario para que se sostenga este sistema. Sentí la necesidad de hacer algo que genere conciencia de lo que estamos haciendo. En ese camino de tomar conciencia, fui estructurando el camino de la basura y finalmente lo de González Catán se transformó en un capítulo de la investigación porque la idea fue comprender cuándo empieza el camino de la basura y es mucho antes, cuando comprás, el paquete de lo que sea que compres, inmediatamente se transforma en basura. No somos conscientes de que compramos basura. Ese camino es el que trato de mostrar en el documental que está divido en 5 capítulos: el primero es el de la generación, el segundo es el de relleno, el tercero es el de las zonas de sacrificio, el cuarto es de cooperativas y reciclados y el quinto es de compostaje y de pensar soluciones más grandes a nivel sistema y leyes que acompañen un poco algunas soluciones y planteos.
¿Qué significa para vos tu documental TRASH y porqué lo recomendarías? Para mí Trash, el primer documental interactivo Argentina, es el fruto de muchos años de trabajo, va más allá de la investigación en territorio, habla de la comprensión de una temática que afecta a casi todas las personas. Hablar de ello, que salga de la invisibilidad, es urgente. Para mí significa también crear un nuevo paradigma en la manera de contar nuestras problemáticas ambientales dentro del ámbito de la comunicación, haciendo partícipe a quien lo mira, buscando su compromiso.
¿Qué futuro ves para el eco feminismo en Argentina y latinoamérica?
El futuro será ecofeminista o no será. Es clave tender lazos entre las distintas luchas y sectores de la sociedad para esto.
(*) Mariposa Blanca, artista. Transfeminista interseccional. Abolicionista. Vegana. Ecologista. Anticapitalista. DDHH niñes.
Visita su Canal: https://www.youtube.com/c/MariposaBlancaCantante
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