Un pibe realiza con IA un video porno de una compañera de escuela. Seguro lo comparte con sus pares. El trasfondo es quizá reforzar una identidad masculina frágil. Buscando la legitimidad de sus pares.
Por Emiliano Samar*y Roberto Samar**
No es un caso aislado ni una excepción que nos llegó por casualidad: es una escena que se repite, con variantes, en los talleres de Ley Micaela y en las charlas de ESI que damos semana a semana. A veces es un video, a veces un montaje con una foto de perfil, a veces alcanza con un comentario en un grupo de WhatsApp. Cambia el nombre, cambia el colegio, pero la estructura es siempre la misma: un varón adolescente, una compañera convertida en objeto de prueba, y un grupo de pares esperando del otro lado de la pantalla para validar la hazaña.
Un punto de la masculinidad dominante es no poder sentir el dolor que generan las conductas: en el marco de talleres de la Ley Micaela, entrevistamos a mujeres a las cuales les preguntamos si recordaban cuando habían sufrido la primera situación de acoso callejero. Todas las mujeres con las que conversamos recordaban qué ropa tenía puesta, qué día era y dónde estaban ubicadas. Sin embargo, probablemente pocos varones recordemos la primera situación en la cual acosamos a una mujer. Nuestra percepción de esa violencia fue diferente. Mientras que para muchas de esas mujeres y niñas fue una situación violenta, muchos varones la vivimos como un chiste con nuestros amigos.
Un punto clave para problematizar la violencia machista es la falta de empatía.
¿Pero por qué ejercemos esas violencias? Como señaló en una oportunidad Alejandro Dolina, nadie seduce a una mujer gritándole algo en la calle. Entonces, nuevamente. ¿Por qué lo hacemos? Muchas veces las violencias que ejercemos los varones buscan encontrar la legitimidad en nuestros pares, en otros varones.
Estas mismas violencias se expresan en entornos digitales que no cuentan con marcos regulatorios adecuados. Según el informe “(Des) información sexual”: 7 de cada 10 adolescentes consumen pornografía en línea y señala que “el peligro no es que vean pornografía sino que su deseo sexual se esté construyendo sobre cimientos irreales, violentos y desiguales propios de la ficción”.
Publicidad (clic en la imagen)
Si miramos con los lentes de la ESI, este episodio no es un hecho aislado ni un exceso tecnológico: es la continuidad de un guión viejo con una herramienta nueva. El acoso callejero, el comentario en el grupo de WhatsApp, el meme degradante y ahora el video generado con IA responden a la misma matriz: la necesidad de validación entre varones. No se trata de deseo hacia esa compañera, como decía Dolina, ahí no hay seducción posible sino de un mensaje dirigido a otros varones: «puedo, me animo, soy parte». La violencia se ejerce para otro varón, no hacia la mujer en primer término: ella es el medio, el pretexto para sostener un lugar en el grupo.
Por eso hablar de «masculinidad frágil» no es una metáfora vacía. Es frágil porque necesita reafirmarse todo el tiempo, porque no se sostiene sola: requiere testigos, cómplices, una audiencia que valide. Un video hecho con IA que no se comparte no cumple su función social; la humillación necesita circular para volverse trofeo. Ese circuito de intercambio entre pares, tan viejo como el patio del colegio, hoy potenciado por la viralización, es en definitiva lo que sostiene la práctica, más allá de la herramienta tecnológica que se use.
Esta misma lógica de prueba y validación no se agota en las compañeras mujeres: también recae, muchas veces con particular saña, sobre compañeros gays y varones trans o cualquiera que se corra del libreto de la masculinidad esperada. El bullying con contenido sexual armado o trucado hacia estudiantes LGBTIQ+ responde al mismo circuito: humillar para demostrarle al grupo de pares que uno no es «eso», que uno está del lado correcto de la línea. La tecnología, otra vez, no inventa el desprecio ni la discriminación: pone a disposición de cualquiera con un celular y una aplicación esa misma matriz machista y heteronormativa.

La IA no crea esta lógica, la masifica. Antes hacía falta cierta habilidad, tiempo, algo de destreza técnica para montar una foto trucada. Hoy una aplicación resuelve en segundos lo que antes tomaba horas, y democratiza el acceso a la violencia con la misma lógica con que democratiza el acceso a cualquier otra herramienta. El resultado es un ecosistema digital que multiplica la escala del daño mientras la regulación llega tarde, corre de atrás, y en muchos casos ni siquiera hay marco legal específico para nombrar lo que pasó.
Volviendo a la asimetría con la que abrimos esta nota: mientras las mujeres recuerdan con precisión de fecha, lugar y vestimenta la primera vez que fueron acosadas, muchos varones ni siquiera registramos haber ejercido esa violencia como violencia. La grabamos, en todo caso, como anécdota, como chiste, como iniciación. Esa asimetría en el registro, lo que para unas es trauma fundacional y para otros es material de humor, es la que la ESI viene a interpelar: no alcanza con enseñar a las chicas a cuidarse, hay que trabajar con los varones sobre qué construye esa necesidad de validación entre pares, y por qué el cuerpo de una compañera termina siendo la moneda de cambio.
La discusión, entonces, no puede agotarse en la pregunta de cómo regular la inteligencia artificial: el desafío es también, y sobre todo, cultural y educativo. Como recuerda Rita Segato, la violencia contra las mujeres es ante todo un mandato: un lenguaje que los varones hablamos entre nosotros para probarnos ante otros varones. Ningún algoritmo inventa ese mandato, apenas le presta una herramienta nueva. Por eso la ESI deja de ser una política complementaria para volverse condición indispensable de la democracia digital.
(*) Emiliano Samar. Docente, Investigador en UNMDP, Director de Artes Escénicas, Doctorando en Educación en UNR.
(**) Roberto Samar. Licenciado en Comunicación Social UNRN. Especialista en Comunicación y Culturas UNCO. Profesor de la UNRN
Seguinos en Instagram. Diario Digital Femenino: @diariodigitalfemenino_
Lenny Cáceres: @lennycaceres69
Facebook: Diario Digital Femenino
TikTok; diariodigitalfemenino