Artista emblemática de todos los tiempos, Nacha Guevara charló con Ahora, la revista del diario Crónica sobre su extensa trayectoria y fijó su postura sobre la violencia de género. «El maltrato psicológico provoca cicatrices internas y condiciona tu vida sin que te des cuenta», explicó la actriz.

Sus manos acompañan a ritmo el concepto de sus oraciones y su presencia no pasa desapercibida. Camina con estilo y, cuando ingresa al teatro donde protagoniza “El Astros está de fiesta”, su universo interior se transforma y comparte con el público toda su sabiduría.
Estoy convencida de que si uno no hace las cosas con entusiasmo, no vale la pena. Para mí no hay diferencia entre hacer una telenovela, una revista, un gran musical… El compromiso es el mismo porque doy lo mejor de mí. No concibo la cosa de taquito e inexorablemente propongo ideas y estoy en cada detalle. Cuando hice teatro con Jorge Guinzburg me dieron total libertad y, en esta oportunidad, trabajo muy cómoda, algo que no es poco decir, porque el teatro tiene mucho respeto por los actores. Los camarines del Astros son hermosos, están calefaccionados, y en ese clima el artista rinde más”, señaló Nacha Guevara a Ahora, la revista del diario Crónica.
‑Y además el Astros es un teatro emblemático de la calle Corrientes.
‑Está cuidado, remodelado por dentro y por fuera. Estoy muy contenta porque cada noche es una fiesta que compartimos con Nito ArtazaJean Françoise Casanovas, el Bicho Gómez y un cuerpo de baile extraordinario.
‑Con respecto a tu participación especial, desde qué lugar abordaste a la vedette, que en este caso se diferencia de la tradicional ya que no lucís plumas ni conchero.
‑La verdad, no descarto usar plumas, pero no se dio en esta oportunidad. En realidad ocupo el espacio que le habían propuesto a Estela Raval. Lo que ve el público es un espectáculo creativo y de mucha originalidad. De la revista valoro la libertad que tiene como género y, de hecho, “Las mil y una Nacha” era una revista.
‑¿Tenías pensado descansar en este segundo semestre del año?
‑Venía de hacer gira y, como desde hace cuatro años me dediqué a espectáculos dramáticos como “Eva” y “Tita”, dos personajes emblemáticos, entonces decidí apostar a un show más luminoso y festivo. Tita fue una mujer que nunca fue feliz. Entonces hacer a una mujer que nunca disfrutó de la vida y cuyo envejecimiento fue decadente requiere de un gran compromiso, y todo eso luego pasa factura.
‑Creés que las mujeres de tu generación y las más jovencitas encuentran en vos un modelo en cuanto a ciertos tips que pueden ser de cuidado estético.
‑Yo no quiero ser modelo ni ejemplo de nadie, me falta mucho… Si alguien considera que algo de lo que soy, doy y transmito está bueno, bienvenido. Me parece fantástico que empiecen a investigar por ahí. Aunque soy consciente de que mi rigor, el compromiso y la pasión por el trabajo son una virtud.
‑¿Cómo definirías esta etapa de tu vida? ¿Cuáles son las cosas que realmente te importan y cuáles, si podés, las ignoras para no hacerte mala sangre?
‑El propósito de la vida es ser feliz porque, cuando somos más felices, somos más útiles con nosotros mismos y con los demás. No sirve quejarse todo el día, llorar… Tampoco se trata de sonreír siempre aunque no tengas ganas. Es mucho más profundo. El rey Arturo decía: “No se puede ser feliz y malvado al mismo tiempo”. La búsqueda de la felicidad tendría que ser una cruzada porque, si lo logramos, aflora lo mejor que tenemos.
‑¿Vos siempre lo intentaste?
‑Sí, y estoy convencida de que la búsqueda de la felicidad tendría que ser un ítem de la Constitución nacional.
‑En la actualidad varias mujeres del medio confesaron que habían sido víctimas de la violencia de género y vos te sumaste a revelar tus experiencias. ¿Por qué lo hiciste?
‑Es que a veces el maltrato de género se sufre desde pequeña y yo he tenido mi dosis como todas las mujeres. Creo que es el gran problema que deberíamos encarar en este momento como sociedad porque va en aumento con una virulencia asombrosa. Y es algo a lo que no debemos acostumbrarnos. El maltrato físico es algo atrasado, de la caverna, y después está el otro maltrato que es tan dañino y a veces más que el físico: el de la violencia psicológica, porque provoca cicatrices internas y condiciona tu vida por mucho tiempo sin que te des cuenta. Te quita la autoestima y esas heridas emocionales son bravas.
‑¿Entonces?
‑Todos de alguna manera hemos sido maltratados, pero el abuso de la fuerza masculina sobre la femenina es intolerable. Creo que hay mucho atraso cultural en la sociedad, pero siempre se está a tiempo de cambiar.
‑Paso a otro tema. Hace unos años participaste en una tira de Underground, “El tiempo no para”, convocada por Sebastián Ortega. ¿Esa experiencia te gustó como para volver y grabar algunos capítulos en “Graduados”, hoy la ficción más vista de la televisión?
‑Recuerdo muy bien el personaje que interpreté… Se llamaba Luna y la pasé muy bien. Es más, de vez en cuando me gusta hacer tele, no todos los años, pero es un buen ejercicio porque para actuar hay que utilizar otros recursos. Es una buena gimnasia, hay que volverse flexible, casi todo es improvisado, no hay tanto tiempo para elaborar las cosas. Pero igual es muy bueno volver. Me gusta.
 
 

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