Tania Sánchez: “El proceso de despatriacar se interrumpió brutalmente con el golpe de Estado”

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Por Admin enero 10, 2020 18:03

Tania Sánchez: “El proceso de  despatriacar se interrumpió brutalmente con el golpe de Estado”

Tania Sánchez – Día de las Mujeres Migrantes

La ex directora del Servicio Plurinacional de la Mujer del gobierno de Evo Morales en Bolivia, actualmente refugiada en la Argentina, lo dijo al participar en la conmemoración del Día de la Mujer Migrante

Por Cristina Galasso
para Diario Digital Femenino

El 10 de enero, no es un día para lágrimas en la capital de la Argentina, es un día de lucha feminista. A partir de la sanción de la Ley Nº 4409/2012 en la Legislatura Porteña, que declaró el “Día de las Mujeres Migrantes”, en esas fecha se sigue reclamando justicia por el femicidio de Marcelina Meneses, joven madre de nacionalidad boliviana, quien en esa fecha el 2001 fue arrojada del tren junto con su bebé Joshua, tras haber sido insultada por su condición de mujer migrante. Pasaron casi dos décadas y gracias a la ineficacia del proceso judicial los asesinatos siguen impunes.

Como Tania Sánchez, las mujeres referentes de distintas colectividades, convocadas por la legisladora María Bielli (Frente de Todos) se reunieron en el salón Arturo Jauretche de la Legislatura porteña y hablaron de las dificultades que viven todos los días. Uno de los testimonios más conmovedores, fueron las palabras de Isabel Reyna Torre, la  cuñada de Marcelina, flamante directora de la secretaria de Migrantes del municipio de Quilmes. Cuando Isabel, contaba que una hija de Marcelina nunca quiso pisar la Argentina por el crimen de odio, su relato fue interrumpido con un grito de vida: “¡Marcelina, Presente!”, sostuvieron las mujeres convocadas.

Sánchez explicó las políticas públicas que realizaron en el gobierno de Evo Morales y los beneficios para las organizaciones de mujeres y denunció la agudización del racismo y la discriminación con el golpe de Estado.

Como refugiada denunció que actualmente en Bolivia, a las mujeres indígenas se les somete a todo tipo de violencia, por su identidad. “Con actitudes xenófobas y machistas”, dijo.

Las estadísticas son prueba de la violencia contra las mujeres en Bolivia, país que tiene la tasa más alta de femicidios de la región y sólo en lo que va de enero hubo casi una decena de asesinatos de las mujeres: “La violencia es la forma del Patriarcado”, reflexionó y agregó que “el proceso de  despatriacar  en Bolivia se interrumpió brutalmente con el golpe de Estado”.

Isabel Reina Torres, la cuñada de Marcelina Meneses,  como una mujer trabajadora que migró a la Argentina en busca de generar ingresos para ayudar a su hija con problemas de salud que residía en Bolivia. “Mi sobrina (la hija de Marcelina) nunca quiso venir a la Argentina, me decía que no quería viajar para que la mataran como a su mamá. Todo este proceso me hizo muy fuerte, aprendí de todas las mujeres para nunca bajar los brazos”, afirmó y pidió que el día de la mujer migrante se reconozca también a nivel nacional.

Al cerrar el encuentro la diputada Bielli resaltó: “En un momento político de la región muy convulsionado, hoy se cumple un mes de una gestión nacional que vino a poner un freno a las políticas de odio de los últimos cuatro años”.

Impunidad de un femicidio

Tania Sánchez: “El proceso de despatriacar se interrumpió brutalmente con el golpe de Estado”

Tania Sánchez: “El proceso de despatriacar se interrumpió brutalmente con el golpe de Estado”

El 10 de enero del 2001, Marcelina Meneses, de tan sólo 30 años de edad, de nacionalidad boliviana, se subió al tren Roca junto con su bebé, Alejandro Josua Torres, de 20 meses, con el fin de llegar al Hospital Fiorito de la ciudad de Avellaneda, ubicado en el sur de la Provincia de Buenos Aires.

Marcelina subió al tren con varias bolsas en un brazo y su bebé en el otro. En el recorrido, sin querer rozó a otro pasajero con la bolsa, procediendo éste a insultarla: “Boliviana de mierda, ¿no mirás cuando caminás?”.

Lo peor estaba por venir. Alguien empujó a Marcelina y a su bebé del tren. Los cuerpos aparecieron sin vida junto a las vías del ex Ferrocarril Roca, antes de llegar a la Estación Avellaneda.

Julio César Giménez, quien fue testigo en la causa, contactó a la familia de Marcelina, a través de los carteles que pegaron en las estaciones del Ramal Roca, mediante los que se solicitaba la presencia ante la Justicia de quienes habían visto lo que pasó el 10 de enero de 2001.

«Marcelina subió alrededor de las 9.05 en la estación de Espeleta. Ella quedó parada, con el bebé en la espalda, y cargada de bolsos, a metros de la puerta que da al espacio que hay entre vagones. Cuando se acercaban a la estación Avellaneda, antes de la curva que pasa frente al estadio de Independiente, ella se acomodó para enfilar a la salida y en ese movimiento rozó, con los bolsos, el hombro de un pasajero de unos 65 años, de saco marrón, que le gritó: ‘¡Boliviana de mierda! ¡No mirás cuando caminás!’. La mujer calló. Giménez intervino: ‘Che, tengan más cuidado, es una señora con un bebé’;. Y continuó un segundo pasajero: ‘Qué defendés vos, si estos bolivianos son los que nos vienen a quitar trabajo.

Desde el fondo apareció un guardia. Se había formado la fila para bajar. El uniformado avanzó hasta que escuchó la discusión y los insultos xenófobos. ‘¡Uh! ¡Otra vez estos bolivianos haciendo quilombo! ¡Me tienen podrido! ¡Yo me las tomo!’, dijo el guardia. ‘Fue una cosa de segundos. Se había sumado otra gente. Hubo más insultos y escucho que uno que estaba de ropa de Grafa le dice a un compañero: ¡Uy, Daniel, la puta que te parió, la empujaste!’. El testigo asegura que entonces el tren se detuvo».

Desde el comienzo, la empresa ferroviaria TMR desmintió a Giménez y sostuvo que Meneses murió al ser rozada por el tren cuando caminaba junto a las vías del Roca, entre las estaciones de Avellaneda y Gerli.

Marcelina estaba casada con el albañil Froilán Torres, con quién vivía en la localidad de Espeleta y tenía otro hijo de 3 años. Trabajaba como repositora de un supermercado y había llegado a la Argentina hacía 5 años. Su esposo llevó adelante la intensa búsqueda de testigos del asesinato de su compañera y su pequeño hijo. A pesar de las adversidades, y de los malos tratos que debió sufrir por ser migrante, nunca bajó los brazos a pesar que las muertes de Marcelina y su bebé aún continúan impunes.

 

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