Paula Maffía: «La ley de cupo femenino en festivales es una llamada a la razón de la gente necia»

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Por Admin septiembre 2, 2019 10:49

Paula Maffía: «La ley de cupo femenino en festivales es una llamada a la razón de la gente necia»

Paula Maffía: «La ley de cupo femenino en festivales es una llamada a la razón de la gente necia»

La cantante y compositora argentina, que actuará como telonera de Patti Smith en noviembre, dialogó con Infobae Cultura sobre sus proyectos, la herencia del feminismo en su actividad, las denuncias a los músicos por violencia de género y cuenta cómo es hacer música desde la autogestión en la era de internet
Si una palabra definiera a Paula Maffía sería inquieta. Es una mujer enérgica que pareciera que nunca para. Acaba de sacar su álbum solista Polvo, toca todas las semanas y fue la artista elegida por Patti Smith para abrir su próximo show en la Argentina. Comprometida desde siempre con la bandera de la autogestión como forma de vida y de garantía de representación de todo lo que hace, el suyo no es un nombre nuevo en la música argentina. Desde los quince años ha dejado su huella con agrupaciones como Las Taradas y La Cosa MostraPolvo es su segundo disco solista grabado junto a su banda, compuesta por Lucy Patané y Nahuel Briones.

-¿Cómo surgió la propuesta de tocar con Patti Smith?
– Me contactó la productora local para pedirme material, como hicieron con más personas, y lo mandaron a la productora norteamericana. Desconozco cómo fue el proceso de selección. Me sorprendió que me pidieran a mí porque no soy una persona que está en esa movida. Siento que hay que pertenecer a cierto tipo de circuito no solo de grandes ligas sino también de ser de alguna manera visisible más masivamente, que nunca fue algo a lo que yo apuntara. Es sorprendente porque no soy una persona rosquera, no tengo contactos. Soy muy de la autogestión, creo en ella, no me atrae lo masivo. Eso no significa que no tenga ganas de tener una carrera que pueda proyectarse en el tiempo, poder llenar lugares con facilidad, viajar, moverme en distancia con mi música, pero lejos de lo espectacular de la música, no me atraen los grandes estadios. Me importa más que la gente disfrute de mis canciones y tener un público atento, que ser sensacional. Pensé que había gente más idónea para ser elegida, no lo podía creer. Fue insólito.

(Luciana Casado)
(Luciana Casado)

– ¿Qué se gana y que se pierde con la autogestión?

– La única traba que veo es no tener una cascada de dinero atrás mío. Amo la autogestión, me permite estar en todos los detalles de mi obra. Me pone en contacto con lo que hago que es no limitarme a la composición y ejecución de mi música y curar artísticamente todo lo que hago: desde un videoclip, la tapa de un disco hasta los flyers. Toda mi obra o la hago yo o pasa por mis manos. Me imprimo en todos lados. Me satisface una voracidad artística que no puedo calmar solamente con el resultado de la música. Me mantengo bastante entretenida y se me parte la cabeza al descubrir y colaborar con personas no solo del ámbito de musical. A veces me encuentro haciendo colaboraciones interdisciplinarias que son increíbles, fecundas y súper nutritivas. Hay algo de la independencia en la autogestión que es muy fuerte. Yo lo valoro en la vida personal; no podría ser esa persona que apunta a una carrera laboral digitada por terceros. Si no existiera, todo sería industria y no habría arte. Con esto no quiero decir que todo lo mainstream esté condenado a no ser arte ya que me he nutrido con cosas que llegaron a mí por la radio pero no es lo mismo lo que escuchás hoy masivamente a lo que se escuchaba en los ochenta o los noventa. Yo crecí escuchando la radio ya que en mi casa no se escuchaba música y la sacaba de ahí. Iba desde los B52Queen hasta Viuda e Hijas de Roque Enroll.

 El aprendizaje que nos ha dejado el feminismo es entender que hay uniones muy urgentes y metas muy específicas que nos llaman a unirnos a pesar de que tengamos muy poco en común

– ¿Que rol juega el feminismo en la música a la hora de organizarse?
– Están empezando a surgir institutos, sindicatos, sociedades, agrupaciones y frentes. Por primera vez los músicos, pero en especial las músicas, estamos empezando a unirnos. Me parece que todo el aprendizaje que nos ha dejado el feminismo es entender que hay uniones muy urgentes y metas muy específicas que nos llaman a unirnos a pesar de que tengamos muy poco en común. Me parece que con las músicas mujeres y las disidencias hay una urgencia por trascender un lugar muy reducido que se le ha dado a lo no masculino en la música. Nos llamó a unirnos y a encontrarnos como agentes políticos, como actrices de nuestro propio destino y nuestra propia realidad inmediata mucho más allá de nuestras diferencias. Cuando empecé a hacer música, me juntaba con gente por afinidad de género musical, ahora quizás lo hago con gente que no comparto escena, pero sí una necesidad muy grande de desarmar las cosas como están.

– ¿Qué avances ves en la paridad de cupo en los festivales?
– Nadie quiere ser parte de algo por un cupo. Es horrible. El cupo es una emergencia para generar a través de una fuerza mayor, que es una ley, una llamada a la razón de la gente necia que no quiere razonar. Si hoy te digo estoy enamorada de una chica, quiero pasar el resto de mi vida con ella y estamos pensando en casarnos, nadie se va a sorprender porque ahora es posible. No sé si el matrimonio es una institución que está buenísima y no la defiendo pero hubo que generar una ley de matrimonio igualitario para que se entendiera que dos personas del mismo sexo tienen tanto derecho como cualquiera para casarse. No mejoró el mundo pero, de pronto, la gente necia ya no puede criticar o expresar su homofobia, transfobia o lesbofobia con la impunidad con que lo hacían antes. Ese odio que anda dando vueltas, que no tiene ningún sustento salvo la miseria personal. Para mí es distinta mi sexualidad hoy a lo que era cuando tenía 18 años, donde me tuve que sacar tipos de encima a los golpes, ser echada de lugares y recibir insultos por estar de la mano con un amor. La verdad es que a mí no me representa una ley pero lo que hace, por lo pronto, es dejar sin argumentos a los ignorantes y a las personas de mente indecisa, que tienden a pegarse a los pensamientos más violentos. De alguna manera es darle a ese establishment de gente horrible una cucharada de su propia medicina, más en un mundo donde la música ya no está representada por el talento sino por las masas que arrean las bandas que sacan tracks tras tracks sin ningún tipo de búsqueda o refinamiento.

(Franco Cueva)
(Franco Cueva)

– ¿A qué llamás hoy el establishment?
– Estas bandas gigantes que están por lo general representadas por chabones que hablan de minas y no hay ningún tipo de reflexión acerca de urgencias como una ley para el aborto seguro, legal y gratuito o una ideología sobre que mi cuerpo es mío y no podés acceder a él si yo no quiero. Pienso que en algún momento la música va a poder no ser ni de varones ni de mujeres; va a poder ser música y trascender el género. Ojalá una no tuviera que estar afirmando todo el tiempo su feminidad. Por otro lado, se genera una lógica de que una banda es buena cuando arrea una multitud. Además, se está generando un cambio en el público que se está concientizando acerca de lo que consume y le ofrecen. No descubrís que hay una escena que está oculta porque prendés la radio o la tele y están los mismos de siempre. Te enchufan todo lo de las grandes compañías. Pasa lo mismo con los premios. Está cambiando porque la gente tiene un consumo más específico. Pensá que estamos perdiendo la tele, que es un consumo digerido por otra persona para «la familia», que es un valor que cada vez representa a menos gente. Ahora se está derrumbando todo. Es un momento de repensar instituciones arcaicas. Entonces, estamos exhortando a los productores para que se pongan a la altura del servir a un buen público, que en cualquier momento va a empezar a exigir no comer tu comida predigerida.

 La cantidad de colegas varones con los que hablé desde que empezaron las denuncias que vienen llorando diciéndome “tengo miedo de haber abusado de mis privilegios” no te puedo explicar

-También, la fuerza del feminismo sirvió para que muchas mujeres se animaran a denunciar agresiones sufridas en muchos casos dentro del ámbito musical, ¿cómo te interpela esta cuestión?
– Si un adulto aprovecha un lugar de poder para someter a una persona con el agravante de que muchas veces son personas más chicas y jóvenes y que muchas veces se acercan por admiración, me parece que son ellos quienes se están condenando a sí mismos. Pensar que ese tipo de acciones no van a tener consecuencias es de una megalomanía ridícula. Obviamente las más perjudicadas son las denunciantes ya que es muy difícil salir y contar lo que te pasó. Estuve en contacto con muchas pibas que denunciaron y el tipo de agresión que reciben es demencial. Se les pide a las personas que sean buenas víctimas y queremos buenos victimarios, tipo una persona que te encanta por su música no puede ser un tremendo sorete. No querés que alguien te guste un poco, a medias, querés que sea como en Hollywood: los indios son malos y los cowboys buenos. Es muy compleja la humanidad y el poder y todo esto está sostenido por el discurso de que «las pendejas se te tiran encima, lo que quieren en el fondo es que las violes». Al igual que con la paridad y la representación, esto no es algo que solamente va a cambiar cuando los varones se empiecen a juntar con otros varones y empiecen a cuestionarse cómo se tratan y cómo tratan a las mujeres o a las personas que no entran en nuestra norma cuadradísima. La cantidad de colegas varones con los que hablé desde que empezaron las denuncias que vienen llorando diciéndome «tengo miedo de haber abusado de mis privilegios» no te puedo explicar. Las pibas ya no están bancando a estos boludos; los bancamos un montón de tiempo no por gusto sino porque si te salías de ahí, te condenaban. Es urgente que los varones, más que acercarse al feminismo o autoproclamarse feministas, empiecen a reconocerse machistas, hablen entre ellos, compartan, se sinceren, y deconstruyan y reconstruyan en conjunto su masculinidad ante este vacío. Todas las personas estamos empezando a cuestionar la parte venenosa de nuestros géneros que, básicamente, es esa transmisión de normas. Me gusta que las cosas tiemblen porque ahí es cuando te das cuenta cuáles tienen que caer y las que están firmes se sostienen. Van a quedar lo que tenga que quedar. Va a quedar el amor, solamente que le vamos a sacar la agresividad y vamos a dejar de llamar crimen pasional a algo que es odio y falta de respeto.

(Luciana Casado)
(Luciana Casado)

-¿Qué te pasa con los escraches?
– No conozco casos de denuncias falsas, ninguna persona se quiere exponer de esa manera, mucho menos en el under. Lamento que este cambio en los varones sea a través del miedo pero ¿sabés cuánto miedo tuvimos las mujeres durante milenios? Me angustia porque lo sufrí en carne propia, recibí brutalidades por ser mujer y por ser torta. Quizás una fugaz mirada sobre lo que sufre la otra persona te da un poco de empatía. Son tiempos de cambio muy grandes que están sacudiendo instituciones y es muy conmovedor para todo el mundo. Pero no va a cambiar en la medida de que haya una complicidad entre el responsable de la violencia, la institución que está ahí para cuestionarlo y las autoridades que deben defender. Complicidades de la masculinidad. Por parte de quiénes deben defenderlas las víctimas reciben un sermón, por eso las pibas crean una nueva institución aparte que es el escrache. ¿Es justo? No lo sé, pero la ley tampoco lo es y nadie la cuestiona. Hay una hipocresía enorme.

(Caro Pedace)
(Caro Pedace)

– En la era de internet y las redes sociales, ¿cómo cambió la manera de hacer música?
– Viví un pasado muy distinto a la actualidad. En un corto plazo sucedieron grandes cambios. Hoy, una piba de 18 o 20 años vivió el nuevo orden. Cuando yo tenía esa edad, grabar un disco era algo inverosímil para mí. Yo tenía mi banda, tocaba, en ese tiempo no había centros culturales, solamente había boliches con bolichero que ibas a tocar en un turno, tenías que vender tus entradas, llevarlas vendidas para pagar tu espacio, era una especie de «telo» de música. Entonces, vos les vendías las entradas a tus amigos, que te iban a ver y después te echaban porque venía una banda que no tenía nada que ver con vos. Era algo siniestro. Esa lógica iba en contra del compartir de las bandas, de que vos pudieras acceder a un público que no fueran tus amigos, en contra de la difusión. Lo único que rompía ese orden eran los festivales, cuando varias bandas se unían a organizarlos o cuando venía un productor de alguna multinacional, se sentaba a escucharte y te proponía unirte a su sello. Vos, por tu parte, grababas un casette y lo llevabas a las radios. Era todo en persona o lo hacía una empresa que te descubría. Lo que puedo decir en relación a esa época donde grabar era imposible es que todo el esfuerzo que vos ponías en tu música volvía. Era un esfuerzo descomunal y muy solitario. La suerte estaba como mucho más intervenida por un montón de cosas, por ejemplo, llegaba a armar una banda porque ponía un cartel en una sala de ensayo que decía «busco bajista estilo Pixies» y con suerte te llamaba alguien. Ahora ponés un aviso en Facebook de que buscás bajista, pones un link a lo que hacés, esperás, y elegís entre todas las propuestas. Es mucho más accesible. En ese momento era todo mucho más pequeño pero se generaba una familia muy hermosa. Ahora vos podés hacer música en tu casa y no vincularte con nadie. La dificultad ahora no es en producir el disco sino en que hay tanta proliferación que cómo generás esa diferencia… Podés esforzarte un montón pero a veces es como caminar en el agua. El medio es mucho más denso. Hay un montón de ruido. Antes el mérito estaba en pararte y animarte a decir aquello que querías manifestar y tocar puertas hasta que te escucharan. Es un riesgo hermoso vivir una vida alternativa a la norma, y esas aventuras que tomamos las personas que nos movemos en el mundo artístico hace que también se genere un cuestionamiento al status quo porque siempre se generan estos lugares poco convencionales.

(Lara Bulacios)
(Lara Bulacios)

– Hablando de lugares para tocar, ¿cómo cambió la escena a casi quince años de la tragedia de Cromañón?
– Siento que las adversidades nos han fortalecido mucho, en especial a quienes nos dedicamos a la música. Aclaro que no considero que Cromañón fue una adversidad, al contrario, fue una masacre donde tenes una cadena de responsabilidades desde los agentes principales que organizaban la fecha, las autoridades que debían controlar, las personas arriba del escenario hasta el público y su siniestra cultura de cómo se celebra una banda. Era una bomba de tiempo el speech de la banda, la lógica de la producción, por supuesto todo el sistema de fiscalización que tiene la Ciudad, que es patólogico. Había una cuestión de usura de pensar que se podía llenar un lugar ‘y la levantamos en pala’. Fue una tragedia para la cultura, que después se acrecentó con la llegada del macrismo que, al poco tiempo de asumir, por consecuencia del incendio de un gimnasio resolvieron que todos los lugares donde se hacía música se iban a cerrar… y los clausuraron. En ese momento yo arrancaba con Las Taradas, un proyecto de raíz acústica, cuando yo antes venía haciendo rock, con batería, amplificadores, guitarras eléctricas y de repente se acabaron los lugares para tocar. No hubo otra alternativa que abrir locales clandestinos. Yo organizaba fiestas en mi casa en La Boca, de pronto empieza a surgir la figura de los centros culturales como Casa Brandon, que empezó como una fiesta disidente de cultura queer que buscaba visibilizar otras realidades y que creció tanto hasta que se convirtió en un espacio propio. Tener un espacio es tener una trinchera donde podes hacer circular un discurso desde la familiaridad, te volvés amiga y mecenas de ese espacio. La lógica de la clausura no estaba hecho ni con amor ni con inteligencia. Era simplemente un castigo a lo bello. Pareciera que lo bello es un lujo, cuando debería ser parte de la canasta básica. El arte no es un privilegio. Es una herramienta de revolución. Si todo el mundo tuviera acceso a jugar y a crear desde que somos muy chiquititos la gente no estaría trabajando nueve horas encerrada en una oficina. Para cambiar eso es muy importante el arte que aparece para cuestionar todo. Creo que se pueden cambiar el orden de las cosas porque, básicamente, ese cambio es inexorable e inevitable.

*Paula Maffía & Sons se presentará junto a Amor Elefante el próximo 14 de septiembre en el Teatro Mandril (Humberto Primo 2758, CABA).

Fuente: Infobae

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