El Instituto Interdisciplinario de Estudios de la Mujer (UNLPam) acerca de la escasa representación femenina en las listas partidarias

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Por Admin enero 29, 2019 18:28

El Instituto Interdisciplinario de Estudios de la Mujer (UNLPam) acerca de la escasa representación femenina en las listas partidarias

Compartimos la comunicación del Instituto Interdisciplinario de Estudios de la Mujer (UNLPam) acerca de la escasa representación femenina en las listas partidarias.

Deseamos manifestar nuestra preocupación por la prácticamente nula presencia de mujeres en las listas partidarias en cargos expectables y en condiciones reales de tomar decisiones para las postulaciones del año 2019.

Es nuestro interés, como integrantes del Instituto Interdisciplinario de Estudios de la Mujer (UNLPam), en nuestro carácter de profesoras/es, estudiantes, graduadas/os de la UNLPam e integrantes de organizaciones de la sociedad civil, comunicar nuestras demandas relativas a:

La urgencia de eliminar el lenguaje sexista de toda comunicación referida a la política y en el tratamiento mediático que se haga en las campañas electorales próximas. Comprendemos que la utilización sexista de la lengua (el masculino como lenguaje universal y neutro), tanto en las expresiones orales como escritas, refuerzan y transmiten visiones asimétricas y jerárquicas entre los sexos que no escapan a las prácticas de los dirigentes de los partidos políticos.

La necesidad de que los partidos políticos de la provincia incorporen la representación paritaria para la elección de las candidaturas, cuestión que ha sido solamente cumplida y de manera voluntaria por los partidos de izquierda según las investigaciones realizadas (puede verse para la provincia de La Pampa: Zaikoski, 2014, edición de la Cámara de Diputados). Asimismo y en razón de los estudios realizados para la provincia se tienen elementos que indican la resistencia y dificultades de los partidos políticos a incorporar en sus órganos internos la representación paritaria (para la casi inexistencia de mujeres en los órganos partidarios provinciales, puede verse Catalani, 2015, en Di Liscia et al, EdUNLPam) en todos los casos mostrando la falta de correspondencia entre el número de mujeres que ocupan cargos y la relevancia en términos de poder de decisión de los mismos, habiéndose acreditado en tales investigaciones y/o informes que a mayor poder menos mujeres.

El Mapa de participación política de mujeres[1] presentado en marzo de 2017 en Naciones Unidas señala que: “El número de mujeres con cargos en el poder ejecutivo y el parlamento se ha estancado a nivel mundial y sólo ha experimentado algunas mejoras marginales desde 2015… la representación femenina en el poder ejecutivo y en el parlamento al 1º de enero de 2017, muestra lentos avances hacia la igualdad de género a nivel regional y nacional … Si seguimos a este paso, nos tomará 50 años alcanzar la paridad”. El documento agrega que: “… para alcanzar la paridad de género debe haber voluntad y compromiso político a todos los niveles, incluyendo el de jefe de Estado y de gobierno y el de los partidos políticos”.

La paridad requiere entonces de la conformación de grupos balanceados en cuanto a la presencia de mujeres y varones (Kanter, 1977 y Dahlerup, 1993). Distintas autoras destacan que son necesarias modificaciones en las dimensiones de la distribución material y simbólica de bienes, cuestión que remite a la cultura política de nuestra provincia, la que parece no haberse conmovido ante los cambios sociales en torno al papel de las mujeres en todos los aspectos de la vida comunitaria.

Ahora bien, en estos días, fácilmente se puede verificar que en la conformación de las candidaturas para las elecciones que se realizarán próximamente, las lógicas patriarcales se han impuesto a la necesidad de ampliar derechos y participación política. Al respecto recordamos que la igualdad en la participación política no es una opción para los Estados, sino que por ser firmantes de la CEDAW es una obligación convencional (Recomendación General n° 23 de CEDAW).

Así, lo señala un informe del año 2013 de la ONU[2] en el que se destaca la relación entre democracia y derechos humanos y se insta a los Estados a garantizar “… el derecho de todo individuo a participar en los asuntos públicos, directamente o a través de representantes libremente elegidos, y a votar y a presentarse como candidato en elecciones libres por sufragio universal e igual; un sistema pluralista de organizaciones y partidos políticos…”.

El mismo organismo, en otro documento[3], alienta a las organizaciones partidarias a suprimir los obstáculos que impiden la participación política de las mujeres “Persisten barreras sistémicas y jurídicas a la participación política de la mujer en todos los niveles y en múltiples formas, entre las que figuran la cultura y el patriarcado, la carencia de recursos financieros, el reto de equilibrar las obligaciones familiares y profesionales y la falta de apoyo de los partidos políticos”, así como también la existencia de estructuras de poder masculinocéntricas que dificultan la viabilidad de las carreras políticas de mujeres.

En ese aspecto, existen antecedentes en la Cámara de Diputados de la provincia que no fueron tratados, así el Proyecto de Ley de paridad n° 11/2007, el que debería ser puesto a debate en el parlamento, máxime cuando existen muchos más antecedentes en el derecho público provincial desde ese momento a la fecha para enriquecerlo.

Si La Pampa fue pionera en los años ’60 en tener un Código de Procedimiento Penal de avanzada con debate oral o si fue pionera a nivel nacional en los ’90 en contar con una ley de procreación responsable, sin dudas sus cuadros políticos y político-partidarios han quedado atados a viejas concepciones que les impiden ponerse a la altura de los cambios sociales y de una vez, legislar sobre la paridad a nivel de los organismos públicos como de los partidos políticos. No son normas lo que falta, sino una ética de la igualdad que conduzca a buen gobierno.

Mientras se pregona la igualdad de las cargas públicas el impacto de los beneficios en las democracias occidentales es diferencial respecto de las mujeres, en prácticamente todos los índices salvo en el de la pobreza y el tiempo de cuidados, las mujeres estamos en desigualdad de condiciones. Para dar tratamiento y solución a esta problemática sin dudas debe contarse con la participación de las afectadas.

Cada vez más se denuncia la existencia de violencia política contra las mujeres en los procesos eleccionarios. La violencia política contra las mujeres tiene un objetivo muy particular y es que busca restringir la participación política de las mujeres en tanto mujeres pero además comunica a la sociedad que las mujeres como grupo no deberían participar en política[4].

En tal sentido, consideramos que una presencia paritaria de mujeres en los partidos políticos y por su intermedio en los cargos electorales y, en general, en los niveles de responsabilidad y decisión política otorgaría mayor legitimación social y visos de pluralidad y apertura social a los poderes del estado que tienen a su cargo cumplir con el mandato convencional y constitucional de garantizar la igualdad y no discriminación.

Un factor que suele repetirse cuando se plantea este debate es el de los méritos y la escasa experiencia de las mujeres en puestos de poder. Este argumento sin perjuicio de ser falso, parte del yerro de creer en los méritos naturales de los varones o en el carácter esencialmente masculino o varonil de la esfera pública. Las mujeres no cuentan con menos méritos que nadie y no eligen libremente no ser políticas. La cultura partidaria da escasas o nulas oportunidades a las mujeres y éstas no cuentan con modelos, la política partidaria no adapta ni concilia los horarios ni las responsabilidades familiares de las mujeres con la participación política. Como dice Kemelmajer de Carlucci (Jueces para la democracia, 2001), las medidas de acción positiva para desmantelar situaciones críticas y estructurales de desigualdad bien pueden ser complementadas con una reconsideración meritocrática, siempre que haya modelos y acciones de capacitación que otorguen igualdad de oportunidades a mujeres y varones y una reformulación del impacto de las tareas de cuidado en trayectorias profesionales de las mujeres.

Para ello, nos permitimos señalar que los partidos políticos deberían constituirse en un actor principal en la capacitación y visibilización de la problemática de género mediante el reclutamiento de cuadros que ofrezcan al electorado, garantías de conocimiento y sensibilización en derechos humanos y derechos humanos de las mujeres como parte de un buen gobierno.

Estamos absolutamente concientizadxs que estas medidas aportarán a una paulatina eliminación de los estereotipos sexistas y al mejoramiento integral del sistema político, en tanto que haya una amplia incorporación de las mujeres en la discusión y determinación de las políticas partidarias y públicas.

 

Instituto Interdisciplinario de Estudios de la Mujer
Facultad de Ciencias Humanas – Universidad Nacional de La Pampa

[1] https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/2017/03/la-representacion-de-las-mujeres-en-la-vida-politica-se-ha-estancado-senalan-onu-mujeres-y-uip/

[2] Informe del Grupo de Trabajo sobre la cuestión de la discriminación contra la mujer en la legislación y en la práctica” (Doc. A/HRC/23/50 de la Asamblea General de Naciones Unidas).

[3] ONU, A/68/184.

[4] http://www.infonews.com/nota/318700/sobre-la-violencia-politica-contra-lasmujeres. Ver Ley Modelo Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en la Vida Política http://www.oas.org/es/cim/violenciapolitica.asp

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