Educación Sexual, la deuda que sigue pendiente

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Por Admin febrero 2, 2019 10:15

Educación Sexual, la deuda que sigue pendiente

Por María Inés Alvarado

Lleva apenas un mes el año 2019 y las noticias relacionadas con las violencias hacia las mujeres no paran. En 31 días del mes de enero contamos con el aberrante número de 29 mujeres asesinadas por la violencia machista. 29 femicidios que resultan más impresionantes aún si lo mencionamos como una mujer muerta cada 25 horas y 30 minutos, o sea casi Una Menos por día.

Pero no solamente de femicidios datan las noticias sobre las violencias hacia las mujeres: a mediados de enero nos enfrentamos a la dura realidad de la negación del derecho a practicar la ILE a una niña jujeña de 12 años quien había sido violada, y a quien le realizaron una cesárea prematura para evitar “la muerte de unx inocente”, criatura que falleció a los tres días de esta práctica desgarradora y carente de toda humanidad. Asistimos a una doble violación de los DDHH: violentar doblemente a una niña de 12 años y apurar un nacimiento que tenía nulas posibilidades de supervivencia.

Y en la mañana del 1er día de febrero, uno de los matutinos más importantes del país, publica un editorial que fomenta las violaciones a las niñas, describiendo “lo que es natural en la mujer, lo que le viene de su instinto de madre” no debe sacarse del cuerpo femenino a pesar de ser producto de un abuso sexual infantil que fue formado en “ovarios casi infantiles”.

Tras describir como dato estadístico el caso de 2 menores obligadas a gestar y con el lema «Nadie me lo saca», afirma este editorial del diario La Nación que las niñas madres se aferran “a la vida engendrada en sus vientres”, aunque “la forma en que se gestaron los embarazos, claramente nada deseada ni deseable” por estas criaturas, resulta “resulta admirable y emocionante” porque validan el inexistente y falso mandato biológico del instinto maternal.

El autor de dicho artículo, titulado “Niñas madres con mayúsculas” se jacta de la importancia de la educación sexual para “prevenir tan conflictivas situaciones no deseadas” y despotrica contra aquellas mujeres que luchamos por la necesidad de generar una cultura de educación sexual integral que valore los derechos de las mujeres a elegir y decidir sobre sus cuerpos, y que se brinde información científicamente validada sobre la maternidad deseada y sobre la importancia de promover prácticas de cuidado entre varones y mujeres.

Es indudable que el cambio debe venir de las instituciones: Estado, escuela, familia, etc., hacia quienes precisan ser protegidas. Las niñas y adolescentes se enfrentan a cambios físicos, emocionales y psíquicos  que vienen de la mano durante la pubertad, acompañados de preguntas que precisan respuestas con la información precisa.

¿Por qué insistimos con la Educación Sexual Integral? Porque es la única herramienta que tenemos como sociedad para abrir canales de diálogo que ayuden a les adolescentes a guiarles en una concepción integral de su cuerpo. Porque brinda la información necesaria para que sepan tomar decisiones sobre sus cuerpos, deseos e intereses; que no solo les ayude a conocer los métodos anticonceptivos sino también las vulneraciones a las que son sometidas, especialmente el abuso sexual e intrafamiliar. Porque ayuda a entender las diferencias sociales y culturales de las que fuimos y seguimos siendo víctimas las mujeres a lo largo de la historia. Porque explica que los femicidios no son producto de locos sueltos que aman tanto hasta matar, sino producto de una sociedad enferma que cree que los varones son superiores a las mujeres y dueños absolutos de sus vidas.

El Estado es responsable de estas violencias. De no cuidar a las mujeres que denuncian acoso; de no llevar estadísticas ciertas de los índices de femicidios; de permitir que los medios de comunicación sigan diciendo que las mujeres “aparecen” muertas en ríos o basurales; de fomentar la cultura de la violación al exponer al cuerpo de las mujeres como productos de consumo sexual; de no brindar información a niñas/os y adolescentes acerca de cómo cuidarse y denunciar; de negar la ILE cuando es un derecho; de obligar a parir a niñas que no saben que es lo que pasa en sus cuerpos frente a un embarazo no deseado; de seguir dejando a las mujeres en situaciones de vulnerabilidad social; de que las mujeres sigamos siendo noticia solo por negarnos la posibilidad de vivir en libertad.

El Estado es responsable de que la ESI sea la deuda pendiente al no exigir a las instituciones escolares de todo el país y en todos los niveles educativos la obligatoriedad de brindarla, permitiendo que instituciones retrógradas, mal llamadas “pro vida”, y contra derechos, se adueñen de las vidas de las mujeres.

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