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Una Columna para la Moda: sin costureras no hay ropa

Duele leer la cantidad de años que quienes formamos parte de la comunidad textil y más específicamente del sector de la moda, mantuvimos oculto el trabajo y a les trabajadores que sostienen día a día toda la industria, gran parte de la economía y el vestido de nuestro país.

Por: Victoria Zaccari

Una Columna para la Moda: sin costureras no hay ropa
Una Columna para la Moda: sin costureras no hay ropa

Cuando hablamos de comercio justo, buenas prácticas y todos esos conceptos que giran alrededor de la moda sostenible, subyace impertinentemente una mirada blanca y ajena a la historia, a nuestra manera de funcionar como sociedad, casi como si fuera posible desprendernos de lo que construimos hasta aquí. La identidad puede mutar, pero es irrenunciable, al igual que los derechos.

La historia de las costureras está tanto o más ligada a la historia de la industria, así como a la cultura de la explotación que reproducimos una y otra vez: cuando regateamos precios a emprendedores, a artesanes y a costureres. Detrás de la idea de barato, hay derechos absolutamente vulnerados. Pero ¡atención! No se trata de aumentar para subir las regalías y que siempre quede del lado de la desinformación, la insuficiencia de recursos.

Las personas que cosen, en muy pocos casos acceden a los beneficios laborales que rigen en otros tantos trabajos: extensas horas frente a una máquina de coser, con tejidos generalmente sintéticos, que muchas veces no cuentan con la iluminación y las herramientas necesarias para llevar adelante el trabajo de forma segura para con el propio cuerpo, consecuentemente traen problemas en las articulaciones, la vista, el oido, incluso problemas respiratorios, digestivos y en el sistema nervioso central. Estas personas, que generalmente son mujeres cis, que en muchos casos no sólo deben descontar de lo que cobran lo que corresponde a un servicio médico, sino los mismos materiales que se necesitan para la producción de las prendas.

Los sindicatos son espacios ocupados históricamente por masculinidades, lo que implica la construcción de un inconsciente colectivo que presupone que la fuerza sindical y de trabajo es patrimonio del patriarcado. Sin embargo, Mónica Basterrechea es costurera y desde 2016 lleva adelante el Sindicato Argentino de Trabajo a Domicilio de Textiles y Afines, cuyo objetivo principal es representar a quienes trabajan cosiendo las prendas que usamos día a día. A pesar de que el oficio de la confección data de tiempos ancestrales, es uno de los trabajos más deteriorados a medida que avanzó el sistema neoliberal, aún cuando hay leyes que lo regulan, como es el caso de la Ley 12.713, sancionada en Noviembre de 1941, las normas que la modifican y el recientemente presentado Proyecto de Ley Régimen Especial de Trabajo a Domicilio (2020).

Mónica destaca que una de las problemáticas que enfrenta el sector de la confección es la falta de registro de trabajadores, lo cual comprende varias aristas. Por un lado, la falta de presencia por parte de la Autoridad de Aplicación, que en este caso es el Ministerio de Trabajo y las distintas autoridades de cada provincia y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El hecho de que no se apliquen correctamente las herramientas que provee la ley, permite que quienes contratan se manejen libremente pagando cada vez menos a quienes trabajan. Pagar el mínimo o a veces aún menos, sosteniendo esta costumbre durante aproximadamente un siglo, lleva al sector a regirse por las trampas de la desregulación: el miedo predomina al momento de intentar decidir aumentar los precios a un valor decente. Como no hay una aplicación de la ley por parte de las autoridades correspondientes, las empresas, los talleristas y muchas veces los emprendedores, abaratan costos quitando el valor a este proceso.

¿Qué sucede si las costureras decidieran hacer una huelga? Esto pasó el 8 de marzo de 1908, cuando 29 mujeres murieron en un incendio en la fábrica Cotton, de Nueva York, Estados Unidos, luego de que se declarasen en huelga con permanencia en su lugar de trabajo. Este lamentable suceso dió origen a lo que hoy conocemos como el día de la mujer y que la liviandad imperante en nuestras sociedades, logró tergiversar el significado de lucha y visibilización de un sector para reducirlo a un pequeño obsequio por haber nacido con vulva.

¿Alguna vez pensaste en cuánta ropa de la que usas está hecha 100% en condiciones dignas? ¿Qué pasa si las costureras no cosen? ¿Cómo vestiríamos día a día si por cada incumplimiento no hubiera trabajo? ¿Cuál sería la calidad de lo que usamos si se hicieran cumplir los derechos? ¿Cuál es el valor real del trabajo si no hay explotación?

Vivimos en una sociedad que aprendió a pagar siempre menos en dinero y pagar mucho más en salud, en derechos… en vida. ¿Cuánto cotiza un dolor de espalda? ¿Cómo se cobra el tiempo, el aprendizaje? ¿Qué significa que un sector de la población viva con miedo de reclamar lo que es digno?

Otra dificultad que encuentra la registración de trabajadores a domicilio de textiles y afines, es la falta de información. Así como durante años (y siglos) se privó de derechos, uno de estos derechos es el acceso a la información. Esta información, probablemente disiparía muchos de los miedos a perder el trabajo, que es la extorsión más habitual que ejercen muchos empleadores. Según Mónica, muchas trabajadoras y trabajadores prefieren permanecer ocultos, trabajando muy por debajo del valor por miedo a perder lo poco que tienen. Pero no se dan cuenta de que así están perdiendo su dignidad. Las marcas en las vidrieras ponen colores brillantes y atractivos, y hacen todo para continuar produciendo y ganando más dinero a costa del trabajo de las costureras.

La necesidad de una unión sindical que pueda no sólo visibilizar estas problemáticas, sino también entrar en las mesas de debate donde se toman las decisiones estratégicas para alcanzar una industria textil sólida y sostenible, es urgente. Aunque parezca una obviedad, las costureras son personas y como sujetos de derecho, merecen las mismas oportunidades de vida y actividades dignas. Merecen acceso al tiempo libre, a vacaciones, a una jubilación.

La industria textil reposa sobre las costuras, sobre la confección y los talleres. Fortalecer esos cimientos es una tarea de construcción conjunta, no sólo de las partes involucradas, sino de toda la sociedad. Es necesario reunir el sector y dar el lugar que merece a las costureras, quienes ejercen un oficio tan inigualable como necesario. Lograr una industria de moda sostenible es una lucha colectiva y popular.

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