Ayer recibí este “manifiesto”, junto con un desafío: si podés contestarlo, punto por punto, sin que se te escape un solo insulto, te lo público. Debo admitir que se me hizo muy difícil. Sobre todo, porque formo parte de ese diez por ciento de la población con alguna limitación. Pero no percibo ningún beneficio. No tengo obra social, no recibo ninguna pensión, tampoco tengo trabajo estable. Tengo suficientes limitaciones físicas como para que no me contraten, pero no suficientes para percibir ningún beneficio y también más de 40 años. Y aunque tuviera, de acuerdo con el gobierno, no la merezco por el sólo hecho de que mi familia tuvo suficientes posibilidades como para que pueda tener un techo, aunque no todo el apoyo que necesito, haciéndome sentir muchas veces un estorbo y hasta una vividora. Hace mucho que sobrevivo con menos del salario mínimo y recurro a los yuyos para tratar muchas afecciones, porque se me hace imposible comprar los medicamentos que necesito.
Como yo, en mi situación, o en peor situación, hay muchísima gente. Personas con dolor crónico, personas que han sido víctimas de delito o de algún accidente. Personas con problemas de columna o alguna enfermedad que demanda medicamentos por toneladas. Personas que no acceden a estudios o atención médica adecuada. Y seguimos buscando trabajo o alguna forma de sustentarnos a diario. Y que dejamos de buscar soluciones o de hacer largas colas para intentar algo porque, básicamente, nos tratan de cualquier cosa, en lugar de escucharnos. Algunas, contamos con la ayuda de una familia o con una formación que nos permite sobrevivir, aunque estemos lejos de tener una buena calidad de vida. Otras, “tiran el paño” o “venden algo” en la calle. Somos la mayor parte de quienes consumen analgésicos. Somos esas personas a las que se dice “a vos siempre te pasa algo” y nos descartan. Porque hay personas con enfermedades del cuerpo y padecimientos mentales.
Esas son las razones por las que acepté el desafío. Porque el grado de cinismo que contiene, es impresionante.
TRANSCRIPTO DE LA SECCIÓN POLITICA, PAG. 7, AMBITO FINANCIERO, LUNES 12 DE JUNIO DE 2017
Nosotros, las personas con discapacidad
Un Manifiesto
USTEDES Y NOSOTROS
“Somos completamente humanos.
Somos humanos completos.”
Coincido, aunque los médicos digan que hay personas a las que “les falta” o “carecen” de alguna capacidad o parte del cuerpo. O que esa capacidad o parte del cuerpo está dañada, o inutilizada, o que hay disminución de capacidad, en un mundo pensado sólo para personas que tienen su cuerpo completo y funcional al 100%, con todas sus capacidades intactas.
Somos millones, y cuando sumamos a nuestros parientes y a nuestros amigos que nos ayudan a vivir, somos más que cualquier otro grupo que puedan nombrar.
Sí, y somos más aún si incluimos en el conteo a las víctimas de violencia sexista, racial, a las víctimas de accidentes o hechos delictivos que, además de luchar con secuelas físicas, enfrentan secuelas y daños psíquicos, a veces irreparables o que exigen tratamientos carísimos. También debemos incluir a las víctimas de la contaminación y les niñes que crecieron con el hambre cotidiano que puede quitarles la capacidad hasta de sonreír o de crecer, y que acarrean secuelas toda la vida. Millones de personas pobres empobrecidas, valga aclarar, que en muchos casos deben destinar casi toda su vida a reparar ese daño.
Cuando habla de familiares amigos y parientes, reconoce usted que una discapacidad genera un grado de dependencia y que sin ayuda, la vida de cualquier persona con discapacidad se vuelve muchísimo más difícil. ¿Sabe usted que hay personas que son abandonadas? ¿Personas que no tienen la suerte, como usted, de contar con un capital y una familia que les ayude y les apoye? ¿O cuya familia no está en condiciones de asistirles?
Somos personas y tenemos los mismos derechos que los demás.
Sí, con los mismos derechos que deben ser garantizados por personas como usted, en quienes se delega la responsabilidad de administrar el Estado. Derechos, que con este plan, usted está negando, en este momento, a una buena parte de la población con discapacidad.
No buscamos compasión. No buscamos piedad. Sólo exigimos respeto: somos completamente humanos para hacerlo.
Nadie le pide piedad y compasión, sino respeto. Respeto por las limitaciones y acciones destinadas a la integración social, al acceso a la salud, a una calidad de vida mínima. Piedad y compasión son los pilares de la caridad. Y nadie está pidiendo caridad, sino, paradójicamente, políticas públicas que garanticen la posibilidad de ejercer los derechos que usted sabe que nuestra constitución garantiza.
Pero algunos de ustedes nos tienen miedo, otros nos esquivan, o nos ofenden con su condescendencia.
Confunden nuestras limitaciones con nuestras capacidades.
Nadie tiene miedo a una persona con discapacidad. La gente siente rechazo porque ve en cada persona con discapacidad la posibilidad de padecer el mismo dolor. Ayuda y condescendencia no son lo mismo. Y creo que usted tiene un serio problema con el diccionario. Porque pensar políticas inclusivas implica reconocer que esas “limitaciones” ocurren justamente respecto de alguna capacidad que se ve limitada. En su caso, de caminar. Usted no podrá correr una maratón, ni ir caminando a la casa de una amiga, ni entrenar en karate. Una persona agorafóbica pierde su capacidad de desenvolverse en espacios abiertos. Una persona con parálisis cerebral pierde muchas de sus capacidades. Aunque pueda desarrollar otras o buscar nuevas formas de desenvolverse, necesitará para hacerlo asistencia, tratamientos medicamentosos, dietarios, prótesis y rehabilitación adecuadas oportunas. Esto sólo será posible contando con un diagnóstico adecuado. Para tener un diagnóstico adecuado, necesitará acceder a las herramientas diagnósticas adecuadas. Y todo esto es igualmente válido para todas las patologías que merman la capacidad de una persona.
Nosotros somos iguales a ustedes aunque algunos no podamos ver, escuchar, caminar o percibir el mundo igual que ustedes.
Me pregunto cuál es el sentido en que apela a la palabra igualdad. Porque no somos todes iguales, somos diversxs. Y reconocer la diversidad implica saber que, en el fondo, aunque seamos todes humanes, a los ojos de la sociedad no somos iguales. Usted es parte de esa sociedad discriminadora que elige no ver las diferentes circunstancias y los diferentes entornos. La imagino como esas personas que apelan a la igualdad a la hora del discurso, pero que jamás contrataría a unx residente de una villa por más títulos que tenga para conformar su gabinete, sino para limpiarle el inodoro. Personas que apelan al recurso falaz de la igualdad sólo cuando le permite sacar ventaja. Personas que recibieron todo en bandeja: nacieron ricas, tuvieron los recursos para resolver todos los problemas, pero que condenan a cualquiera que no sea blancx, ricx, heterosexual y heteronormado. O sea, personas que pregonan la igualdad pero son incapaces en la realidad de mantener relaciones de igual a igual con quienes consideran inferiores a sí por no tener las mismas ventajas.
Nosotros somos iguales a cómo serían ustedes si les pasara algo.
Nosotros los necesitamos. Pero ustedes también nos necesitan.
¿Saben? Al menos uno de cada diez argentinos tiene una limitación permanente. Medio millón de ellos tiene menos de 20 años y la mitad no cumplió aún 10 años. Si no nos ven en la calle, si creen que somos menos de los que somos, es porque muchos de ustedes nos obligan a refugiarnos en nuestras casas.
Si un 10% de la población padece alguna capacidad o limitación física o psíquica que le dificulta o directamente impide que lleve una vida normal… Cómo es que no hay cuatro millones y pico de pensiones por discapacidad? Usted habla de derechos, olvidando que esas pensiones, el componente más importante que tienen, es la cobertura de salud. Donde vivo, un taxi al hospital cuesta alrededor de 100$. Sólo una consulta médica implica ir dos veces: al centro de salud: una para sacar turno y, si lo consigue, volver para el turno. Obviamente, luego regresar. Una persona con movilidad reducida, probablemente requiera un taxi para poder ir al hospital más cercano, dado que los colectivos le reservan asientos, pero en general carecen de rampas. Eso implica un gasto de 400$ sólo en transporte. Y sin contar que hoy debe comprar los medicamentos que antes le daban gratis. Cree usted que un aporte de $4000 es mucho? Cuánto gasta usted al mes para gozar de una salud relativamente buena? Y qué le hace pensar que no todas las personas en su situación tienen el mismo derecho que usted a acceder a esos beneficios?
Aquellos de ustedes que no nos dan trabajo, que no dejan estudiar a nuestros hijos, los taxis que no paran cuando nos ven distintos, los que nos esquivan en la calle, los que no nos quieren alquilar un departamento, los que miran para otro lado cuando pasamos cerca de ellos, no están en nuestra contra: están en contra de toda la humanidad.
Definitivamente, usted vive en una nube. Desconoce la realidad de la mayor parte de las personas con discapacidad. No sólo no acceden a un trabajo porque nadie les contrata, sino porque muchas veces no pueden trabajar. Muchas personas no acceden a un alquiler no sólo porque no les quieran alquilar, sino porque carecen de los recursos para conseguirlo.
Es hora de hacer algo de verdad. Hay que cambiar ahora mismo las leyes, los edificios, el ancho de las puertas, las veredas, los asientos de los colectivos, los espacios de los aviones, las reglas obsoletas, los trámites del Estado, todos los baños públicos, las normas de las escuelas, los juegos de las plazas, los recursos humanos, los hoteles alojamiento…
Lo que no entiendo, es por qué con este argumento apela a leyes centradas en un paradigma cruel e inhumano, en lugar de continuar las políticas inclusivas. O cree usted, a caso, que los viejos que no trabajan deben morir, que quienes no tienen la suerte de tener un trabajo o una familia que les ayuden deben morir o sufrir, pero lo más lejos posible de su vista? El principio de la seguridad social es el principio de la solidaridad. Usted, como persona con ingresos que exceden sus necesidades debería aportar mucho más, de acuerdo con lo que plantea en este manifiesto, para garantizar que quienes no tienen sus oportunidades puedan tener una calidad de vida mínimamente buena y tengan garantizado el ejercicio de sus derechos. Sin embargo, vemos con desazón, que las políticas y el esfuerzo de este gobierno está destinado a condenar a muchísimas personas a un sufrimiento tremendo. Por ejemplo, a las víctimas de intento de femicidio que conviven con cicatrices atroces tanto físicas como psíquicas de las que quizás nunca se recuperen
Hay que cambiar mil cosas. Pero antes que nada tienen que cambiar profundamente ustedes porque aunque nosotros somos humanos completos, muchos de ustedes siguen sin creer que de verdad sea así.
¿Y mientras tanto qué? ¿Y quienes no tienen sus recursos qué? ¿Es acaso capaz de pensar más allá de su limitado grupo de elite?
Hagan su parte. Ustedes y nosotros somos personas iguales con destinos distintos. Es hora de que nos reciban abiertamente y vivamos juntos en el mismo mundo.
No, señora. Haga usted, que para algo cobra lo que cobra como vicepresidenta. Son las políticas de su gobierno las que están agravando y poniendo en riesgo de vida a miles, millones de personas enfermas, discapacitadas, jubiladas y pensionadas cuyas vidas dependen de un sistema de seguridad eficiente. Por favor, deje de pensar en la población más vulnerable como un “gasto”. Somos quienes pagamos su sueldo. Sus empleadorxs. Somos sus contratantes. Ubíquese. Usted y todo su gabinete. Son los responsables de nuestras vidas y de cuidar nuestro país. País que están vendiendo por centavos y con el que están haciendo negocios vergonzosos a costa de la población menos educada, y con menos oportunidades. No sé si es ilegal. De lo que estoy segura es de que es, en el mejor de los casos, irresponsable e inexcusablemente cruel.
PLAN NACIONAL DE DISCAPACIDAD. PRESIDENCIA DE LA NACIÓN
Memoria
