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Quisimos poner en palabras el enorme trabajo de Valeria Sartori e invitamos a Mariposa  Blanca, quien comienza poniéndole voz al documental. Nos dijo:

La voz propia, sobre Abuso sexual en la Infancia. Mariposa Blanca. Foto: Caro Fruks

La voz es un derecho primario, no solo poder decir con palabras, sino, también, poder expresar, del modo que sea, lo que nos pasa a nivel emocional.

Todes les sobrevivientes de violencia sexual hemos sido avasallades en nuestro derecho primario de poder decir…de poder gritar cuando nos violentaban, de poder contar que nos estaban lastimando, de poder ser validades cuando pudimos contarlo.

Cuando quisimos tener voz todes hemos recibido amenazas por parte de los violadores y violentos, todes hemos sido descreídes por personas adultas, cuando éramos niñes y adolescentes.

Más adelante, cuando pudimos contarlo en la adultez, también hemos sido violentades por nuestro entorno familiar, por amigues, vecines, por el sistema judicial cuando nos cuestionan o revictimizan si queremos denunciar, por la sociedad en general, cuando nos piden pruebas o nos descalifican.

¿Qué sucede con todo lo no dicho, con lo no expresado?

¿Qué sucede con ese dolor y esa angustia?

¿Es verdad que el paso del tiempo cura todas las heridas?

No, el paso del tiempo no cura todas las heridas y todo ese dolor y esa angustia se quedan atoradas en la garganta, aferradas a los músculos, pegadas a la emoción dejándonos una sensación de tristeza eterna.

La palabra nos da fortaleza, el llanto nos libera, el enojo nos revitaliza, la comprensión y empatía del entorno nos da esperanza.

Encontrar la VOZ PROPIA, esa que nos hace sentirnos ALGUIEN y no ALGO, esa que nos da identidad, es indispensable.

Que nuestra historia sea aceptada aunque sea terrible, aunque no quisiéramos que cosas así existieran, aunque duela tanto que sería mejor mirar para otro lado, que nuestra historia sea escuchada, aceptada y comprendida, eso es lo que necesitamos.

Y eso es esta película. 

Foto de portada: Amaya Laura Arruabarrena

El contenido

La Voz Propia, de Valeria Sartori

Me llamo Mariposa Blanca, soy cantante y soy bailarina. El nombre que tengo en el DNI no es así, el nombre que me pusieron mis padres biológicos es otro y estoy tratando a través de unos abogados que me cambien el nombre por el que yo elegí que es Mariposa Blanca. Mi madre y mi padre son pedófilos, abusaron de mi sexualmente, me violaron durante toda mi infancia y adolescencia, además de todas las otras violencias que ejercen en un hogar donde hay incesto. Después de tener a mi hija Luana, que ahora tiene dos años cuando la fui a anotar al registro civil me di cuenta que no le quería pasar ese apellido y ahí decidí cambiármelo. Sentí que la familia de donde yo venia ya no era mi familia, no me sentía parte de su estructura herencia conductual, ni de nada que tuviera que ver con esa familia y quería empezar de nuevo dándole un nuevo apellido a mi hija.

-¿Por qué Blanca?

Blanca el motivo más simple y mas sincero es porque soy artista. Mi autodefinición y mi hogar durante muchos años fue el arte. No solamente canto y bailo, sino que pinté, actué, escribí…escribí muchísimo, sigo escribiendo y el blanco, la hoja en blanco, el lienzo en blanco, el lugar donde vos podés generar algo nuevo es un espacio de creación y yo creo que mi personalidad es mi creación. Fui mi propia mamá y mi propio papá, asi que soy mi creación, mi personalidad y mi linaje, que estoy transmitiéndole a mi hija y además esta posibilidad de que cada persona, incluyéndome, puede empezar de nuevo. Tener una hoja blanca y escribir algo nuevo, independientemente del lugar de donde vengas.

– ¿Tu papa que hacía?

No tengo idea que hace ahora mi padre. Hace muchos años que no tengo noticias de ella y de él. Está bueno, trato de alejarme de la gente que es tan negativa. Ellos y todo el resto de la gente.

-¿Qué hacía tu padre?

Mi padre fue intendente en el pueblo donde yo vivía. Se dedicaba a la política. Era montonero en la época del gobierno de estado. Yo nací en chile, en el año ’77, ellos se fueron de Argentina por la persecución ideológica. Y en el pueblo donde me crié durante un tiempo fue intendente, fue concejal. Era una persona con poder en lugar donde estaba. Fue una de las cosas que ayudó a que nadie me ayudara. Una vez tuve una internación por una violación nadie acuso recibo. Además, era un pueblo muy caudillo, muy machista, todo el mundo hacia desastres y nadie se preocupaba de las niñas y los niños. Sigue siendo así, treinta años atrás la situación era mucho peor en un pueblo de mil personas, donde la ley era la ley del cuchillo y del quien era mas matón y quien podía más. En realidad, yo a mi madre y a mi padre los identifico como los captores, delincuentes que me tuvieron encerrada durante años dentro de un contexto y una ilusión de una familia que no era tal. Por lo tanto, siento que sobreviví a casi veinte años de una situación parecida a estar en un campo de concentración. En una situación de terror y de miedo extremo, y de desfasaje completo de la realidad. Lo cual me genero un bloqueo de memoria muy grande. Pasé muchos años de no recordar haber sido tan lastimada, y empecé a recordar recién a los veinte tres años conectándome con otras personas y otras realidades fui siendo más consciente de que yo tenía muchos trastornos. A los veinte años era alcohólica, tenia conductas autodestructivas, tenia muchos problemas de memoria que es típico de tener un bloqueo. Tenía una visión muy distorsionada de la realidad, muy selectiva. Buscando resolver la bulimia empecé a hacer terapia y a bailar. Volví a bailar que fue algo que dejé a los catorce años, después de que me hicieron un aborto domiciliario por un embarazo de una violación de mi padre. En ese momento me despedí de mi cuerpo y dejé de bailar que era lo que me gustaba mucho.  A los veinte tres volví a bailar, y haciendo terapia empezaron a surgir los recuerdos y empecé un camino de sanación muy largo. Estuve diez años llorando, recordando y haciendo terapia. Me han hablado personas por Facebook de treinta, sesenta, setenta años, de todas las edades contándome que les paso lo mismo y que soy la única persona a la que se lo contaron. ¡Es super fuerte! Pero esta vergüenza, esta culpa, esto de no poder contarlo, no poder trabajarlo, vivir angustiado o angustiada está relacionado como se ve socialmente.

-¿Cómo se ve?

Como que sos una pobre persona que te pasó algo terrible y no te vas a poder levantar nunca. Muchas veces los y las sobrevivientes también lo toman de esa manera. Como que las secuelas te van a acompañar el resto de la vida y que te mataron en vida. Y la verdad es que no, yo no estoy muerta. A mi me quedo mucha tristeza y mucha angustia en mi cuerpo, no solamente en emociones, sino prendida a la piel y creo que una de las cosas de sacarse eso y transformarlo es bailando. Eso socialmente sí se ve. En las sociedades más vapuleadas económicamente muchas veces la gente encuentra como una forma de mantenerse vivo, expresarse a través de la danza y la música, en Centroamérica, en Brasil o en África, es decir, pueblos y sociedades muy oprimidas que han sufrido mucho y encuentran en bailar y en la música una forma de mantenerse alegres, mantenerse vivos y mantenerse con esperanza. Para mí es muy sano, para un o una sobreviviente sana, cura mucho poner música y bailar y olvidarse de todo, sentir el cuerpo desde otro lugar, sentir emociones que te conecten con la vida porque es verdad que padecer abuso te conecta con la energía Tanatos, con la muerte. Queres morirte. Muchas veces quise morirme, me quise matar, como les pasa a todas y todos los que padecen estas situaciones y bailar, cantar te conectan con la vida, y con sentir que estás vivo y que vas a poder. Sobre todo, que te mereces ser feliz.

Lic. M. Beatriz Mûller

Licenciada en Psicologìa

-¿Qué se entiende como abuso sexual infantil?

Primero la palabra infantil, como dice Eva Giberti, el abuso sexual no tiene nada de infantil. Eso es parte de la idea que hay de tratar de tapar el abuso, de minimizarlo o de convertirlo en algo banal. Entonces la palabra infantil, que es un adjetivo calificativo, lo pone en un lugar que no corresponde. En realidad, es niños, niñas y adolescentes abusados sexualmente por adultos o abuso sexual en la infancia. Tiene que ver con hombres, mujeres adultas que abusan de niños o de niñas o de adolescentes. Abuso sexual significa la intromisión de la sexualidad adulta en el mundo infantil, en el desarrollo del niño que no tiene nada de genital y de pronto la genitalidad lo invade y lo trastorna, lo confunde y lo abruma. Cuando queremos minimizar el abuso o tratar de hacerlo desaparecer de la faz de la tierra buscamos cualquier argumento para eso y el hecho de decir que los chicos mienten es uno de los principales. Obviamente que los chicos mienten, pero cuando la mentira los beneficia de alguna manera. ¿en qué beneficiaria una mentira de esta índole? Si les trae aparejado un drama terrible porque si es el padre, será el que se va, se desarma la familia, etc. O sea, un montón de cuestiones que no generan ningún tipo de beneficio. No arman una mentira con elementos que ni siquiera conocen.

-¿Cuándo se piensa en un abusador, a veces la gente piensa que es un loco, un monstruo, pero ¿cómo es realmente?

Es el mejor de los mejores. El abusador no tiene nada de loco ni de monstruo, es parte de la idea que no existe. Es el mejor papá, el mejor vecino, tiene una característica que es específica, la doble cara. Una hacia el afuera y otra para adentro. Por eso después los niños los dibujan como monstruos, porque el niño lo ve así.

-¿Qué es lo que necesita un niño o una niña para poder un abuso?

Lo primero que necesita es que le crean. Que su entorno, que los adultos mas significativos le crean. Que lo protejan, que lo cuiden y que lo lleven a hacer un tratamiento psicológico, esto es básico. Es fundamental la imagen del adulto protector en el proceso de sanación, de vuelta a una vida normal. Y obviamente, el castico al agresor, la intervención de la justicia. Es parte del proceso terapéutico.

Nora Pulido

Docente de UBA/ coordinadora en Derechos humanos de la infancia y adolescencia

Los delitos sexuales tienen pocos casos condenados y será porque los procesos investigativos para comprobar el delito no son los adecuados. No se investiga de manera adecuada un delito que es muy particular, ya que ocurre casi siempre en soledad, están solo el perpetrador del delito y la víctima.

Cuando se hacen las pericias, uno de los elementos que es tomado en cuenta muchas veces si es verosímil o no el relato que se escucha. O sea, el perito tiene que decir si el relato que se escucha es verosímil o no. Cuando una persona adulta va a hacer una denuncia porque le robaron una cartera, nunca nadie dice esto es verosímil o no, en cambio a un niño sí. Eso lo consideramos negativo.

Leemos los peritajes, las causas y las sentencias y estas últimas se apoyan siempre en que no hay suficientes pruebas y se hace como que el delito no ocurrió. No es solo que no son suficientes las pruebas, sino que queda el abusador queda en libertad.

Carlos Rozanski

Ex juez federal de la Nación

No hay estadísticas precisas. En general de los delitos que se denuncian en argentina se esclarecen alrededor del 2% o 3% con suerte. En el caso del abuso en la infancia, si se tiene en cuenta que a su vez se denuncia solo el 10% de los casos que suceden, la proporción es geométrica. Es decir, no es que se esclarecen el 1 o 2 % sino que se esclarece el 0,1%. Por lo tanto, en un número redondo seria que de mil abusos se esclarece uno. 999 quedan impunes. Eso lo hace ser el delito más impune de la tierra. Puede existir alguna falsa denuncia, son estadísticamente muy pocas, no solo que son pocas, porcentajes ínfimos, sino que además no se sostienen. Entonces si se parte de la base que la denuncia es falsa hay una ideología atrás que la esta impulsando y no realmente exista por insisto es exactamente al revés, la inmensa mayoría de abusos son ciertas. Cuando se esta juzgando a una persona que se le robo el reloj, jamás le van a preguntar si exhibía el reloj provocativamente, sin embargo, a la mujer le preguntan como estaba vestida cuando la violaron. Es decir, esa diferencia tiene que ver con un avance que la justicia tiene que hacer. Lo va haciendo muy lentamente, sobre todo porque en la mentalidad de cada uno de los que está juzgando sigue estando presente ese imaginario ancestral de discriminación, de violencia masculina. Las leyes históricamente han sido creadas, aplicadas e interpretadas por varones, y en esta temática mayoritariamente violadas por varones. Hay que tener en cuenta que no es sencillo sentarse frente a un tribunal a declarar y en ese caso son sometidos los psicólogos a interrogatorios durísimos donde están dos horas contando que sucedió y como sucedió y ahí se le pregunta de repente, ¿usted tiene el cien por ciento de seguridad que esta criatura fue abusada? Y depende si la profesional tiene la formación adecuada contesta adecuadamente sino no. Si responde que no, significa una absolución. Porque a lo largo de la historia era más fácil quedar impune porque lo único que hacia falta era decir que los niños mienten y así durante siglos era suficiente para que eso no se investigara. Hace unos 20 o 30 años se avanzo notoriamente en la investigación del fenómeno, especialmente de parte de la psicología y se conocieron más las características y esto hizo que avanzara desde determinadas disciplinas, en psicología y sociología y no en derecho. Pero el derecho fue avanzando un poco más lento, pero fue avanzando en cuanto a la protección de las víctimas, pero no al nivel de las demás ciencias. A partir de ahí se llego a un punto donde decir que lo de los chicos no era suficiente porque se sabia que hasta cierta edad un niño no puede mentir ni tener fantasías acerca de experiencias sexuales no vividas. Hay un síndrome que es falso, el de alienación parental en el que dicen que todos los casos de abusos no existen, no tienen duda. No es como cuando una ve a un niño y se plantea es o no es, fue abusado o no. Una piensa uno a uno, el que viene, en ese se piensa. Ellos, en cambio, piensan que ninguno fue abusado y este síndrome lo que dice es que la madre lo que quiere es alienar el niño y sacárselo a su padre. Y eso como esta mal, por ser venganza, lo que hay que hacer es obligar al chico a vivir con su padre denunciado. Y se les revierte la tenencia. Ahora no se están animando tanto, pero en muchas familias el chico esta viviendo con el abusador. En todos los casos que yo juzgué y fueron muchos, nunca una persona acusada y luego condenada reconoció haberlo hecho. Y esto es frecuente en el mundo. Es decir, es un delito que a diferencia de los otros es imposible que sea reconocido por el autor. No es que no se de cuenta, es aceptar que lo cometió. Y a los efectos de una reinserción, es absolutamente necesario un paso previo. Y no hablo del punto de vista moral o ético o religioso, lo digo desde el punto de vista social, del punto de vista de la garantía de las victimas y de sus familiares, la aceptación como posibilidad de modificación de la conducta. Si quien comete este tipo de hechos aberrantes, ni siquiera reconoce haberlo hecho, aun ante la prueba mas evidente que haya, y es condenado a 20 años de prisión y aun así sigue negando haberlo hecho eso marca una dificultad muy seria a la hora de hablar cual es ese nivel posible de reinserción, más allá de como dije antes, es absolutamente necesario intentarlo. Es obligatorio hacerlo, es un deber del Estado hacerlo.

Lic. Graciela Gonzalez

Directora- Dpto de Prevención de la Violencia y el abuso infantil de APBA

Si hubiera algún caso donde esto fuera cierto, por ejemplo, una madre que induce a su hijo a mentir, en mi experiencia tuve solo un caso, es fácil de detectar porque vos le podés enseñar a un niño a recitar algo de memoria, pero cae por su propio peso por los detalles y además porque los chicos juegan. Una trabaja con dibujos y juegos, y los nenes no juegan a eso. Los niños abusados todo el tiempo están elaborando y dando cuenta de lo que les pasó sin palabras. Algunos no dicen nada ni cuentan nada, pero en algún momento se descubre que algo les esta pasando por como juegan, por como dibujan.

Sobrevivientes de Abuso Sexual en la infancia.

Mi nombre es Rocío, soy sobreviviente de abuso sexual. Estoy acá porque es mi manera de ayudar, transmitiendo mi mensaje de experiencia por ahí otras personas lo puedan tomar desde algún punto para salir del infierno como el que viví yo. Esta es una de mis maneras de ayudar.  Fui violada por mi progenitor durante 4 años. El juicio se hizo en septiembre 2011. Mientras transcurrió el juicio, fueron aproximadamente 18 audiencias en que nos vimos. Duro tres meses viéndolo. Había posibilidades que yo pidiera que él no esté en las audiencias donde yo declaraba o en las que declaraban mis testigos, pero una manera de imponerme ante el, era sacar fuerzas de donde no la tenia y que el este adelante y yo voy a poder hablar delante de el. Como es algo que ocurre dentro de cuatro paredes, nadie mas que el y yo sabemos lo que paso, entonces la verdad es una sola y cuando la tenes enfrente de tu cara es muy difícil evitarla. No lo hice por mí, sino para que los jueces que estaban vieran como reaccionaba el delante mío. Y se levanto y me señalo, me dijo que era una mentirosa. Me desmaye en el medio de la sala. En ningún momento se negó a declarar. Todo el tiempo los jueces le decían que declarara y yo esperaba que lo hiciera, porque una espera la fantasía del perdón. Desde el dolor, una espera que la persona que tanto te dañó por lo menos se de cuenta de lo que causo. Después de dos intentos de suicidios, de escaparme tantas veces de mi casa, que hoy el este preso es el logro de mi vida. Siempre soñé con tener una vida sincera con el vínculo que pueda construir pero que sea sincero. Es difícil, pero se puede. Ahora tengo una gran compañera Mariana.

-¿Esta experiencia te deja un estigma que no te vas a poder sacar nunca?

Yo creo que no es el estigma. Es en la postura que cada una se pare. Yo estoy contando mi historia, pero sigo mi camino con mi mochila cargada de piedras me vas a mirar con otros ojos y no de lastima. Si podés salir de ese lugar, no sos víctima, sos sobreviviente. Podrías estar enterrada bajo tierra 3 metros, porque son tan perversos y manipuladores que te llevan la cabeza para donde ellos quieren y una se siente tan acorralada que matarte es la primera opción que tenes.

Mi nombre es Julieta. Hace tres años desperté, recordé haber sufrido abusos en mi infancia. Creo que el nacimiento de mi nieto fue el disparador. Cuando el nació, a los pocos meses empecé a sentir mucho miedo. Un miedo que nunca había sentido antes, ni siquiera con mi hijo. Empecé a sentir algo en el cuerpo y era mi primera crisis. Lo primero que recordé es haber sido violada por un cura que se llama Héctor Ricardo Giménez. Lo busque por internet si había alguna noticia y lamentablemente así fue. Encontré denuncias del año ’96, de unas mamas en Magdalena y fue todo muy rápido. Empecé a averiguar si podía denunciar penalmente sentía la necesidad de hacerlo. Todos me decían que la causa estaba prescripta. Habían pasado más de veinte años. Así que organizamos escraches. Uno en la capilla y otro en la puerta de su casa. Y gracias a periodistas que cubrieron el escrache, la fiscalía me llamaron para poder denunciar. Aunque esta prescripta la causa. Vive lejos de donde celebra las misas, pero lo que mas miedo me dio es que vive enfrente a una canchita de futbol. Y además ese día de protesta nos enteramos que los vecinos no sabían que era sacerdote. Eso nos dio escalofríos. Muchos vecinos se sorprendieron por no saber. Y otros les da lastima porque se ve como un abuelito mas del barrio. Y lo protegen. Dicen que ya hace muchos años que pasó. Como no lo denunciaste antes. Surgen las típicas frases. Muchas personas me preguntan porque no lo denuncie antes y yo respondo, porque no pude. Antes porque era niña no sabia que estaba pasando, cuando mis padres quisieron estaba la causa prescripta y después me casé, tuve hijos. Y ahora si lo quiero denunciar por eso hice y hago lo que estoy haciendo. Porque sigue vivo, porque además desde que Sali en tv surgieron otras personas que les ha pasado lo mismo con esta misma persona. Hombres, mujeres, adultos. Desde el año ’60 que él viene haciendo esto. Y lamentablemente las personas no se animan a denunciar porque son adultos mayores ya y ni siquiera sus propias familias saben lo sucedido, nada más y nada menos que victimas de abuso por este sacerdote.

-¿Crees que es posible el perdón?

Es difícil esa pregunta. ¡No! a mi no me alcanza el perdón y yo no perdono. Sigo perteneciendo a la religión católica, pero bajo ningún punto de vista.

Mi nombre es Sebastián, tengo 40 años y estoy acá porque cuando tenia trece años sufrí el delito de abuso sexual y también estoy acá porque como adulto luche durante años en búsqueda de justicia y reparación por aquella injusticia en mi infancia.

-¿Cómo fue ese proceso?

A los trece sufrí el delito cuando estaba terminando el colegio primario. En el colegio marianista de caballito. Mi agresor era un religioso, docente del colegio. Otros chicos de mí misma edad, también sufrieron la misma agresión por parte de este hombre. Los primeros diez años, no pude poner en palabras lo que sucedía por lo ende no pude pedir ayuda a ningún adulto, ni a mi familia, ni a nadie del colegio. Fueron pasando los años, fui tomando distancia objetiva, física del universo, de aquel pequeño mundillo donde todo esto había ocurrido, mi vida empezó a transitar por otros carriles de trabajo, de estudio y creo que todo eso, en conjunto, me llevo diez años después verme a mi mismo pudiendo hablar de lo que me había pasado, compartirlo con otro que en mi caso fue un amigo, ex compañero de aquel colegio. Que rápidamente me hizo sentir que lo que le estaba contando era algo grave y delicado. Encontrarme con una persona que me creyó, que pensó que lo que le contaba era algo serio, doloroso. Nos emocionamos juntos y creo que compartirlo fue lo que me alentó e impulsó a poder seguir compartiéndolo, poniéndolo en palabras.  Ya mayor, pude hacer una denuncia en el año 2000, que originó una causa penal que la luche durante 12 años, hasta que finalmente en el 2012 pude tener un juicio oral y publico por aquellos abusos de mi infancia. Más de 20 años de haberlo sufrido, en lo cual mi abusador fue juzgado y condenado por corrupción de menores, calificada reiterada. Yo era un púber, un muchacho futbolero hincha de San Lorenzo de Almagro que tiene como uno de sus máximos ídolos a Héctor “Bambino” Veira, que, en esos momentos, cuando me toca sufrir esos abusos a los 13 años, 1989-1990, este personaje cumplía una condena judicial por corrupción de un niño. Y como era en el mismo momento que yo sufría los abusos iba a las canchas de futbol a hinchar por el ciclón, alrededor míos miles de personas adultas, en su mayoría varones cantaban canciones reivindicando al victimario y burlándose de la victima que era un niño. Que los medios de prensa habían hecho trascender su identidad. Esta experiencia personal de estar en una cancha y sentir a mi alrededor esas personas adultas, muy lejos de saber comprenderme o ayudarme por lo que estaba pasando, mas bien me iban a destruir. Me marcó muchísimo. Fue algo que me hizo sentir claramente que la sociedad que me rodeaba era cualquier cosa menos protectora. Es muy injusto y al mismo tiempo muy compleja. En mi caso, la cultura en la cual yo había sido formado en aquel colegio marianista que hasta los ’80 era exclusivamente de varones, donde imperaba con mucha fuerza la cultura machista y violenta, autoritaria, en la cual ser varón y ser vulnerable o sufrir agresiones era una especie de mérito, en ese contexto lo último que podía ser un varón era ser sensible o demostrar vulnerabilidad, por el contrario era mas bien como que todos tratábamos de jugar a satisfacer el estereotipo del hombre que sufre y no llora, que no exterioriza sentimientos, que no comparte sensaciones, que se hace a los golpes, que la letra con sangre entra. Todo un contexto muy similar aquel que me tocaba sufrir como hincha de futbol. Eso me hizo sobrellevar la adolescencia de manera muy triste, sin poder poner en palabras esta herida. Los varones que hemos sufrido abusos somos millones, sin embargo, es muy difícil que salgamos a poner en la escena publica a contribuir con nuestras experiencias esta injusticia. Evidentemente todo el peso de toda esta cultura no es retórica, no es cuento.

 

Link al video completo: La voz propia, de Valeria Sartori from Valeria S. on Vimeo.

Azul Profundo

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