La antropóloga e intelectual feminista argentina Rita Segato ha planteado que “el mundo de hoy es un mundo marcado por la dueñidad o el señorío”, que ella define como “potencia”, “señorío sobre el cuerpo”, “las cosas”, “los bienes” y “la tierra” y podemos agregar, por qué no, sobre las vidas de mujeres y niñas. La dueñidad sería “una nueva forma de señorío resultante de la aceleración, de la concentración y de la expansión de una esfera de control de la vida (…)
Por Mónica Novillo G.*
Esta noción se presenta una y otra vez en las expresiones de violencia contra las mujeres. La violencia utilizada como mecanismo de disciplinamiento de las mujeres, que se enmarca en lo que Segato denomina “pedagogía de la crueldad”, que tiene como propósito “reprogramar”, “entrenar”, para ver la vida humana como ‘cosa’, como instrumento”.
Resultan ilustrativas de esta lógica y sentido de propiedad de los hombres dos hechos de violencia recientes que han recibido amplia atención por parte de los medios de comunicación. El primero, un par de mujeres jóvenes, que denunciaron haber vivido violencia por más de quince años, por su propio padre, quien, dentro del proceso de divorcio por ejercer violencia contra su esposa, fue favorecido con la tenencia de las niñas, como resultado de una inadecuada valoración del contexto de violencia. El padre ejerció violencia física y psicológica contra las niñas, restringió su libertad y las mantuvo encerradas. Finalmente, el día de ayer, se anunció que el padre agresor ha sido detenido preventivamente en el penal de San Pedro de La Paz sindicado de graves hechos de violencia.
El segundo caso, corresponde al feminicidio ocurrido en la ciudad de Santa Cruz el pasado domingo, a plena luz del día en las puertas de un supermercado. El feminicida atacó a la mujer con un cuchillo carnicero recién comprado en presencia de mucha gente. En ambos casos, es el hombre quien se siente investido de la autoridad para definir sobre el destino de las mujeres, en un caso, de “sus” hijas y, en el otro, de la mujer que decide cortar con la relación violenta.
En ambos casos, el sistema estatal en su conjunto falló en ofrecer seguridad a las mujeres y asegurar el derecho a vivir libres de violencia, no habiendo activado los mecanismos para evaluar adecuadamente el contexto violento y no activar mecanismos de protección, aún cuando se hubiera expresado temor por su vida. Las organizaciones feministas nuevamente se declaran alertas, demandando acciones concretas y señales de voluntad política para avanzar en la lucha frontal contra la violencia hacia las mujeres.
DESDE EL CUARTO PROPIO
(*) Feminista y comunicadora social
monicanovillo@yahoo.com
¿Qué dice Rita Segato en este concepto mencionado?
Un mundo de dueños
La antropóloga Rita Segato fue una de las figuras centrales del Seminario-Taller “Mujeres y Ciudad: (In) Justicias Territoriales”, desarrollado el 4 y 5 de mayo en la FFyH. En diálogo con Alfilo, explica cómo la concentración de la riqueza, la desigualdad social, el giro en la política, la debilidad de los Estados y la masculinidad patriarcal se relacionan de manera directa con la violencia hacia las mujeres. “Los señores con poder son también los dueños de la vida y de la muerte”, alerta.
Rita Segato se ha convertido en una voz ineludible dentro del campo feminista y las luchas de género. Conceptos como la pedagogía de la crueldad y su análisis crítico sobre las distintas violencias sexuales, resultan fundamentales a la hora de comprender un síntoma de época, que no cesa de apuntar con saña sobre el cuerpo y la vida de las mujeres.
Recién llegada a Córdoba, el día previo a su conferencia, tiene planificada más de cinco entrevistas. Con la paciencia de una maestra, Segato escucha y responde cada una de las inquietudes planteadas por las mujeres de cada medio. Está convencida, además, sobre la necesidad de pensar y reflexionar sobre el estado del mundo actual, para hallar con sensatez algunas posibles respuestas.
- ¿Qué está pasando en Argentina que cada 18 horas muere una mujer por la violencia machista?
Yo creo que se trata de un síntoma de un tiempo y de una realidad de aspectos de la vida de hoy que, infelizmente, los feminismos hemos considerado como distantes de la vida de las mujeres. Uno de los problemas del activismo y del movimiento feminista actual ha sido guetificar el tema de la mujer y separarlos del tema de las mujeres, cuando no lo son.
Hoy el mundo es un mundo de dueños. Es un mundo que si hablamos de desigualdad nos quedamos cortos. La palabra adecuada sería “dueñidad”. Y la dueñidad resulta como consecuencia de dos aspectos: Uno de ellos es el grado de concentración de la riqueza.
Los últimos estudios de Oxfman han dado cuenta que ocho personas en el mundo poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de toda la humanidad. Este informe, presentado en el último Foro Económico Mundial de Davos, se basa en el estudio de las cuentas bancarias y sociedades offshore que existen en el mundo. Esto significa que actualmente existen menos de 10 personas con una riqueza y un poder de compra tan grande que producen necesariamente la falencia de las instituciones. Incluso esta realidad nos lleva a pensar en la ficcionalidad de las instituciones, confirmado una vieja sospecha que es pensar en la ficcionalidad del Estado. Porque estos grandes dueños, estos “señores con poder” son también los señores dueños de la vida y de la muerte. Poseen tanto poderío y concentración de la riqueza que se convierten a su vez en los señores con la posibilidad de la vida y de la muerte.

El otro aspecto es cómo cambió en el mundo de la política. Quizás el cambio los podemos establecer con el ex presidente de Estados Unidos George W Bush (hijo). A partir de su presidencia, la tendencia en el mundo comenzó a ser que los grandes dueños de la riqueza empiezan a tener sus representantes directos en la política o ellos mismo se transformen en políticos, en presidentes. Entonces, este hecho ha provocado un giro demasiado grande en lo que significa hoy el Estado y las instituciones. En este nuevo escenario, el gran teatro de sombras institucional ha mostrado sus verdaderos operadores. Los operadores ahora han perdido el miedo de ingresar al primer plano de la escena política y comienzan a mostrarse.
- Lo estamos viendo en Argentina y en otros países de la región.
Sí. No sólo en Argentina. Esto también ha sucedido en Brasil, con el golpe destituyente a Dilma. El Congreso de la Nación de Brasil está conformado por personas que son socios del agronegocio. Entonces el Estado ha transformado totalmente su escena. Y esa transformación la traslada también a la escena doméstica y visual. Desde Macri, en Argentina, pasando también por Temer, en Brasil, podemos ver que la escena presidencial es una escena de poder. De un poder de hombres.
- ¿Qué podemos hacer para generar transformaciones?
En primer lugar creo que no debemos llegar a conclusiones simplistas. Creo que tampoco podemos replicar discursos beligerantes. Esto de pensar que si los hombres machistas son violentos, nosotras también debemos serlo. A mí me parece que debemos transformar la sociedad como un todo. Pienso que nuestro primer objetivo es que el discurso feminista llegue a los hombres. Pero de ninguna manera debe ser un discurso agresivo ni beligerante. Debe ser un discurso donde le ofrezcamos a los hombres violentos lo que ellos no tienen: un espejo de la reina mala. Es decir, un discurso donde el hombre pueda comprender todo el sufrimiento y el daño que causa un mandato patriarcal de masculinidad.
En América Latina somos vinculares
- ¿Por qué en algunos espacios feministas todavía cuesta tanto hablar sobre vínculos basados en el amor y el respeto?
Porque dentro de muchos movimientos feministas también existen grupos de poder. Hay varios tipos de feminismos. Hay feminismos muy poco femeninos. Y porque el discurso hegemónico que impera también es el discurso masculino de poder: “Yo puedo más. Yo soy más fuerte”.

Hace muy poco, conversando con algunas amigas españolas,veíamos cómo es muy diferente el proyecto de felicidad de algunos países europeos con otros de América Latina. La mujer europea, por ejemplo, coloca como máximo valor de felicidad a la independencia. Cuando nosotras, las latinoamericanas, buscamos mucho más la interdependencia. Muchas veces nos identificamos con proyectos de felicidad o de bienestar que no son realmente los nuestros.Yo no quiero ser una persona que no necesite de nadie. En el mundo europeo el valor del individualismo está exacerbado. Y ha impuesto demasiadas fracturas. ¡Esos valores no son los nuestros! Yo de verdad deseo que alguien me necesite. La soledad es un horror.
En América Latina somos vinculares. Este suelo históricamente ha promovido las relaciones de vincularidad. Incluso uno de los mayores logros de los movimientos feministas es haber producido vínculos entre mujeres, cuando la modernidad impuso fracturas e individualismos. Tenemos que volver a pensar a partir de lo que nos gusta a nosotras. De nuestros intereses.
En Argentina y Uruguay existen muchos feminismos eurocéntricos. Muy diferentes son los feminismos que han surgido en América Central, que fueron formados por mujeres que, por lo general, bajaron de las montañas.
En Argentina, las mujeres feministas de mi generación provienen de las universidades. Y la universidad en Argentina es una institución eurocéntrica. Aprendió su feminismo de la cartilla Europea, pero en Europa los feminismos son institucionales porque han logrado verdaderas transformaciones a través del Estado.
En Argentina todavía no. Nuestro Estado nacional es republicano y criollo. Y para mí decir criollo es una mala palabra, un insulto, porque esa república fundada por el criollo encierra una enorme base racista, misógina, homofóbica, maligna, que se asemeja mucho más a los intereses del colonizador que al colonizado. Esa república criolla fundó un Estado con una relación de exterioridad que funciona en contra de lo que el propio Estado tiene que administrar para sus ciudadanos.

Los que tenían un proyectos diferente, emancipador; los Belgrano, los Moreno,los Castelli fueron derrotados por esos criollos. Es por ello que nuestra relación con el Estado todavía hoy es ajena. No es propia. Para el ciudadano común el Estado es un enemigo. No logramos apropiarnos ni sentirnos parte. Y desde nuestra fundación existe todo ese caldo de cultivo de violencia.Y hasta aquí llegamos.
- Y cómo seguimos
No seguimos. Tenemos primero que ver todo esto.Tenemos que comprender nuestro proceso colonial. Sin comprender ese proceso, no vamos a erradicar la violencia contra las mujeres. Estas transformaciones no son de fondo. Se encuentran en la superficie. Sucede que la gente no quiere pensar. Muchas porque saben que pensar es peligroso y otras, porque simplemente les da pereza.
Tenemos que cambiar los mandatos de masculinidad, basados en la pedagogía de la crueldad. Me parece que estamos en una fase del capitalismo al que le interesa tener sujetos no sensibles, sin empatía. Y esta etapa, donde el enriquecimiento y la concentración se dan por despojo, donde el mercado es global; donde lo que prima es la negación de lo local, de la propia empatía, lo que impera esa pedagogía de la crueldad porque resulta funcional a esta fase el capital económico. Tenemos que pensar entonces en transformar a la sociedad; en generar nuevos vínculos, en recuperar las relaciones interpersonales, en la interdependencia. Debemos generar nuevas formas de empatías y sensibilidades más humanas. (Al filo)