El 18 de diciembre del 2013, la Asamblea General de la ONU sostuvo una reunión en la que evaluó el Plan de Acción Mundial, donde los países participantes adoptaron la resolución A/RES/68/192 designando el 30 de julio como el “Día Mundial contra la Trata”. En dicha resolución se señala que los países se comprometen a combatir y ponerle fin a esta anomalía, así como proteger los derechos de las personas que son afectadas por esta amenaza contra la libertad y dignidad humana. Estos actos de responsabilidad humana dieron lugar al establecimiento de un Fondo Voluntario Fiduciario, el cual facilita la asistencia y la protección efectivas y directas a las víctimas de la trata mediante las subvenciones a organizaciones no gubernamentales especializadas.
Por Lic. Natalia Voragini Weth
nattivw@hotmail.com
En septiembre del 2015 los países participantes, aprobaron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, (un plan de acción a favor de las personas, el planeta y la prosperidad, que también tiene la intención de fortalecer la paz universal y el acceso a la justicia), determinando que se tomarían actos pertinentes para cumplir con los objetivos contra la lucha de la trata, además de retomar temas generales como la violencia contra las mujeres y niños y niñas.
Todo el mundo está afectado por la trata, ya sea como país de origen, tránsito o destino de las víctimas. Los traficantes siguen amenazando principalmente a mujeres y niñas. La gran mayoría de las víctimas con fines de explotación sexual y el 35 por ciento de las víctimas con fines de trabajo forzoso son mujeres.
En el año 2008 Argentina se sancionó la ley 26.364 contra la trata de personas. Se crearon organismos especializados en diversos ámbitos del estado nacional y provincial. Y se creó un programa que cuenta con la línea 145 de atención telefónica nacional, gratuita y anónima, a la que cualquier persona puede llamar para denunciar un posible caso de trata de personas.
En el rescate de personas víctimas de trata se encuentra un número elevado de mujeres a las que son explotadas sexualmente, entendiéndose a la prostitución como aquella situación que “pone al descubierto un concepto de sexualidad que privilegia la gratificación masculina y sexual masculino y de que las mujeres son propiedad de los hombres, son las que definen la sexualidad masculina y caracterizan las relaciones dadas entre la mujer en situación de prostitución y el prostituyente. Un referente abolicionista feminista, Sonia Sánchez, quien fue víctima de explotación y tortura, aporta su propia definición de prostitución, a partir de sus vivencias, donde la define como un “campo de concentración a cielo abierto”, es decir, como el territorio de explotación de las mujeres en situación de prostitución. Aquí agrega que, “los cuerpos no sólo son el campo de acción directa de torturas físicas, sino que, además, son psicológicas. Por ello, el 90% de las mujeres en situación de prostitución terminan alcohólicas, empastilladas, inducidas al suicidio, o asesinadas”.
Nada tiene que ver la explotación sexual con la libertad sexual, contemplada por los derechos sexuales, ya que no es compatible con los demás principios que se encuentran dentro de éstos. En estas prácticas las relaciones se dan desde un plano desigual de poder, de dominación masculina y sometimiento femenino, que reduce a las mujeres a mercancía.
“Muchas mujeres que ejercen la prostitución han declarado que cuando lo hacen, se desdoblan, se construyen una coraza interna para no involucrarse con el hecho, o asumen otra identidad ante sí y ante los demás” (Quintanilla Zapata, 2003, p.74). Esto refleja que hay un quiebre entre la actividad corpórea y el deseo anímico, por tanto, la idea de que la mujer puede desvincular sus emociones o pensamientos en el momento de la práctica sin ser afectada es cuestionable, dado que, tanto éstos como su cuerpo siguen presentes durante y después de lo acontecido.
Según Sonia Sánchez, en la prostitución “el mecanismo de este sistema (patriarcal capitalista) organizado es un círculo perfecto, desde su lenguaje y cultura, que promueve el femicidio y sostiene la vulnerabilidad de las mujeres, en especial, de las pobres” (2018, p. 51). Es en esta normalización violenta de las que ellas son sus actoras principales y nosotras y nosotros como sociedad somos cómplices directas/os por acción u omisión de ello.
La erradicación de la trata de personas es un asunto que presenta un sinnúmero de desafíos y metas por alcanzar. Como contar con Políticas Públicas de erradicación de la prostitución, inserción laboral de personas en situación de explotación sexual, garantizar mayores controles en talleres, campos, industrias, comercios, donde su personal es considerado como mercancía de uso y desuso de acuerdo a sus producciones.
Para detener la trata es necesario detener al que la consume, ya sea al hombre que consume cuerpos de mujeres como objetos, como la sociedad que hace oídos sordos a los talleres ocultos en los barrios, o de quienes compran productos de ciertas marcas que ya han sido denunciadas por “emplear” a personas de manera ilegal, en pésimas condiciones, indocumentados, sin beneficios ni salarios dignos.
¡Prostitución no es Trabajo!
#ProstituciónESViolencia
#SeTrataDeNoALaTrata
Línea gratuita para denunciar trata de personas
