El Jefe de Gabinete de ministras y ministros, Santiago Cafiero y la ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación, Elizabeth Gómez Alcorta presentan el Plan Nacional de Igualdad en la Diversidad (2021- 2023), desde el Museo del Bicentenario de Casa de Gobierno.
Prólogo
(Descargar Plan en Portada)

Considerar a la política pública como la herramienta de transformación social por excelencia permite comprender que es responsabilidad de quienes representamos al Estado garantizar que las instituciones generen respuestas integrales y transversales a los problemas que aquejan a la sociedad en su conjunto.
La creación del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad -en adelante MMGyD-, como resultado de la convergencia entre las luchas históricas de los movimientos feministas y de la diversidad, y de la decisión política del gobierno de Alberto Fernández y Cristina Fernández de jerarquizar y priorizar las acciones para erradicar las desigualdades y violencias por motivos de género, marcó un antes y un después en el abordaje de estas problemáticas.
La inclusión de esta cartera en el organigrama nacional constituye un hito fundamental en la institucionalización de políticas de Estado con perspectiva de género y diversidad. La principal tarea del MMGyD es construir los instrumentos necesarios para abordar esta temática de manera seria y eficaz, y consolidar bases sólidas que trasciendan las gestiones.
Es bajo este marco que, así como en el 2020 elaboramos el Plan Nacional de Acción contra las Violencias por motivos de género 2020-2022, hoy ponemos en marcha el primer Plan Nacional de Igualdad en la Diversidad del país. Nuevamente, el enfoque adoptado es interseccional, federal y participativo. Como sabemos, la contracara de la violencia de género es la desigualdad, por lo que abordar ambas problemáticas sin considerar la relación intrínseca que las retroalimenta significa llevar a cabo acciones parciales, y, por tanto, insuficientes.
La división sexual del trabajo que prefigura roles, espacios y funciones diferenciadas según los géneros, produce privilegios para algunos en detrimento de otras y otres. El menor acceso a los recursos debido a los espacios limitados que se asignan según el género, determinan una situación de privación en diferentes ámbitos, lo que posibilita que se acentúen las violencias por motivos de género. De este modo, entre muchos otros efectos, se generan techos y paredes de cristal, feminización de tareas y actividades económicas (que suelen coincidir con las peor remuneradas), brechas de género, sobrecarga y desigual distribución de las tareas de cuidado y feminización de la pobreza. A su vez, el impacto de las violencias y desigualdades de género se ve incrementado por razones de clase, pertenencia étnica, religión, nacionalidad, edad, identidad de género, orientación sexual y discapacidad, lo que implica una mayor vulneración de derechos.
La doble jornada laboral, relacionada con la invisibilidad de las tareas de cuidado, es parte de ese proceso, así como también lo es la falta de tiempo libre que se transforma en un limitante en torno a las posibilidades de desarrollo tanto personal como laboral y profesional. Este cúmulo de situaciones derivan, muchas veces, en la necesidad de las personas afectadas por la desigualdad de aceptar trabajos más flexibles, peor pagos y precarizados. La sobrecarga de obligaciones genera un impacto negativo en la salud, en el desarrollo laboral profesional, en el descanso, en la formación y en la posibilidad de participación en ámbitos por fuera del hogar… Seguir leyendo