Difícil hablar sobre música de raíces, sin referirse a Lila Downs. Nacida en Oaxaca (México), sus años de formación los pasó en Estados Unidos donde bebió del rock, el blues, el jazz. Se escapó con los Grateful Dead durante dos años y luego regresó a los orígenes, a las canciones de Lucha Reyes y de Chavela Vargas. Entre estos dos universos creó una de las más sugestivas propuestas musicales de los últimos años. Aquí hay de todo, sones, rancheras, blues, rock, cumbia, jazz, bolero. Se presentó en Antigua Guatemala.

Por Lucía Escobar
En la pantalla de mi computadora se encuentra Lila Downs sin maquillaje, sin trenzas, sin un rebozo de colores, puntual y sonriente en lo que parece ser un cuarto de hotel o un lugar de ensayos. Faltan pocos días para su primera presentación artística en Guatemala donde tendrá como escenario nada menos que la Ermita de la Santa Cruz en Antigua Guatemala, el lugar ideal para que Downs despliegue esa riqueza cultural que presume llevar en su haber.
Ana Lila Downs Sánchez, como fue inscrita en algún lugar de Oaxaca, México, en el año 1968, es hija de una cantante mixteca y un profesor de cine medio gringo, medio escocés. Vivir entre esos dos mundos, aparentemente dispares, le causó algunos conflictos de adolescente, una confusión que luego convirtió en el éxito de su carrera: la fusión.
En los ochenta se escapó con el mítico grupo Grateful Dead y con ellos recorrió Estados Unidos durante dos años. Estudió antropología y las culturas indígenas de México, especializándose en los textiles. De ahí que no sea la primera vez que Lila Downs se encuentra en Guatemala. Entre los lugares que recuerda están Todos Santos Cuchumatanes, Nebaj y Chichicastenango.
La artista mexicana empezó su carrera musical como vocalista de un grupo de percusión llamado Los Cadetes de Yodoyuxi, luego se integró a la banda La Trova Serrana y finalmente en 1994 inició su carrera como solista con el álbum Ofrenda. Desde esos días para acá, ha grabado más de una decena de discos en ritmos que van desde ranchera, jazz, bolero, blues, sones tradicionales, rock, folk, norteño, cumbia y hiphop. Downs ha compartido el escenario con cantantes tan dispares como Chavela Vargas, Enrique Bunbury, Mercedes Soca, Rubén Albarrán (Café Tacvba), Celso Piña y los Illiya Kuryaki & The Valderramas. Tiene canciones en idioma español, inglés, mixteco, zapoteco, maya, y hasta en purépecha y náhuatl.
Ha sido dos veces ganadora de un Grammy Latino y obtuvo un Oscar por su participación en la película Frida junto a Salma Hayek. Su música ha sido soundtrack de varías películas.
Durante 22 minutos, la tuvimos vía skype para platicar:
¿Qué sentimiento marcó tu infancia y adolescencia?
-Creo que la confusión. Desde que era muy pequeña entendía que tenía raíces diferentes, era diferente, y percibía un mundo al que le faltaban algunas cuantas cosas.
Reivindicas tus raíces mexicanas,pero tu lado “gringo”, ¿cómo lo llevas?
-Al principio yo rechazaba mi raíz indígena porque no entendía cómo expresarla. En mi comunidad siempre se trataba de salir de esa realidad, aunque estábamos siempre empapados de la cultura mixteca, de la cual yo provengo. El mexicano nacional se encuentra en un dilema: al mismo tiempo que expresa sus raíces de formas cotidianas con su música, con lo que escribe, con lo que come; también lo niega. Eso fue una constante, por lo tanto yo, me identifiqué primero con la cultura anglosajona porque decía “esta es aceptable” y me fui dando cuenta de que existía una contradicción muy fuerte, en mí de primero y en mi sociedad. Por eso sigue siendo muy importante cantar sobre estos temas.
Sos una mujer muy activa, compositora, intérprete, cantante, productora, antropóloga, actriz. ¿En qué papel te sentís más cómoda?
-No me gusta clasificarme porque soy un ser humano con sensibilidad, ideas, proyectos, sueños. Y creo que estas definiciones que mencionas son herramientas para poder componer, crear y de esa manera uno puede expresar los deseos, los proyectos. Cuando era adolescente sentía mucho coraje, mucho enojo porque me sentía invisible de cierta manera y yo creo que el arte ha permitido que poco a poco me vaya sintiendo menos invisible en este gran universo en el que existo.
En ese proceso de no ser invisible te han llenado de etiquetas: controversial, socialmente comprometida, inconformista, combativa. ¿Es difícil mantener tanta expectativa?
-Una es como cualquier otro ser humano con debilidades e imperfecciones. Lo importante es siempre recordar la humildad porque una de las cosas maravillosas, de las lecciones más grandes de la sabiduría ancestral indígena, es eso; es ser nobles con el entorno, con la naturaleza que convive contigo a diario, que te ha dado la vida. Es siempre recordar todas las cosas que se van haciendo complejas porque los seres humanos somos bien complejos, especialmente los indígenas. Mi abuela siempre me recordaba eso: “Ay hija, con que tengas un lecho dónde dormir y tengas una cuevita”. Recordar esa sencillez, eso es lo que me da fuerza para seguir adelante.
¿Cómo ser una artista políticamente comprometida sin caer en ser políticamente correcta o aburrida?
-(Risas) Espero no ser aburrida. Es eso, es siempre buscar la felicidad en lo que uno hace, que te provoque la risa, que te haga sentir, ¡que nunca deje de hacerte sentir! Para mí, eso es bien importante. A veces me causa problemas tener tanta sensibilidad a flor de piel, pero creo que también hace mucho bien porque así estoy constantemente buscando algo nuevo qué decir.
Hablando de esa sensibilidad a flor de piel que nos acompaña a las mujeres, ¿qué significan Chavela Vargas y Frida Kalho en tu vida?
-Son mujeres que en algún momento me han ayudado a entenderme a mí misma. A Frida Kalho la conocí hasta que fui a la universidad cuando estudiaba el textil indígena. Entonces supe que era la esposa del gran Diego Rivera. Pero a Frida no la habían tratado mucho en mi educación cuando yo era chavita. Me sorprendió que venía de culturas también mixtas: por la parte de la madre, indígena; por la parte del padre, extranjero y pintor. Encontré una similitud en la visión, en sus pinturas que me llenaron de preguntas y de orgullo. Eran contradicciones que yo también sentía. De cierta manera, su androginia era muy atractiva en algún momento. Conocerla me sacó de un entorno que era limitante en mi comunidad.
Y a Chavela Vargas sí tuve el privilegio de conocerla, ella fue una gran influencia también por su actitud ante la vida. Y darme cuenta que tenía mucho en común con ella, aunque ella es tan diferente en muchos sentidos, respecto a la sexualidad, por ejemplo. Admiro y respeto mucho su constancia en ser guerrera en el escenario. Tuve la fortuna de conocerla y compartir risas y escenario con ella.
¿Sos feminista?
-Yo no sería lo que soy sin el feminismo, ninguna mujer de mi generación sería lo que es sin las feministas. Entiendo que hay temor a ese término porque hay mucha gente que lo interpreta como una afrenta, pero el feminismo simplemente representa un cambio social drástico en el que se nos da muchas oportunidades a las mujeres.
¿La presentación será tu primera vez en Guatemala?
-Es la primera vez como artista, conozco La Antigua y la ciudad de Guatemala porque adoro el textil indígena y hace años tuve el honor de visitarlos.
¿Qué sabes de lo que sucede en el país?
-Sé muy poco de lo que pasa ahora, sé que en Guatemala tuvieron problemas bastante profundos con respecto a las relaciones sociales y económicas de diferentes grupos y que tuvieron épocas de mucha violencia y de desaparecidos. Entonces creo que tenemos mucho en común. El sur de México es más parecido al mundo maya que el norte. Yo vengo de una comunidad en donde conviven indígenas autónomos respecto a su cosmovisión y su realidad lingüística y que comparten con los mayas la belleza de los güipiles que plasman la historia y la realidad de las mujeres. Así que me va a encantar compartir el escenario con los músicos y contarles un poco las anécdotas y los temas que estaremos cantando. Muchos tienen que ver con el maíz, con los caudillos de la revoluciones sociales, con Latinoamérica y las realidades encontradas que llevamos en el sur y Centroamérica.
Me da curiosidad saber si tenés algún güipil guatemalteco.
-Tengo muchos güipiles guatemaltecos, conozco un poco las comunidades de Nebaj, de Todos Santos, Chichicastenango y bueno, estaremos también ahí de compras.
¿Qué puede esperar el público de tu presentación? ¿Un recorrido por tu carrera musical o lo nuevo?
-Un poco las dos cosas. Nos gusta tomar en cuenta el entorno cultural a donde vamos. Tocaremos los temas que conocemos en toda Latinoamérica como La llorona, quizá las de La Sandunga, temas mas recientes de nuestros disco Pecados y Milagros que alude a esta noción de la moralidad en Latinoamérica, que no es solo una realidad y un espectro bastante grande aquí en México donde se lidia con esa dualidad de pecados y milagros en nuestro diario vivir y hace alusión a los santos, porque en el sur de México también cargamos nuestros santos en los días del santo patrón y creemos en los milagros de la vida.
¿Qué sueños te faltan por cumplir?
-Me faltan muchas cosas; poder decir cosas sobre mis raíces, sobre estos lugares que me han inspirado tanto como el entorno rural. Creo que en las ciudades estamos ávidos y queremos escuchar más de estos puentes de comunidades que tienen visiones distintas. Pronto vamos a comenzar a componer unos boleros y alguna música que tenga que ver con la intimidad, con los momentos de reflexión sobre el amor, eso me interesa ahora mucho.
Fuente: El periódico