La polémica absolución de todos los acusados por el secuestro y desaparición deMarita Verón reforzó el debate público por la violencia de género, que culminó este año con la sanción del Congreso de la Ley de Trata. La diputada nacional Claudia Giaccone (FpV-PJ) integra la Corriente Nacional de la Militancia, que repudió el fallo de la Justicia tucumana.

 
Junto a un grupo de legisladoras, la diputada santafesina sostuvo que esa sentencia constituyó “una flagrante burla a los más de 10 años de lucha e investigación sobre el secuestro, prostitución, venta y desaparición de Marita, a la vez que es un aliciente a las redes de trata de personas”.
 En esta charla , un repaso por el avance de las políticas de género, el rol de la mujer en la vida pública y los desafíos en la lucha contra los “patrones culturales”. “Hay que llegar a que la sanción sea del público”, convoca Giaccone, aunque aclara que, hoy, la violencia de género “es una cuestión de salud pública”.
 – ¿Qué rol ocupa hoy la mujer en la política argentina?
 – Hoy es indiscutido el rol en equidad que tiene la mujer, que se lo ha ganado con mucho esfuerzo. Eso siempre lo decimos: nada de lo que hemos conseguido ha sido otorgado alegremente. Creo que la gran militancia de las mujeres en los ámbitos tanto feministas, temáticos y sectoriales como en la militancia política en general, ha sido de una lucha, esfuerzo, presencia y trabajo muy fuerte, y hoy tiene la imagen de nuestra Presidenta, que es lo que simboliza más fuertemente esta presencia. Y lo que ha permitido como discriminación positiva, si se puede llamar así, la Ley de Cupo, que ha permitido la llegada de muchas mujeres que realmente han demostrado poder llevar adelante una agenda muy ligada a la agenda jerarquizada que tenía el género, demuestran en este país lo que ha sido esa militancia.
 – ¿Por qué?
 – Porque hoy, en comparación en Latinoamérica, Argentina está realmente por lejos encima de todas las normas en equidad de género, y ni hablar la última, que es la de identidad de género, que nos pone a la vanguardia con los primeros países del norte europeo, que brindan una situación de equidad muy fuerte, de inclusión de la diversidad que tenemos que celebrar, y que demuestra la gran convicción y consistencia que tenía esta presencia femenina, y que difícilmente retroceda. Nosotros vemos en la Cámara de Diputados el nivel de jerarquización que hay en nuestro bloque. Por ejemplo: en general, si nombro a las que tengo alrededor han sido todas ministras en sus provincias. En un municipio, la sorpresa es que la mayor parte de los secretarios de los gabinetes son mujeres, y los intendentes dicen que es muy bueno el trabajo en equipo. Valorizan eso, que no va a retroceder en nuestro país.
 – También se debe a que en el peronismo hubo una figura como Evita…
 – No es casual que ni Evita ni Cristina sean peronistas, ni que las diera el peronismo, si bien la batalla cultural del feminismo y de la agenda de género se las lleva la izquierda y el feminismo fuera del proyecto político nacional y popular. Lo que tenemos que reivindicar como peronistas es que Evita, sin considerarse una feminista, ha sido la que ha hecho una revolución en las concreciones, en la incorporación de derechos concretos: el derecho político, sobre todo al voto, y lo que ha significado su discurso. Pensar que en ese momento el Partido Peronista Femenino incorpora mujeres a las listas, por primera vez en la Cámara de Diputados de la Nación había 23 legisladoras nacionales y seis senadoras nacionales por imposición de Evita en las listas del peronismo. Las únicas legisladoras eran peronistas en ese momento. Ni hablar de lo que era en ese momento plantear el salario para la ama de casa. Si hoy cuesta entenderlo… Gracia s Dios, y con mucha alegría, nosotros lo vemos concretado hoy con la jubilación del ama de casa, la empleada doméstica, la mujer que trabajaba afuera y a la que nunca se le hizo un aporte. Que tuviera su jubilación era lo que quería Evita: una remuneración a un trabajo invisibilizado que es de todos los días.
 – Cuando en algunos medios y programas se cosifica a la mujer, ¿no es violencia de género?
 – Claro. Nosotros tenemos una ley nacional que es por la que estamos peleando, que es de avanzada en el tema, porque ve las distintas modalidades y tipos de violencia que hay: la psicológica, la patrimonial, la física, y sus modalidades, en el ámbito laboral, mediático, doméstico, institucional, obstétrico. Hoy es considerado violencia en el ámbito de un matrimonio una relación sexual por la fuerza del marido a su esposa, o en un noviazgo. Hemos avanzado muchísimo en la legislación, y todo es una cuestión de concientización, porque a veces forma parte de los mismos patrones culturales por los que se acusa a la mujer de exponerse, que hacen que eso no esté mal visto, que dé rating y laburo. Nosotros queremos romper con los patrones culturales, y para eso hay que dejar de naturalizar un rol que te viene dado desde que naciste. Con todo eso trabajos también. Los tipos de violencia son muchos, y mucho nos falta, porque la violencia psicológica es tremenda, a veces golpea mucho más que la física, es la que no se percibe y luego impide a una mujer llevar una vida plena. Todavía nos falta muchísimo capacitar para, primero, ir a denunciar sin que se te rían; y, luego, tener una legislación que ya lo plantee y que nos vaya sensibilizando. Sensibilizar significa difundir que estos derechos existen, que están garantizados por la ley, que es lo que hacemos generalmente cuado vamos pueblo por pueblo, para que se puedan defender.
 – ¿El AFSCA y el Inadi no deberían ir avanzando en ese sentido?
 – Se fue avanzando demasiado. Ha habido sanciones con las situaciones más fuertes, pero insisto: la cuestión es cultural, que es lo más fuerte, cuando la sanción sea del público, que deje de ver y aprobar ese tipo de cosas; que sancione con no ver. Porque, en realidad, después, pagar una sanción cuando se tiene un rating altísimo, y esa fórmula dio ese rating… Nosotros tratamos de desnaturalizar ese rol que se da, esa cuestión de sujeción natural a los patrones con los que generalmente se le da un rol definido. Y es toda una tarea.
 – ¿Cómo se encara esa tarea?
 – Es increíble, pero en los pueblos más pequeños es más difícil todavía. Lamentablemente, lo que vimos es que, cuando más sensibilizamos, más tiende a revelarse la mujer y más tiende la violencia a surgir. Uno de los últimos femicidios ocurrió en la comisaría cuando la mujer estaba denunciando a su pareja. O sea, la rebelión de que encima no me sujeto a esos parámetros, que deberían ser naturales, genera mayor violencia. Entonces tenemos que pasar este pico y empezar a trabajar en conjunto en todos los niveles, inclusive con los hombres, que vienen muchísimos a las charlas, porque lo tenemos que hacer en conjunto. Después tenemos que, sin duda, incorporar los dispositivos de trabajo con el violento, porque está la sanción por un lado, que si no existe no hay reformulación de la conducta, y la rehabilitación y reinserción por otro, porque, si no, se puede denunciar y separar a la mujer, pero con la pareja que inicie el día de mañana va a ser lo mismo. Entonces es una responsabilidad de todos. Nosotros la hacemos porque la mayor cantidad de víctimas son mujeres, niños y niñas, y es tremendo ver desde una escuela, cualquiera fuera la condición social, privada o no, que se habla de estos temas y se genera siempre una tensión hasta que alguno empieza a contar.
 – ¿En qué sector de la población se da más la violencia de género?
 – En todos los sectores. El que es violento, es violento. No hay que tener prejuicios con eso. Cuando uno se mete, y hace charlas en distintos lugares, distintas ciudades, más ricas, más pobres, pueblos más chicos, niñas, de secundaria, adolescentes, es tremendo cuando alguno quiebra y empieza a contar, y empiezan a contar todos, y se ve que no tiene dimensión ni límites. Lo que pasa en los sectores más altos es que generalmente hay más poder, y el mayor poder hace que se calle más, porque la víctima es doblemente víctima: si se rebela, termina muy mal, desplazada como desquiciada. Lo que tiene el violento es una habilidad tremenda para parecer todo lo contrario hacia fuera. Es el patrón de conducta. Es una cuestión muy enquistada en nuestra sociedad, muy compleja, problemática y dura, para el que tiene que definir. La denuncia llega sobre el final. Hay que trabajar en la prevención y la concientización, y mayor compromiso de los agentes públicos: desde el enfermero, el médico, el maestro. Esto es una cuestión de todos. Vos no podés estar escuchando que tu vecina está sufriendo una situación tremenda y encerrarte. Hoy es una cuestión de salud pública, y sus consecuencias también, porque las terminamos pagando todos.
 
 

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